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El síndrome del hermano mayor

Brother, Sister, Family

© Lopolo

Ignasi de Bofarull - publicado el 07/03/20

“Mi hermano pequeño me ha cambiado la vida”

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Tengo 5 años y me llamo Inés. Probablemente una niña de 5 años no pueda expresarse como yo lo hago pero tengo un oso mágico que me ha enseñado a hablar como los mayores. Hace un par de años nació Iván (yo tenía 3). Iván es mi hermano pequeño.

Los últimos meses antes del nacimiento del tal Iván fueron un delirio. Parecía que yo era el problema: “Quién se va a ocupar de Inés, a donde la llevamos”. Mis padres piensan que no me entero de nada, pero mi oso de peluche ve las cosas igual que yo. A menudo las comentamos y casi siempre estamos de acuerdo.

 Iván era muy importante ya antes de nacer y cuando nació aún más. Dice mi oso de peluche que yo me convertí en un ser invisible.Me sacaban de en medio. “No toques a tu hermano. No le achuches así que le harás daño”. Estaba bajo sospecha.

Iván acabó con mi paraíso. Todas las monadas y caricias, arrumacos y carantoñas se las llevaba él. Yo no servía para nada ni aunque quisiera ayudar.

Eso fue cuando tenía 3 años: han pasado dos años y me han descubierto. Soy la hermana mayor. Ahora el royo es de otro tipo: “Inés no hagas eso, mira tú hermano Iván, te está mirando”. Y el más repetido de todos: “Debes dar ejemplo y ser responsable”.

“Si haces las cosas bien y obedeces tu hermano te seguirá”. Aún queda lo peor: si Iván se porta mal la explicación es la siguiente: “Es un niño pequeño”. Si yo me porto mal la explicación cambia: “Inés, tú ya no eres una niña pequeña: eso no lo puedes hacer”. Mi hermano pequeño me ha cambiado la vida.

Este texto es imposible: una niña de 5 años no elabora así sus pensamientos. Pero sí es verdad que puede tener sentimientos parecidos, emociones dispersas de este tenor:

  • La sensación de sobrar,
  • la de ser excluida,
  • la de cargar con la responsabilidad de ser la hermana mayor.

Los celos hacia el hermano pequeño y el peso de ser el hermano mayor al que se le exige más que a los pequeños (o al pequeño) es muy normal. Y no es grave. Y se puede superar y cuando se hace se logra dar un paso adaptativo, maduro en el propio desarrollo psicológico.

Pero para ello es necesario contar con unos padres atentos, informados, sagaces, capaces de leer los signos que emite el famoso “príncipe destronado”.

Hacerse cargo de la situación y compensar las nuevas circunstancias es el papel de los padres. De hecho, estamos ante el ABC de la parentalidad en los primeros años de vida de los hijos.  

Debería existir un documento muy asequible que se denominara Cómo hacer de padres en los primeros años de vida de los hijos. Muy, muy consensuado y editarlo por organismos públicos y regalarlo. Hay mucho en pediatría y en puericultura. Pero necesitamos más material estilo Supernanny.

Mientras tanto hagamos nosotros un poco de Supernanny. Ahí van unos consejos razonables para afrontar estas cuestiones.

Consulta esta galería o bien la página siguiente

Anticiparse

El ABC de la gestión de los celos ante el nacimiento de un hermano pequeño es preparar al hermano mayor con bastante antelación y desplegar una narrativa en la que el este hermano o hermana mayor recibe explicaciones de todo el proceso de embarazo, parto y primeros meses de vida. Comentarle, con sinceridad, que se cuenta con él (ella) y con su ayuda. Todo depende de la edad, pero pedir cariñosamente ayuda al hermano mayor suele funcionar bien sin darle una responsabilidad excesiva.

Atención

Si somos capaces de repartir nuestro tiempo entre el recién nacido o hijo pequeño y el hijo mayor seremos capaces de minimizar –no eliminar-la aparición de celos entre hermanos.

Se trata de ocuparse del pequeño y del mayor en función de las diferentes necesidades de cada uno.

Empatía

Si leemos bien el cuento de la introducción veremos que existe el arte de ponerse en el lugar del hijo mayor y hacer un esfuerzo de comprensión. Meternos en sus zapatos y sentir (no sólo pensar) como siente él.

Realismo

No se trata de negar la realidad: el mayor puede sentir celos. No hemos de reprenderle ni, por supuesto, culpabilizarlo. Sencillamente decirle que es normal lo que le pasa, que es una época que se puede superar y que como padres estamos con él o ella.

Un ejemplo puede ser que el papá le explique al hijo/hija mayor cosas como: “Desde que ha nacido tu hermano/hermana, mamá está menos pendiente de mí: ¿a ti te pasa igual?”Si el niño conecta con esta situación que es muy real, padre e hijo pueden elaborar el problema y resolverlo juntos.

No es bueno que la tarea de compensar la menor atención hacia el hijo mayor sea insincera o impostada. Por ejemplo: “Papá, mira como nos mira la niña, hazle un poco de caso que si no nos va a hacer una escena”. Los niños son muy listos. Hay que actuar de corazón y no fingir.

Positivismo

Y sacarle la punta positiva a cada situación es descubrir con el hijo mayor las ventajas de eso mismo: de ser mayor. “Te vas más tarde a la cama, comes cosas más buenas y además hablas con nosotros de cosas que él no nos puede comunicar aún”.

Serenidad

Cuidado con el hijo mayor híperresponsabilizado, ejemplo, guía. No se trata de convertirlo en un tercer padre. Además, los hermanos mayores celosos a veces pueden hacer regresiones para captar la atención de los padres y se comportan como niños pequeños.

El truco es la serenidad, la paz, la capacidad de no perder los papeles. La capacidad de integrar fluida y sinceramente al hijo mayor en la llegada de un nuevo hermano. Unos padres tranquilos, que no gritan y que dominan la situación sin desmontarse exhiben autoridad y son más convincentes.

Organización

Organizar de forma creativa el tiempo libre es un arte: estar ocupados todos, padres e hijos, cada uno con su espacio y su tarea es un éxito. Y pasear mucho: mamá lleva en brazos al pequeño y papá lleva de la mano al mayor

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