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Argentina: “¡Basta de violencia!”, un clamor tras el crimen del joven Fernando

ARGENTINA
Carol Smiljan | NurPhoto
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Fernando fue asesinado por otros jóvenes a la salida de una discoteca. La violencia en las calles, en los estadios, no cesa pese a que todos la condenamos. ¿Podemos hacer algo para verdaderamente poner un freno a la violencia?

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

A un mes del fallecimiento de Fernando Báez Sosa, joven de 18 años asesinado por otros jóvenes a la salida de una discoteca durante sus vacaciones en Villa Gesell, su madre convocó a una manifestación para hacer oír un anhelo que va más allá del reclamo de justicia por Fernando: Basta de Violencia. Por su parte, el papa Francisco envió una carta en la que expresa oraciones y acompañamiento espiritual.

“La violencia es un flagelo que arrasa y destruye sin distinción alguna. No hay religión, clase social, nacionalidad, raza o edad que la frene. Por eso queremos decir basta de violencia, con energía y decisión, para que se escuche en cada rincón de la Argentina”, explicaba y convocaba Graciela, mamá de Fernando, antes de la multitudinaria marcha de este martes 18 de febrero.

La marcha y misa en Villa Gesell en imágenes (hacer click en galería): 

 

 

La brutalidad de las imágenes en las que se ve la golpiza padecida por Fernando en la calle frente al boliche bailable, no son infrecuentes. Apenas un día después, según se supo ahora, en González Catán, una joven de 17 años agredió ferozmente a otra de 19 años, también a la salida de una discoteca y con la misma irracionalidad del ataque que se llevó la vida de Fernando. Como en el crimen de Villa Gesell, en este caso también la atacante estaba acompañada de amigas que grababan y arengaban a los golpes de puño y patadas. La joven agredida, Priscilla, terminó internada en un hospital, donde estuvo ingresada cinco días. La agresora fue detenida, pero ya se encuentra en libertad.

¿Somos naturalmente violentos o es la cultura la que nos vuelve violentos?

La primera dificultad que nos ofrecen casos como estos es la de pretender dar razones de lo que es irracional. La violencia y la crueldad gratuitas no tienen una justificación lógica. ¿Cómo explicar entonces esta sin-razón? ¿Hay algo en la naturaleza humana que nos incline a la violencia o es ésta un producto de la cultura?

La discusión en torno al protagonismo de lo natural y de lo cultural en las conductas humanas es tan antigua como irresoluble. Ninguno de los dos polos explica por separado lo que es el ser humano.

El ser humano tiene una naturaleza biológica innegable, con componentes genéticos de los que derivan propensiones, capacidades, y limitaciones. La conducta del individuo se explica desde ese componente genético, pero también a partir de la influencia del ámbito en el que se crió y las decisiones que tomó a lo largo de su vida, y que se desarrollaron en forma de hábitos. Estudios con gemelos criados en distintos contextos sugieren que es absurdo negar la importancia de la biología, aunque también lo es rechazar la de los contextos familiares, sociales, y culturales en los que se desenvuelve la vida.

Aquellos que para explicar la violencia ponen el acento en lo que esta tendencia puede tener de natural se apoyan en sus posibles antecedentes evolutivos, en los paralelismos en la conducta de otros animales, y en sus claras manifestaciones transculturales. Sin embargo, las formas de violencia humana no reconocen ni antecedentes ni paralelismos comparables en la conducta animal, y la transculturalidad de la violencia es simultánea a su condena. No hay sociedad de la que exista registro que haya permitido incondicionalmente la violencia y la crueldad, sino que todas, con mayor o menor amplitud y firmeza, la han intentado desalentar mediante la moral y la ley.

Diferenciar agresividad de violencia

La tendencia a la agresividad es natural en los animales, que necesitan enfrentarse al medio, defenderse de sus agresores y competir por recursos escasos. El ser humano no está exento de estas dinámicas de la vida, pero debe supeditarlas al ejercicio de la razón. En un sentido positivo, podemos entender la agresividad como energía disponible para alcanzar fines buenos pero difíciles, superar obstáculos, e incluso sostener actitudes heroicas cuando esto es necesario.

Por otro lado, siguiendo esta propuesta de interpretación, la agresividad se transforma en violencia (y debe ser condenada) cuando atenta contra la naturaleza de una persona o su dignidad. Cuando se desnaturaliza.

Desde esta mirada, la tendencia a la agresividad no es mala en sí misma, por lo que no debe ser erradicada, sino que debe ser educada y moderada por la razón. Quizás la falta de valentía y de esta sana agresividad explica el silencio y la inacción de algunos de los testigos de las golpizas callejeras como la que se llevó la vida de Fernando.

Rescatar el valor de la vida humana y fomentar el autocontrol

Sabiendo que la violencia será una tentación permanente, la sociedad debe buscar los medios más eficaces para minimizarla. Del lado de la razón, reproponer una y otra vez la dignidad y sacralidad de la vida humana, con la pedagogía de la reiteración, hasta que se nos haga evidente. Cada persona humana tiene un valor en sí, fundamento de la prohibición absoluta del homicidio, independientemente de su edad, clase social, sexo, grupo de pertenencia, etc.

Por otro lado, es necesario educar a los jóvenes en la virtud, en la moderación racional de sus tendencias naturales. Hoy hablaríamos de educarlos en el autocontrol.

A veces el saber que algo está mal no alcanza. Podemos hacer y reiterar campañas de información sin que esto implique una modificación significativa de las conductas. Por paradójico que pueda sonar, es curiosamente alto el número de fumadores entre los estudiantes de medicina respecto de estudiantes de otras profesiones. Saber es indispensable, pero no alcanza.

Se hace necesario desempolvar esa vieja idea griega de la fortaleza como educación de la sana agresividad: para no dejarse llevar por ataques irracionales de ira, pero también para intervenir con valentía y prudencia cuando la situación lo requiera. Fortaleza para conducir las energías del alma a propósitos nobles y edificantes, y no llenar las horas juveniles de excitación y hastío.

Por último, habiendo desechado la ilusión de que este problema pueda tener una solución rápida y sencilla, resta el desenmascarar otras dos pseudo respuestas para, pese a las dificultades y desafíos, asumir una actitud de cambio.

La primera tentación es la de disolver las responsabilidades, hablando de un problema social, de forma tal que la culpa es de todos o, para el caso, de nadie.

La segunda es la tendencia maniquea a considerar que todo se explica a partir de la diabólica maldad de algunos, que, gracias a Dios, no somos nosotros. Si fuera tan fácil como creer que el problema es que los que juegan al rugby son malos, todo aquel que no lo hace por ese mismo hecho ya estaría redimido, y los réprobos, condenados por su condición, no tendrían responsabilidad casi en sus actos. Lo terrible, lo desafiante, como enseñó, según Hannah Arendt, el juicio de Eichmannn en Jerusalén, es que en circunstancias particularmente difíciles, en cada uno de nosotros puede esconderse alguien lo suficientemente cruel para hacer el mal o lo suficientemente cobarde para no impedirlo.

De la reflexión a la acción. Hoy todos estamos invitados a decirle basta a la violencia, y a disponer y cimentar verdaderos cambios en nosotros y en los que nos rodean para que así sea.

 

 

Artículo en colaboración con el doctor en Filosofía Mariano Asla

 

Nota de redacción: En la tarde de este martes se realizó una manifestación multitudinaria en Argentina, donde habló la madre de Fernando en medio de clamor y oración,  y en Villa Gesell, lugar del asesinato, el obispo de Mar del Plata, Gabriel Mestre, ofició una misa, instancia donde se conoció un mensaje escrito de puño y letra del propio papa Francisco.

“SER Mons. Gabriel Mestre Querido hermano. Sé que mañana celebrarán una misa en Villa Gesell al cumplirse un mes del asesinato de Fernando Baez Sosa.

Quiero asegurarte mi compañía espiritual ese día. También yo celebraré la Eucaristía por Fernando y sus padres. Por favor, no te olvides de rezar por mi. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Fraternalmente Francisco”.

 

 

 

 

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