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Piedad de la Cierva: La desconocida científica española

Sandra Ferrer - publicado el 11/02/20

Descubrimos la vida de una pionera en la historia de la ciencia en España

Piedad de la Cierva tuvo una vida excepcional. A pesar de nacer en una época en la que las mujeres no eran bien vistas en el mundo de la ciencia, ella deslumbró con su inteligencia y sabiduría a todos aquellos científicos que supieron reconocer su valía.

Fue una de las primeras mujeres en licenciarse en Química en España y dedicó su vida al estudio de la radiación artificial. Piedad sobrellevó todas las dificultades gracias a una familia que nunca vetó sus ansias de saber y unos profesionales que le abrieron las puertas de entes tan prestigiosos como el CSIC y la ayudaron para que pudiera investigar con científicos de renombre en todo el mundo.

Una familia católica que valoraba el estudio

Nacida el 1 de junio de 1913 en Murcia en el seno de una familia católica, Piedad era prima lejana del conocido Juan de la Cierva, inventor del autogiro. El padre de Piedad, Juan de la Cierva y López, era doctor en Derecho y se había casado con Serafina Viudes, con quien tuvo tres hijos más. Serafina fue, como afirma Inmaculada Alva, quien “le transmitió una vida cristiana de piedad sencilla que mantendría toda su vida”.

Su padre pronto fue consciente de la inteligencia de su hija y, lejos de ignorarla, la ayudó a continuar estudiando, como era su deseo. En octubre de 1928, se convertía en la única mujer en ingresar en las aulas de la Universidad de Murcia, en la que permaneció durante un curso académico realizando sus estudios de Química.

Juan de la Cierva, a pesar de haber accedido a que su hija ingresara en una carrera considerada tradicionalmente masculina, le pidió que estudiara también Magisterio, profesión más acorde con los estereotipos de género de su tiempo.

El 6 por ciento del alumnado

A lo que se negó fue a acudir a clase con una dama de compañía para evitar cualquier escándalo entre los alumnos y mantener las formas del recato del momento. Al año siguiente, se trasladó a Valencia, donde encontró un puñado de jóvenes universitarias como ella, apenas el seis por ciento del alumnado.

Durante su época valenciana, Piedad vivió en la Residencia de monjas Escolapias hasta que, en tiempos de la república, el centro se cerró y se instaló en casa de uno de los profesores que la acogió como una más en su familia.

En 1932 se licenciaba en Ciencias por la Universidad de Valencia con un Premio Extraordinario de Licenciatura. Animada por un profesor de química, Piedad se trasladó a Madrid para iniciar su doctorado en el prestigioso Instituto Rockefeller.

Tarea científica

Instalada en la Residencia de la Institución Teresiana, Piedad pasó una de las épocas más interesantes de su carrera como científica, la única mujer, de la mano del reputado científico Julio Palacios, investigando sobre las técnicas de Rayos X.

Piedad recordaba así aquella apasionante etapa de su vida: “Recuerdo mi gran sorpresa cuando comprobé que yo era capaz de calcular la distancia entre los átomos de cloro y sodio de un cristal de sal. Y cómo me impresionaba que Dios, Creador del Universo, había distribuido los átomos, tan pequeños, de aquella forma tan asombrosa”.

En Europa

Tres años después, conseguía su doctorado con mención extraordinaria y se marchaba a Copenhague para seguir investigando en el campo de la desintegración artificial del átomo. En Dinamarca estudió junto al profesor George von Hevesy, quien sería reconocido con el Premio Nobel de Química en 1943.

Fruto de sus investigaciones, Piedad publicó varios artículos científicos en la Revista Anales de la Sociedad Española de Física y Química. De su vida en Copenhague recordaría con cariño su estancia en el Colegio de la Asunción donde entabló una entrañable amistad con su tutora, la Madre Hildegarda.

En aquella época hizo un breve viaje a París donde fue recibida por Irene Joliot-Curie quien le abrió las puertas del Instituto del Radio. También visitó Berlín, donde conoció a otra pionera de la ciencia, Lise Meitner.

A su regreso a España, la Guerra Civil truncó sus planes de seguir investigando. En aquellos duros años, Piedad se trasladó a Osuna para ganarse la vida como maestra de Física y química en un Instituto.

Primera mujer del CSIC

Finalizada la guerra, continuó su labor de investigación en el Instituto de Óptica, dependiente del recientemente creado Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), convirtiéndose en la primera mujer en formar parte de dicha institución. También se vinculó a la universidad como Auxiliar de la Cátedra de Estructura atómico-molecular y Espectroscópica de la Universidad Complutense de Madrid.

Por aquel entonces, Piedad de la Cierva se había convertido en una reputada científica que había conseguido superar todas las barreras que se les ponía a las mujeres con inquietudes para la ciencia.

Obstáculos para la cátedra

Parecía que los prejuicios de género no existían, al menos en su propia experiencia. Hasta que quiso dar un paso más y se presentó para conseguir una cátedra universitaria. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no todas las puertas estaban aún abiertas para las mujeres porque, a pesar de su brillante trayectoria y sus excelentes resultados, ni ella ni la química Teresa Salazar, consiguieron la cátedra, a pesar de que una de las plazas, la de Murcia precisamente, quedó vacante.

Avances con aplicaciones prácticas

Tras el jarro de agua fría, Piedad continuó con su labor de investigación y en 1945 ingresó en el Laboratorio y Taller de Investigación del Estado Mayor de la Armada (LTIEMA) en el que realizó una labor muy valiosa relacionada con los estudios de láminas antirreflectoras, que permitieron desarrollar unas lentes de visión nocturna que le valieron un premio de investigación y se incorporaron a los prismáticos fabricados por el LTIEMA.

Piedad viajó a los Estados Unidos para estudiar los procedimientos de fabricación del vidrio óptico en centros como el National Bureau of Standards de Washington o la Universidad de Toledo, en Ohio.

Profesora en Ingeniería Naval

En el LTIEMA, además de dar clases en la Escuela de Ingenieros Navales, Piedad también realizó una interesante investigación sobre la resistencia de la cascarilla de arroz para la fabricación de ladrillos refractarios que serían utilizados en hornos de fábricas y calderas de barcos. Una investigación que le valió recibir un nuevo reconocimiento público.

Vocación al Opus Dei

En aquella época, Piedad de la Cierva se acercó al Opus Dei y se convirtió en una de las primeras mujeres en ser admitida como Agregada.

A mediados de la década de 1970, Piedad de la Cierva, a sus sesenta y tres años, y tras décadas de intenso trabajo, decidió abandonar la investigación. Al final de sus días, Piedad recordaba así su apasionante trayectoria vital: “Dejo atrás un largo pasado, que voy a recordar un poco duro a veces; pero lleno de sentido, de trabajo, de alegría y de paz”.

Piedad de la Cierva rompió muchos techos de cristal, fue pionera en un ámbito, el de la ciencia, en el que las mujeres raramente eran aceptadas de buen grado. Sin embargo, el mundo universitario le cerró las puertas de la cátedra y, aunque dirigió varias tesis doctorales, realizadas por mujeres, no pudo firmarlas como tal pues nunca pudo llegar a ser catedrática.

El 31 de diciembre de 2007 Pilar de la Cierva fallecía sin demasiada trascendencia pública, a pesar de los grandes logros alcanzados.

NOTA: Las memorias de Piedad de la Cierva permanecen inéditas. Las citas aquí mostradas se han extraído del artículo de Inmaculada Alva Rodríguez publicado en la revista del CSIC, Arbor, “Piedad de la Cierva: una sorprendente trayectoria profesional durante la segunda república y el franquismo”.


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Tags:
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