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No estoy seguro de si quiero casarme

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Shutterstock | Denis Babenko

Cecilia Zinicola - publicado el 02/03/20

El deseo depende de saber de qué trata el matrimonio, ser felices y estar enamorados

Tal vez el matrimonio no es algo que tengas en mente en este momento. Puede que sientas una inspiración más adelante, o tal vez nunca llegue. ¿Está mal no sentir que uno quiera casarse? En realidad no. Tal vez simplemente no sea el momento para eso.

El querer casarse no es como sentir hambre o frío. Es un sentir diferente que involucra cada parte de nuestro ser. Por eso antes de pensar en el matrimonio hay que conocer bien el propio corazón que es el receptor de ese llamado que puede llegar a nuestra vida.

Aunque amar a alguien y tener una relación buena parezca suficiente para dar el paso hacia el altar, casarse requiere más que estar enamorado y hay algunas señales que nos permiten saber si realmente podemos decir «Sí, quiero» y lanzarnos hacia la eternidad junto a otro.

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Shutterstock | IVASHstudio

Ser feliz

Mucha gente cree que el objetivo del matrimonio es ser feliz, pero no es así. Es cierto que uno encuentra felicidad con otro, pero el objetivo del matrimonio es amar y eso puede ser algo difícil, que muchas veces nos desafía y que tampoco está exento de dolor.

No es una razón válida entrar al matrimonio con intención de que el otro nos haga felices. Uno puede verdaderamente dar ese paso cuando es capaz de ser feliz sin depender de otro (en el sentido de no sufrir un trastorno de dependencia emocional) . Si queremos tener una relación feliz, primero tenemos que elegir ser felices.

El matrimonio es una tarea preciosa, pero también exigente y no podemos llegar vacíos. Si uno no está bien con uno mismo, no está listo para casarse porque el matrimonio requiere dar lo mejor de sí. Si no puede hacer un sacrificio por otra persona, entonces no estará listo para hacerlo en el matrimonio.

Hay un crecimiento personal que es crucial e implica conocernos. Somos felices cuando somos fieles a lo que somos, en lo que hacemos y el modo en que vivimos. Nadie quiere casarse con una persona infeliz, que no sabe quién es, lo que quiere o ama.


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Una persona que no es feliz, difícilmente podrá pensar en matrimonio. En cambio cuando uno está feliz, es natural sentir la necesidad de salir de uno mismo para compartir esa felicidad. Cuando se siente pleno y completo, siente que puede ser alguien especial para otro.

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Jackson Schaal | Unsplash

Elegir un estilo de vida

¿Qué entiendo por matrimonio? ¿Me imagino amando de ese modo, como familia?. Estas preguntas responden a un estilo de vida muy particular y es importante hacerlas.

Cuando uno quiere casarse tiene que elegir a una persona con la que comparta valores, que busque lo mismo en  la relación y esté de acuerdo en cómo obtener esas cosas.

El matrimonio es una elección de estilo de vida, no un requisito. Si estás con alguien pero no sientes aún que es el momento para dar el paso al matrimonio, incluso llevando mucho tiempo juntos, es muy posible que aún haya cosas pendientes por decirse o preguntarse.

La comunicación es clave para hacer que la relación florezca, y en nuestro mundo cargado de tecnología puede ser fácil quedar atrapado en la mentalidad de lo instantáneo y perder los detalles importantes.

Es necesario pasar tiempo recreando palabras, registrando miradas cara a cara, buscar una comunicación fluida para ser capaces de hablar de todo y que los temas más profundos queden desenterrados para fortalecer la intimidad y compartir lo que de verdad nos importa.

Dejar los miedos de lado y compartir los temores, las expectativas, los sueños. No habrá dos personas que se conozcan por completo antes de casarse, pero es necesario que haya transparencia. No podemos casarnos teniendo expectativas sin que el otro las sepa.

También ayuda pensar en planes que cada uno tenga para sus vidas juntos. ¿Quieres comprar una casa? ¿Quieres tener hijos? ¿Y si no pudieran tenerlos? Aunque la vida sea imprevisible, ponerse en situación ayuda. El matrimonio es más que una decisión romántica.

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Di Jacob Lund - Shutterstock

Estar enamorado

Por último, pero no menos importante, tener un amor profundo y deseo mutuo, el uno al otro es primordial para avanzar hacia el matrimonio. Cuando somos felices, proyectamos un estilo de vida matrimonial y estamos profundamente enamorados de esa persona, sabemos que casarse es el paso que da sentido a todo lo demás.

El amor es el motor que nos impulsa a hacer más, a que sea para toda la vida. La vocación al matrimonio es una elección personal y libre. No es una relación de dependencia o un acto social. Es una donación total de uno mismo y eso implica, sobre todo, amar.

A veces es más claro y rápido de reconocer, otras veces requiere tiempo. Es normal no tener un deseo fuerte para casarse hasta que uno conoce a la persona correcta y sabe que no podría imaginarse con alguien más para ese tipo de compromiso. La persona perfecta no existe, pero sí la perfecta para ti.

Muchos lo ven como el cumplimiento de la felicidad personal o simplemente como un hito en la vida que alcanzar, pero es mucho más que eso. El matrimonio es una misión: un llamado para hacer el bien en el mundo. Un estado de vida que tiene una forma muy particular de amar y servir al cónyuge, a los hijos que vienen y a la comunidad en la que vive la familia.

Nunca sentirás que estás totalmente «listo», pero si tienes amor en tu vida, podrás confiar y dar el salto.

Y si estás soltero y deseas casarte algún día porque quieres compartir tu felicidad con otro y proyectas una vida así, llénala de amor y confía porque Dios tiene un plan para todos y si hay un sitio que jamás pierde de vista, es nuestro corazón.

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