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Estos valores pueden cambiar muchas cosas en la empresa

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Reza Rostampisheh/Unsplash | CC0

Tyniec Wydawnictwo Benedyktynów - publicado el 08/03/20

Moderación y prudencia

Cuando hablamos de moderación en ningún caso nos referimos a la mediocridad sino a la búsqueda de la medida correcta. Para St. Benedicto es la madre de todas las virtudes y tiene diferentes significados.

En primer lugar, uno debe ser cuidadoso y moderado con los recursos del mundo. La falta de moderación en el consumo o en la explotación de la naturaleza conduce al colapso. Un ejemplo de desarrollo sostenible: Puma que apuesta por un empaquetado 100 degradable y un ahorro energético de un 30%. Aspira a ser “energéticamente neutrales”.

Jochen Zeitz, consejero delegado de Puma, sabe muy bien que tales cambios requieren grandes desembolsos e inversiones financieras. Personalmente, soy de la opinión de que, al llevar a cabo tales cambios, de los cuales estamos profundamente convencidos, de su valor positivo, podemos presionar a otros a tomar medidas útiles.

La empresa Adidas, que opera en paralelo en la misma industria, tendrá que hacer los mismos cambios en tres años: si alguien se adelanta y demuestra que es posible, entonces otros deben imitarlo.

Por lo tanto, no se debe esperar solo soluciones a nivel político, sino pensar en cómo podemos crear iniciativas para generar ingresos a largo plazo con lo que es bueno, lo que tiene un gran valor positivo pese a que al principio requiera de una inversión económica. Por supuesto, tomar tales iniciativas en los negocios no se hace de forma desinteresada, porque se supone que traerán un éxito concreto a largo plazo.

Requisitos que no tienen límites

El psiquiatra suizo Daniel Hell afirma que la depresión, que hoy en Alemania es la segunda causa más común por la que los empleados se ausentan de sus puestos de trabajo, es una especie de grito del alma contra las exigencias desmesuradas hacia nosotros mismos: Siempre debemos ser perfectos y geniales, siempre tenemos que estar de buen humor y verlo todo en positivo y siempre queremos tenerlo todo bajo control.

Estos requisitos no tienen límites. Es bueno que el alma se rebele porque no no puede vivir tanto tiempo así. Es crucial vivimos con mesura.

Por otra parte, son muchos los que se sienten “quemados” (burnout) en su trabajo. Durante quince años he estado acompañando a personas que estaban lidiando con este fenómeno. La primera justificación de esto es siempre “estoy desgastado profesionalmente porque he trabajado demasiado”. Sin embargo, esta respuesta no me convence, porque el trabajo en sí no “quema” a la persona; siempre hay una serie de otras razones. Una fuente importante es saber de dónde viene este desgaste.




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¿Extraigo la fuerza de una fuente de fortaleza espiritual, de una fuente de alegría y deseo o me presiono y me obligo a superar mis límites?

Por supuesto hoy, toda empresa requiere cierta presión pero la pregunta clave es cómo reacciono ante ella. ¿Me motiva como cuando hago deporte o tal vez la exigencia es demasiado alta?

¿Conozco mis propios límites?

Una mujer me contó que incluso mientras planchaba, se obligaba a planchar todo en un tiempo específico. ¡Somos realmente capaces de presionarnos a nosotros mismos en cualquier circunstancia!

También conozco a un sacerdote que pensó que debía ser grandioso en todo lo que hace; todos deberían estar encantados con su trabajo.

Muchas personas constantemente prestan atención a lo que otros piensan acerca de ellos, si están contentos con ellos, y cada uno de ellos se dice a sí mismo: tengo que demostrar a todos que yo puedo.

Entonces, cuando nos colocamos con esta estructura mental en una situación comercial que siempre va acompañada de una presión adicional del exterior, experimentaremos una presión abrumadora. Y como consecuencia se produce el burnout (el quemado, el agotamiento).

Otra razón es el consumo de una gran cantidad de energía para mantener oculto lo que me preocupa y lo que no quiero reconocer.

Una de las participantes de mis cursos me dijo que no podía acostarse tranquilamente en la cama, porque cuando se acostaba “un volcán aparecía de inmediato en su interior”. Si vivimos con esa imagen dentro de nosotros, necesitamos mucha fuerza para domar este volcán y esconderlo del mundo, y por lo tanto nos falta energía para vivir y trabajar.

Algunas personas pasan por la vida con el freno de mano activado y desperdician su potencial por tener este freno activado, y luego tienen poca energía para continuar su viaje. Entonces debería preguntarme a mí mismo: ¿sé cuál es mi medida, conozco mis límites?

Por supuesto, hay personas que creen que su medida es muy pequeña, la subestiman y no podrán avanzar ni superarse. Conozco a los empleados que se atragantan debido a un input excesivo: no dan nada de sí y al mismo tiempo necesitan mucho. La moderación significa que en algún momento debemos comenzar a dar, y, por lo tanto, en cierto sentido, sacrificarnos, es decir, dedicarnos al trabajo, a las personas.

Crear rituales

Es importante confiar en uno mismo y saber establecer límites al mismo tiempo. Para encontrar la medida correcta del tiempo, Karl Gustaw Jung, un psicoterapeuta suizo, dijo: “Quien trabaja rítmicamente puede trabajar de manera más eficiente”.

La naturaleza también tiene un cierto ritmo, y cada uno de nosotros tiene su propio biorritmo. Sin embargo, algunos piensan que, si continúan operando a su máxima velocidad, obtendrán más.

Una vez, un director de un gran banco me dijo que su jefe estaba realizando reuniones que a menudo duraban diez horas sin descanso. Como resultado de tales reuniones de diez horas solo aparece la agresión. Durante tales reuniones uno puede dar lo mejor de sí, pero pronto se alcanza el límite.

Si no respeto el ritmo de otras personas, obtendré el resultado opuesto al que esperaba. La creencia de que cuanto más trabajo, más eficaz soy, es errónea. Pero también es bueno saber que si no trabajo rítmicamente, desperdiciaré mucha energía.

Una forma importante para ver su propio ritmo o biorritmo y darle el significado correcto es desarrollar rituales. .

Según los griegos, crear rituales es un tiempo sagrado. Es sagrado lo que se ha escondido del mundo, lo que me pertenece, lo que solo está a mi disposición. Cada uno de nosotros debe cumplir algunas expectativas: las expectativas de la empresa, la familia, la iglesia.

Estamos constantemente bajo la presión de las expectativas. Sin embargo, si me concentro solo en cumplir las expectativas, me convertiré en un ser amargado. Los rituales son una especie de contrapeso. Entonces vivo por mí solo, en lugar de “estar vivo” pasivamente. Soy el sujeto de la vida, no su sujeto. Este tiempo sagrado es de mi propiedad porque siento que así es como me apetece comenzar el día. Ahí es cuando respiro.

Cerrar y abrir puertas

Muchas personas que regresan a casa por la noche del trabajo: la familia quiere saber cómo están, pero ellos están ausentes. Sus pensamientos todavía están en el trabajo, aún no han cerrado la puerta de la empresa cuando ya debería estar cerrada. Tal vez puede cerrarse de camino a casa o, a más tardar, al abrir la puerta de la casa. ¡Qué importante es dejar el trabajo y los problemas fuera de mi casa para estar completamente presente donde estoy entrando!

El problema es que hoy el tiempo está dominado por la simultaneidad. Todo se hace simultáneamente: salimos a caminar, al mismo tiempo hablamos por el móvil y también hacemos algunas transferencias bancarias. Todo esto parece muy práctico, sin embargo, en sentido figurado, estamos constantemente en marcha, no llegamos a ningún lado, nunca estamos de verdad donde nos encontramos físicamente Seguimos estando en otro lugar. Y esto no tiene un buen efecto en nuestra alma.

El arte de distinguir

San Benedicto describe la moderación como el don y la capacidad de distinguir y encontrar lo que es correcto.

Según Platón, el cuarto valor, junto a la justicia, la valentía y la moderación, es la prudencia. La prudencia es la capacidad de sentir lo que es posible hacer, lo cual es prudente en una situación dada.

Tomás de Aquino creía que la prudencia tiene su etimología en la palabra providentia (providencia o “predicción”). El prudente es aquel que tiene un horizonte más amplio, que puede tomar la decisión correcta en un momento dado.

Las personas prudentes tienen una idea de lo que es posible y lo que es prudente en este momento. No son ciegos y no siempre desean lo mejor: lo mejor no siempre es bueno para las personas.

Entonces, ¿qué es prudente ahora, en este momento? Para saber esto, necesito visualizarlo: necesito de la providentia o un horizontemás amplio.

Un componente importante aquí también es sapientia, sabiduría, y ella tiene su etimología en la palabra sapere, que significa saborear. Así que para los romanos será sabio quién puede saborearse a sí mismo, quién puede aguantarse a sí mismo y quién tiene sabe bien por fuera. Después de todo, decimos que alguien tiene un regusto sordo, o amargo, o viceversa, agradable. Lo de ser capaz de saborearme a mí mismo o de si otros podrán percibir mi “sabor” como bueno, siempre dependerá de la virtud de la prudencia.

Fragmento del artículo de Anselm Grün OSB publicado en un trabajo colectivo titulado “Gestión, liderazgo y espiritualidad”.

Anselm Grün OSB, nacido en 1945, benedictino de la abadía de Münsterschwarzach en Alemania. Se graduó como doctor en el Instituto Monástico de San Anselmo de Roma. Es un famoso guía de retiros espirituales y autor de muchas publicaciones en el campo de la vida interna.

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