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El “mal paso” de Joaquín Sabina

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Aunque no lo parezca, ese Dios que conoció de niño ha estado presente en su obra y también en sus ideas

“Un golpetazo brutal”, “una caída libre de dos metros” o “desapareció del escenario como en un truco de magia”. Son algunas de las explicaciones que han dado quienes en la noche del pasado 12 de febrero contuvieron la respiración por Joaquín Sabina. El Flaco de Jaén se precipitó del escenario a la media hora de haber comenzado un concierto en Madrid acompañado por Joan Manuel Serrat.

Tras ser atendido por el personal sanitario, a los pocos minutos reapareció ante su público sentado en una silla de ruedas para explicar que tenía que ser trasladado al hospital por un fuerte dolor en el hombro. La sorpresa llegó al día siguiente cuando, como consecuencia de la caída, tuvo que ser intervenido de urgencia por un hematoma intracraneal.

La caída acaeció el día de su cumpleaños, cuando el cantautor celebraba sus 71 años de vida, los últimos marcados por problemas de salud que se han evidenciado en el escenario. En 2014 suspendió un concierto por un malestar, un ataque de pánico escénico. En 2018, a la media hora de actuación, se quedó mudo y tuvo que cancelar los cuatro conciertos siguientes.

Pero estos contratiempos no han cambiado ni el humor ni la creatividad del de Úbeda que, con sus letras y su música ha sido capaz de describir los sentimientos y pensamientos de varias generaciones de creyentes y no creyentes, quienes han encontrado en sus letras muchas reminiscencias de eternidad y trascendencia. Para muestra, un botón: Calle Melancolía.

“Vivo en el número siete/Calle Melancolía/Quiero mudarme hace años/Al barrio de la Alegría/Pero siempre que lo intento/Ha salido ya el tranvía/En la escalera me siento/A silbar mi melodía”.

En su infancia y juventud. Joaquín Sabina estudió en escuelas católicas. Cursó primaria junto a las religiosas Carmelitas y secundaria en una escuela de Salesianos.

En aquellos años escuchaba música de Elvis y leía a Fray Luis de León, Quevedo o Gil de Biedma. Aunque no lo parezca, ese Dios que conoció de niño y al que define con su particular estilo como “entelequia, llámalo equis, Yavé, Alá, Júpiter tronante, opio del pueblo, Superman… cuántas guerras se hacen en su nombre”, ha estado presente en su obra y también en sus ideas.

Poco antes de un concierto en Tel Aviv con su inseparable Joan Manuel Serrat lamentaba que el nombre de Dios se usara para empuñar las armas: “En nombre de la religión se han cometido las barbaridades más grandes de la historia de la humanidad. A Dios se le ha utilizado para matar, robar, incendiar… para hacer brutalidades”. En ese concierto de 2012 los dos artistas saludaron a su público en árabe y en hebreo y desoyeron las críticas para que la música fuera lo único que resonara en el escenario.

El cantante evoluciona según lo esperado, pero parece que su recuperación va a ser lenta según su propio representante. Y es que el artista sufrió un derrame cerebral en 2001.

Después de aquel duro golpe llegó una etapa de depresión de la que salió gracias a sus amigos y a su inseparable Jimena, su compañera desde hace más de 20 años con la que quiere casarse antes del verano.

En esos comienzos de milenio, le llegó a Sabina el momento de dejar la vida crápula que tantas noches de vino y rosas le brindó. Aunque genio y figura… dicen que al despertar de la anestesia de esta última operación lo primero que hizo fue pedir un cigarrillo.

La Historia de la música ha conocido otras caídas terribles como la de Sabina. Una de las más preocupantes fue la de Juan Gabriel. El divo mexicano se precipitó del escenario durante un show en Houston en 2005 y tuvo que ser intervenido en una muñeca.

Incluso a otras leyendas como Paul McCartney les ha sucedido varias veces a lo largo de los años. Pero el caso más dramático, sin duda, es el de Sergio Denis. El cantante argentino se cayó de un escenario en marzo de 2019 y, desde entonces, se encuentra en coma. Denis actuaba en Tucumán cuando cayó al foso de la orquesta desde una altura de tres metros.

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