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¿Por qué el éxtasis de santa Teresa, de Bernini, fue un escándalo?

Santa Maria della Vittoria
Ma. Paola Daud
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Muchos “mal pensados” quisieron ver en Santa Teresa…

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En la céntrica iglesia de Roma, Santa María de la Victoria, se encuentra una de las más bellas escultura del genial Bernini, “El extasis de Santa Teresa”.

Esta obra maestra encargada por el cardenal Cornaro en 1647, el día de su inauguración, provocó un enorme escándalo en su época.

Bernini que trabajó más de 4 años en la escultura debía, en ese momento de exilio por parte del papa Inocencio X, hacerse ver como el gran artista que es. Pero hubo un problema: Cuando fue presentada la obra, todos quedaron a boca abierta y no por lo majestuosa, muchos de los presentes hasta gritaron “escándalo”. Vieron el éxtasis de la santa con el ángel que le traspasa el corazón con la flecha del amor divino, como una escena de puro erotismo.

La santa que yace tendida en una nube en modo desordenado, con un pie al descubierto, los ojos cerrados, la boca abierta apenas soltando un gemido y el pecho abierto extendido hacia adelante; más que un éxtasis divino, muchos “mal pensados” vieron a Teresa en pleno abandono erótico teniendo un orgasmo.

Bernini enseguida se hizo sentir defendiendo su obra maestra de las críticas, afirmó de haber representado la escena tal cual como la santa lo había relatado en su autobiografía: “Una vez, un ángel hermoso se me apareció sin medida. Vi en su mano una larga lanza con fuego sobre el punto. Pareció golpear mi corazón un par de veces. El dolor era tan real que gemí. Pero ninguna alegría terrenal puede dar tanta satisfacción”.

“Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios.”

Obviamente esta experiencia mística llamada: “transverberación” era sin dudas un placer espiritual y no del cuerpo, que el Bernini supo bien expresarla en modo magnifico, para hacer comprensible el éxtasis probado por la santa, a cualquier común mortal.

Santa Teresa de Ávila inmortalizó esta experiencia mística con una poesía:

Hierome con una flecha enherbolada de amor,

y mi alma quedó hecha una con su criador.

Yo ya no quiero otro amor,

pues a mi Dios me he entregado,

y mi Amado es para mí,

y yo soy para mi Amado.

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