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La pornografía mata el amor

PORNOGRAFIA
Shutterstock
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El porno deshumaniza, cosifica e incita a la violencia

La sexualidad es un maravilloso regalo que recibimos los humanos y está orientado al amor de la pareja comprometida. Se traduce en el nacimiento de unos hijos con los que acaban dando lugar a una familia.

Pues bien, en el centro de la familia está la sexualidad como parte de ese gran motor. Un motor potente que une a la pareja y en el cual deben ser educados los hijos. No es un juego. Si este inmenso regalo está orientado hacia sus fines las relaciones de la pareja progresan y los hijos son fruto del amor y son arropados por sus padres. Unos padres que se aman y se respetan. Si este motor, la sexualidad, se desorienta, se dispersa, entonces se devalúa.

Un elemento que puede torpedear este amor de pareja es la pornografía. La pornografía mata el amor en todas sus posibilidades. El amor sexual y altruista de la pareja se quiebra. El encuentro complementario afectivo-sexual entre hombre y mujer cambia pues la pornografía cosifica a la mujer, también cosifica al hombre, y los convierte a los dos en meros objetos utilizándose mutuamente.

El hombre y la mujer en la pareja, también el joven, la joven que no cuentan con una pareja comprometida y estable, si consume pornografía en exceso puede verse envueltos en procesos negativos desde el punto de vista psicológico y médico:

  1. Los varones se desensibilizan y pierden de vista los intereses de la mujer. Crece su gusto por comportamientos sexuales agresivos, crece la tendencia a la promiscuidad en un cambio constante de pareja.  La mujer en estas dinámicas también puede inclinarse por la promiscuidad. En esa dirección crece una percepción desensibilizada de la mujer por parte del hombre que puede poner, por ejemplo, las bases de una violación. O una percepción desensibilizada del hombre por parte de la mujer que también puede ser utilizado como mero objeto de placer.
  2. La pornografía es adictiva y además puede, en estas dinámicas de promiscuidad, conducir a una sexualidad impulsiva y de riesgo que abre la puerta también a las enfermedades de transmisión sexual (ETS) así como a embarazos no deseados. Y ahí son el hombre y la mujer quienes se comportan impulsivamente.
  3. Desde la perspectiva psicológica y mental un hombre que consume un exceso de pornografía se aleja de su pareja (comprometida y estable) pues la sexualidad cotidiana le parece rutinaria y busca nuevas fuentes de excitación. Le puede suceder también a una mujer, pero es menos frecuente. En esta perspectiva la posibilidad de la ruptura de la pareja crece y entonces el divorcio se hace más frecuente.
  4. En el caso de los niños y adolescentes, la pornografía se convierte en una primera información (verdadera desinformación) descarnada sobre la sexualidad. Esta desinformación les puede llevar a la desorientación, a la vergüenza, a la incertidumbre con respecto al sexo que queda deshumanizado y apartado de su papel erótico, amoroso y también relacional. En esta dirección la edad del primer encuentro sexual entre adolescentes avanza paulatinamente.

De hecho, la sexualidad en manos de la pornografía se ha convertido en una mercancía que beneficia la cuenta de resultados de los que la producen, pero no favorece la mente y el corazón de quien la consume. En internet este negocio se hace evidente. Es este un negocio donde el máximo beneficio económico para pocos se traduce en bancarrota personal, humano y familiar para muchos. 

Para las parejas y para los que forman parejas después de haber consumido mucha pornografía el ensamblaje afectivo-sexual es más difícil: los estereotipos de la pornografía generan unos modelos de “eficiencia sexual” que no existen en la realidad.

En este panorama la necesidad de una educación de la afectividad y una educación sexual se hace urgente. Los padres y las escuelas deben hablar de la pornografía, deben prevenirla, deben evitar que los niños, los jóvenes, les pasa también a los adultos, se conviertan en juguetes rotos en manos de esta plaga. 

Existe una educación del carácter destinada a educar ante la invasión de la pornografía a través de la construcción por parte del niño, del joven (de la mano de los padres formados y de la escuela) de un potente espíritu crítico y reflexivo. Y de un entrenamiento tenaz de la voluntad para no ceder a las tentaciones.

Es posible lograrlo como lo demuestran algunas iniciativas (Fight the New Drug). Iniciada por jóvenes y desligada de cualquier movimiento religioso y sostenida por abundantes estudios científicos es muy útil para adolescentes que solo ven recriminaciones morales en la educación ante la pornografía, cuando este tema es también fundamentalmente un asunto de salud individual y social.

Se está comprobando, por ejemplo, que la pornografía puede desencadenar un comportamiento adictivo que se convierte en repetidos actos de masturbación compulsiva donde adolescentes, jóvenes y adultos pierden la propia libertad y la paz cuando no rompen con la pareja.

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