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El Papa: El abrazo del Padre en la confesión nos renueva por dentro, limpia el corazón 

POPE FRANCIS; Ash Wednesday
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El Pontífice aseguró que Cuaresma no es el tiempo para cargar con moralismos innecesarios a las personas

“Dejémonos amar para amar”, afirmó el papa Francisco durante la celebración de la misa del miércoles de ceniza, 26 de febrero de 2020, en la basílica de Santa Sabina en Roma. 

Somos polvo, tierra, arcilla, pero si nos dejamos moldear por las manos de Dios, nos convertimos en una maravilla. Y aún así, especialmente en las dificultades y la soledad, solamente vemos nuestro polvo”, dijo. 

Al comienzo de la Cuaresma, afirmó, necesitamos caer en la cuenta de esto. “Porque la Cuaresma no es el tiempo para cargar con moralismos innecesarios a las personas, sino para reconocer que nuestras pobres cenizas son amadas por Dios”. 

El Pontífice presidió el rito de la bendición y la imposición de las cenizas y afirmó: “Es un tiempo de gracia, para acoger la mirada amorosa de Dios sobre nosotros y, sintiéndonos mirados así, cambiar de vida”.

Estamos en el mundo para caminar de las cenizas a la vida

Entonces, afirmó, no pulvericemos la esperanza, no incineremos el sueño que Dios tiene sobre nosotros. No caigamos en la resignación. Y te preguntas: “¿Cómo puedo confiar? El mundo va mal, el miedo se extiende, hay mucha crueldad y la sociedad se está descristianizando…”. Pero, ¿no crees que Dios puede transformar nuestro polvo en gloria? 

El significado de la ceniza 

En su homilía, el papa Francisco, explicó, “la ceniza que nos imponen en nuestras cabezas sacude los pensamientos que tenemos en la mente. Nos recuerda que nosotros, hijos de Dios, no podemos vivir para ir tras el polvo que se desvanece”. 

“Una pregunta puede descender de nuestra cabeza al corazón: “Yo, ¿para qué vivo?”. Si vivo para las cosas del mundo que pasan, vuelvo al polvo, niego lo que Dios ha hecho en mí. 

Si vivo sólo para traer algo de dinero a casa y divertirme, para buscar algo de prestigio, para hacer un poco de carrera, vivo del polvo. Si juzgo mal la vida sólo porque no me toman suficientemente en consideración o no recibo de los demás lo que creo merecer, sigo mirando el polvo”, abundó. 

Estamos en el mundo para amar, no para poseer 

No estamos en el mundo para esto. Valemos mucho más, vivimos para mucho más: para realizar el sueño de Dios, para amar. La ceniza se posa sobre nuestras cabezas para que el fuego del amor se encienda en los corazones. 

Porque somos ciudadanos del cielo y el amor a Dios y al prójimo es el pasaporte al cielo, es nuestro pasaporte. 

Los bienes terrenos que poseemos no nos servirán, son polvo que se desvanece, pero el amor que damos —en la familia, en el trabajo, en la Iglesia, en el mundo— nos salvará, permanecerá para siempre”, expresó. 

Antes de la misa, el Papa participó en la “liturgia de las estaciones” y de la procesión penitencial desde la iglesia de San Anselmo en el monte Aventino de Roma hasta llegar a la basílica de Santa Sabina.

De la vida al polvo de la injusticia, en las relaciones y en la Iglesia

La ceniza – explicó-  que recibimos nos recuerda un segundo camino, el opuesto, el que va de la vida al polvo”. Así, señaló el polvo de la muerte que se ve alrededor.

“Vidas reducidas a cenizas. Ruinas, destrucción, guerra. Vidas de niños inocentes no acogidos, vidas de pobres rechazados, vidas de ancianos descartados. Seguimos destruyéndonos, volviéndonos de nuevo al polvo”, añadió. 

¡Y cuánto polvo hay en nuestras relaciones! Miremos en nuestra casa, en nuestras familias: cuántos litigios, cuánta incapacidad para calmar mientras que reclamamos con tanta facilidad nuestros espacios y nuestros derechos!” 

“Hay tanto polvo que ensucia el amor y desfigura la vida. Incluso en la Iglesia, la casa de Dios, hemos dejado que se deposite tanto polvo, el polvo de la mundanidad”.

¿Qué debemos hacer?

Entonces, invitó a seguir el camino hacia la Pascua, así “podemos dar dos pasos: el primero, del polvo a la vida, de nuestra frágil humanidad a la humanidad de Jesús, que nos sana. Podemos ponernos delante del Crucifijo, quedarnos allí, mirar y repetir: “Jesús, tú me amas, transfórmame… Jesús, tú me amas, transfórmame…”. 

El Papa instó a escoger el amor de Dios,” después de haber llorado ante este amor, se da el segundo paso, para no volver a caer de la vida al polvo. Se va a recibir el perdón de Dios, en la confesión, porque allí el fuego del amor de Dios consume las cenizas de nuestro pecado”. 

Y luego recordó el valor de la penitencia y del sacramento de la reconciliación: “El abrazo del Padre en la confesión nos renueva por dentro, limpia nuestro corazón”. 

Dejémonos reconciliar para vivir como hijos amados, como pecadores perdonados, como enfermos sanados, como caminantes acompañados. Dejémonos amar para amar. Dejémonos levantar para caminar hacia la meta, la Pascua. Tendremos la alegría de descubrir que Dios nos resucita de nuestras cenizas”, añadió. 

A la procesión de esta tarde también asistieron los cardenales, arzobispos, obispos, monjes benedictinos de San Anselmo, los padres dominicos de Santa Sabina y algunos fieles.

En la audiencia general de hoy, en la mañana, en el comienzo de la Cuaresma, el Papa predicó sobre el significado “espiritual del desierto”.

 

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