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Cuando el éxito te parece un fracaso

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Elnur | Shutterstock
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¿Conoces el «síndrome del Impostor»?

Todos tenemos en algún momento el deseo de lograr determinadas metas: conseguir un trabajo, perder peso, aprender un idioma… o incluso proyectos más grandes como emprender un nuevo negocio. Conseguir estos objetivos requiere tiempo, esfuerzo y dedicación por ello la motivación debe estar siempre presente para no sucumbir al cansancio del camino en la consecución de estas metas.

Sin embargo, algunas personas sufren el denominado “síndrome del impostor”, que consiste en creer que lo que han conseguido es fruto de la casualidad, pero que en realidad no son tan buenos. Estas personas se sienten un fracaso y creen que el éxito no es suyo.

En los estudiantes se suele manifestar ante las buenas notas con frases como “ha sido suerte”, “me ha tocado la que me sabía”, etc.  Nunca consideran que sus buenas calificaciones sea fruto de su capacidad intelectual, de las horas de estudio invertidas, etc.

En los trabajadores, por ejemplo ante un ascenso, los que sufren este síndrome piensan que ha sido porque han generado una falsa impresión en los demás. En definitiva, viven con el miedo a que todos descubran que no son más que un fraude.

El origen del impostor

¿Pero por qué a veces no somos capaces de reconocernos los méritos que tenemos? Generalmente, esto puede suceder por dos razones:

  1. Cuando eran pequeñas, estas personas no recibieron suficiente aprobación por parte de sus familiares. Muchas veces esto ocurre incluso a pesar de destacar más que otros hermanos. Con la etiqueta de “el gracioso”, los demás nunca han percibido su gran capacidad intelectual.
  1. De pequeñas, conseguían las cosas con poco esfuerzo. A medida que crecieron, se dieron cuenta de que no eran superiores de forma innata, sino que tenían que esforzarse tanto como los demás, y eso les hizo sentir que habían estado engañando a los demás.

Estrategias para dejar de sentirte un fraude

  1. Reconoce tus propias capacidades y limitaciones. Todos hacemos cosas bien, y todos tenemos limitaciones. Es algo natural. No hay por qué ocultar que no llegamos a todos. Aún así.
  2. Deslígate de la opinión de los demás. Si los demás dejaran de verte tan exitoso, tú seguirías siendo la persona que eres. Quien eres no depende de lo que los demás piensen de ti.
  3. El éxito no te obliga a permanecer en él. Supongamos que un año recibes en tu empresa un complemento salarial por buen rendimiento. Ante el pensamiento de que tu buen rendimiento ha sido puntual y no algo planeado o previsto, podrías sentir el peso de tener que mantener ese mismo rendimiento para el año siguiente. Sin embargo, esa presión solo hará que rindas menos y te bloquees. Resulta liberador enfocarte en agradecer la “buena cosecha” de este año y seguir dando lo mejor de ti cada día.
  4. Nadie espera de ti que seas bueno en todo. Ante los éxitos, se genera en nosotros la sensación de que tenemos que estar a la altura de esos éxitos en todas las áreas de nuestra vida. Si no lo somos, nos sentimos deshonestos y traidores con los demás por la imagen de triunfo – inmerecido – que estamos proyectando. Sin embargo, esto no es más que una creencia irracional. No hace falta triunfar en todo a la vez.
  5. Aprende a recibir halagos. Si lo que has emprendido es realmente bueno, no tienes por qué negarlo. Aprende a aceptar los piropos y halagos ante tu trabajo. Basta un simple “gracias” para acoger las buenas palabras de los demás.
  6. Tu éxito es de muchos. Cuando nos detenemos a pensar sobre aquellas cosas que hemos logrado, siempre podemos recordar a personas sin las que no habríamos podido conseguirlo: nuestros padres, un amigo, un profesor, un compañero… Siempre hay mucho que agradecer a los demás. Este sentimiento de gratitud hará que seas capaz de aceptar tu triunfo como un triunfo compartido.
  7. Olvida el factor “suerte”. No todo el que logra cosas lo consigue mediante una planificación perfecta. Si ha sido suerte, eso no le resta mérito a lo que has conseguido. Había que estar ahí, y estabas. Eso es lo que importa.

Aprender a mirar con cierta perspectiva y objetividad tus éxitos y fracasos, te ayudará a sacar la mejor versión de ti mismo, sopesando cuales son tus fortaleza y qué áreas tienes que mejorar.

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