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Nace en Holanda “la pastilla de la vida acabada”

© GWOEII / SHUTTERSTOCK
Pastilla kill-pill
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¿Cansado de vivir? Vaya a la farmacia, compre una “pastilla letal”, tómesela y muera

Mientras en Canadá se ha puesto el marcha el dispositivo legal de la eutanasia “a la demanda”, en Holanda está a punto de ser aprobada una “idea” lanzada hace cuarenta años por el juez de Tribunal Supremo Huib Drion: la pastilla “de la vida acabada”.

Se trata de una “pastilla letal” que los mayores de setenta años que ya estén cansados de vivir podrán tomar a libre demanda, sin una prescripción médica y sin tener un justificativo por problemas relacionados a la salud.

La coalición que actualmente gobierna ese país está dispuesta a empujar legislativamente lo que sea necesario para que el fármaco esté disponible antes de que acabe 2020, según ha sido dado a conocer por el periódico ABC en un reporte de su corresponsal en Bruselas.

Una historia de hipocresía

Don Ramón de Campoamor escribió una fábula cuya moraleja es perfecta para explicar lo que muchas ocasiones sucede con los políticos y los legisladores o los jueces que promulgan o hacen cumplir leyes, iniciativas, normas o lineamientos que ellos no acatan ni siguen.

Es el caso del juez Huib Drion quien propuso “que el Estado debería poner a disposición de los ciudadanos que han cumplido los 70 años una píldora venenosa, para que pudieran decidir en qué momento quieren acabar de vivir”, y murió “plácidamente por causas naturales mientras dormía en su casa de Leiden en 2004, a los 86 años”.

La moraleja de la fábula “El diablo predicador” del humorista, poeta y epigramista español don Ramón de Campoamor es ésta: “Que en este mundo engañoso, / dando al labio torpe oficio, / hay quien habla mal del vicio / siendo él el primer vicioso”.

Deseo de morir

La iniciativa ha venido de las filas del partido D66 y ha impulsado las maniobras para que se alcance la mayoría parlamentaria y se pueda comercializar la pastilla del suicidio, también conocida como “píldora Drion” este mismo año.

El gobierno acaba publicar una estudio en el cual, dice, existe una parte de la población de más de 55 años que a pesar de estar en buena salud, “tiene un deseo de morir consistente y activo”. Aunque estadísticamente se trata de un grupo muy pequeño el que, de verdad, probaría matarse con la píldora.

Según el ministro de Sanidad, el democristiano Hugo de Jonge, lo que habría que hacer es “intentar devolverles el gusto por la vida” a este grupo de holandeses que sumaría alrededor de diez mil personas. En Holanda siete mil las personas que cada año son acompañadas a la muerte por el propio sistema de sanidad. Unos veinte casos diarios.

Elección final

Con un título muy cercano a la “solución final” de los nazis, el libro de Drion, “La elección del final de la vida para los ancianos”, ha tenido una gran influencia en el debate que llevó a la aprobación de la ley de eutanasia en Holanda y, ahora, de la pastilla venenosa que promueve el D66.

Los portavoces de este partido afirman, incluso, que el gobierno encabezado por Mark Rutte, “va demasiado despacio en la tramitación de la idea” y que por ello han decidido presentar ya en febrero su propia legislación “para que no queden dudas” de su voluntad de sacarla adelante.

La tesis de Drion era que “muchas personas mayores encontrarían una gran tranquilidad si pudieran tener un medio para poner fin a sus vidas de una manera aceptable en el momento en que para ellos sea el más adecuado”. A Drion le llegó “el momento adecuado” mientras dormía: ¿no es ésa una manera más “aceptable” que el suicidio?

Ya han vivido lo suficiente

La parlamentaria de D66, Pia Dijkstra, mantiene una postura similar a la de Drion. Para ella “las personas ancianas que ya han vivido lo suficiente, deberían poder morir cuando lo decidan”. El problema es que esa “decisión” muy pocas veces será “libre”. La “muerte a la carta” tiene a muchos vivos, especialmente el Gobierno, azuzándola.

Carla Dik-Faber, parlamentaria de la Unión Cristiana explicó a ABC que el debate sobre la pastilla de la “vida acabada” ya empezó en 2014 cuando se expuso la propuesta de que si alguien que cree que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer en la vida puede decidir sencillamente morir cuando disponga.

“El problema es que se trata de personas saludables que no están gravemente enfermas”, subrayó Dirk-Faber. Agregó que “lo único que cambia” respecto a la eutanasia es que en lugar de que esas pastillas las administre un médico se ha previsto que esté en manos de una especie de “consultores del fin de la vida”.

La expulsión de la muerte

El gobierno está para proteger a las personas, especialmente a las más vulnerables: a los niños, a los pobres, a los ancianos. Dirk-Faber (y mucho holandeses más) piensan que esta misión no compagina ni remotamente con ayudar al mismo tiempo a las personas mayores a suicidarse.

“Las personas mayores pueden sentirse innecesarias en una sociedad que no valora la vejez. Es verdad que hay gente que se siente sola, otros pueden tener una vida de sufrimiento y eso son cosas que no son fáciles de resolver, pero el gobierno y toda la sociedad deben asumir la responsabilidad”, recalcó Dirk-Faber al ABC.

Robert Redeker en su libro “Bienaventurada vejez”, dejó escrito lo siguiente: “La sociedad de la muerte de Dios es la sociedad en la que la muerte ha sido expulsada del lenguaje. Pero una sociedad cuyo lenguaje ya no sabe decir la muerte es en su totalidad una cultura de la muerte”. Canadá y Holanda van por ese camino, aunque sean economías muy prósperas.

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