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Coronavirus: El Papa se enfoca en los ancianos solos o con miedo 

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Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 17/03/20

En la misa de Santa Marta, Francisco invita a los fieles a perdonar siempre

El papa Francisco rezó hoy por los ancianos que durante la pandemia de coronavirus están sufriendo la soledad o se encuentran confinados en sus casas presas fáciles del miedo.

Algunos de ellos tienen problemas para obtener medicinas o comida en sus domicilios, o simplemente necesitan de recibir una voz amiga por teléfono que les aliente o les prometa una caricia cuando todo pase.

En la segunda semana de streaming live desde la casa Santa Marta, en el Vaticano, de la misa dedicada a Roma, Italia y el mundo por los estragos del coronavirus este martes, 17 de marzo de 2020, el obispo de Roma invitó a estar más cerca a los abuelos y las abuelas también con la oración.

“Yo quisiera rezar por los ancianos que sufren en este momento de forma especial una soledad interior muy grande y muchas veces con tanto miedo: rezamos al Señor para que esté cerca de nuestros abuelos, nuestras abuelas, y a todos los ancianos les dé fuerza. Ellos nos dieron la sabiduría, la vida y la historia. También nosotros estamos cerca de ellos con la oración”.

Hasta la fecha, 2.158 personas han muerto en Italia durante la pandemia. La mayoría son ancianos, la categoría de la población más golpeada por el contagio.

El número de pacientes en Italia es de 23.073 personas, y aumentan los curados, que son 2.749, según el último boletín de Protección Civil.

El número de contagios totales desde la detección del brote en Italia a finales de febrero es de 27.980, contando los pacientes, los fallecidos y los curados.

En la homilía, el Papa, que ayer rezó por las relaciones familiares en medio de la cuarentena por el coronavirus, reflexionó hoy sobre las lecturas del Libro de Daniel (3,25.34-43) y el Evangelio según San Mateo (18,21-35) e invitó a abrazar la enseñanza de la sabiduría del perdón, sin soberbia: ser magnánimos en el perdón.

«Al menos perdonar por interés. ¿Cómo así? Sí, perdonar porque si yo no perdono, yo no seré perdonado. Al menos esto, pero siempre perdonar!”, concluyó el Papa».




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Unidad

“Jesús realiza una catequesis sobre la unidad de los hermanos, y la termina con una bonita expresión: les aseguro que si dos o tres de ustedes se ponen de acuerdo y piden una gracia, se les concederá. La unidad, la amistad, la paz de los hermanos atrae la benevolencia de Dios”.

Pedro -recordó el Papa- pregunta a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?» Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.

“No es fácil perdonar, porque nuestro corazón egoísta está siempre pegado al odio, a la venganza, al rencor. Todos hemos visto familias destruidas por los odios que se heredan de una generación a otra, hermanos que ante el ataúd de uno de los padres no se saludan, porque continúan a cargando viejos rencores”, explicó.




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Odio 

El Papa lamentó que parece más fácil “vivir pegado al odio que al amor y esto es, precisamente, el tesoro del diablo, por decirlo así. Él yace siempre entre nuestros rencores, entre nuestros odios y los cultiva, los mantiene ahí para destruir.

¡Destruye todo! Muchas veces destruye por cosas pequeñas, aunque destruye.




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Este Dios ha venido no para condenar, sino para perdonar, este Dios que es capaz de hacer fiesta por un pecador que se acerca y olvidarlo todo. Cuando Dios nos perdona, olvida todo el mal que hemos hecho.

Alguien decía: es la enfermedad de Dios, no tiene memoria. Dios es capaz de perder la memoria en estos casos. Dios pierde la memoria de la historia de tantos pecadores, de nuestros pecados. Nos perdona y nos dice: sigue adelante.

Nos pide lo mismo: aprende a perdonar, no sigas adelante con esta cruz no fecunda del odio, del rencor. ‘¡Me la pagarás!’: estas palabras no son ni cristiana ni humanas.

Amor

Francisco señaló “la generosidad de Jesús que nos enseña que para entrar en el cielo debemos perdonar. Es más, nos dice: ‘¿Tú vas a la misa? – Sí- . Pero si, cuando vas a misa te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra de ti, reconcíliate antes con él: no vengas a mí con el amor hacia mí en una mano y el odio de tu hermano en la otra’.




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En su predicación, exhortó a la “coherencia del amor” que consiste en “perdonar de corazón. Hay gente que vive condenando gentes, hablando mal de las personas, continuamente enlodando a sus compañeros de trabajo, ensuciando a los vecinos, a los parientes porque no perdonan una cosa que le hicieron , o no perdonan algo que no les gustó».

«Parece que la riqueza del diablo es precisamente esta: sembrar el gusto a no perdonar, vivir pegados a no perdonar. El perdón es la condición para entrar en el cielo. La parábola de Jesús es muy clara: perdonar».

Sabiduría

El Señor nos enseña esta sabiduría del perdón, que no es fácil. Hagamos una cosa: cuando vayamos a recibir el sacramento de la reconciliación, a confesarnos, preguntémonos: ¿Yo perdono?

Si yo siento que no perdono, entonces no fingir haber perdonado porque no seré perdonado.

«Pedir perdón significa perdonar. Van juntas las dos cosas, no pueden separarse. Aquellos que piden perdón para sí, como el patrón, pero que no perdonan, terminarán como este señor. Así, ‘lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos’».

El Señor nos ayude a entender esto, a bajar la cabeza, a no ser soberbios, a ser magnánimos en el perdón. Al menos, perdonar por interés.

¿Cómo así? Sí, perdonar porque si yo no perdono, no seré perdonado. Al menos esto, ¡pero siempre perdonar!”, concluyó el Papa.

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