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¿Interpretar los sueños? Entre ciencia, fe y superstición

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Dios puede decirnos algo mientras dormimos, pero cuidado…

Desde la antigüedad tenemos evidencia de la importancia de los sueños en las diferentes culturas y hasta nuestros días se han construido variadas teorías sobre su interpretación.

Actualmente se realizan investigaciones científicas para saber qué sucede en el cerebro mientras dormimos.

Desde las religiones que vieron en los símbolos oníricos revelaciones divinas, hasta los desarrollos teóricos del psicoanálisis y de la psicología analítica, los sueños han estado siempre rodeados de misterio y sacralidad.

Incluso las supersticiones contemporáneas que buscan adivinar el futuro decodificando sueños, muestran que siempre han sido un enigma que despierta la curiosidad generación tras generación.

A la luz de la ciencia

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Jonathan Emmanuel Flores Tarello-(CC BY-NC-ND 2.0)

Los sueños son sucesiones de imágenes, ideas, emociones y sensaciones que ocurren de manera involuntaria en la mente durante ciertas etapas del sueño, principalmente en las REM, que es la sigla en inglés del “movimiento ocular rápido”, en la que suceden los sueños más intensos.

Si bien la psicología moderna ha creado tratados sobre la interpretación de los sueños, el impresionante desarrollo de las neurociencias ha aportado cada vez más información sobre lo que sucede en nuestro cerebro mientras dormimos y específicamente mientras soñamos.

Pero, aunque hay muchas teorías sobre las bases neurológicas del soñar y sobre sus funciones, no todas concuerdan entre sí.

En el sueño las actividades cognitivas tienen una organización caótica y algunos experimentos (Seligman, 1987) revelaron que nuestro cerebro está entrenado para dar significado a lo que percibe y no acepta percepciones sin orden ni sentido. Si lo que percibimos no tiene sentido, se lo damos.

En esta línea, se interpreta que los sueños son una elaboración cognitiva que intenta dar coherencia a los estímulos caóticos que generan las funciones fisiológicas.

El intento de racionalizar el sueño comienza en el mismo momento en que se produce y continúa cuando se narra para recuperar el recuerdo de este.

En las últimas décadas el estudio de los sueños ha ido ganando terreno en diversas disciplinas científicas, desde las neurociencias y la psicología, hasta la antropología, y subdisciplinas como son la cronobiología y la somnología.

Sin embargo, aunque expliquen mejor su génesis y sus importancia en la salud, el ámbito de la interpretación de los sueños sigue siendo objeto de interpretaciones religiosas, supersticiones y discursos pseudocientíficos que pretenden explicar exactamente el significado de los sueños como si se tratara de un lenguaje universal que solo hay que saber decodificar.

¿Dios habla a través de los sueños?

Jonathan Emmanuel Flores Tarello-CC

La manifestación de los dioses a través de los sueños y su interpretación como manifestación sobrenatural aparece especialmente en Grecia, en Asiria, en Babilonia, en Egipto y en Israel.

En la antigüedad la oniromancia, la adivinación a través de los sueños era un fenómeno frecuente. Y es comprensible que al ser el sueño algo misterioso, enigmático e incontrolable por el hombre, se viera en él una manifestación de lo que está fuera del alcance del hombre, por lo cual es un lugar donde opera lo divino.

En la Biblia el material es abundantísimo, donde Dios da avisos a través de los sueños, desde Sara (Gn 20,3), Jacob, José (Gn 37) y el mismo Faraón (Gn 41).

En los Jueces aparece en Gedeón (Jue 7,10) y especialmente conocido en el profeta Daniel (Dn 2 y 4), aunque también hay manifestaciones en sueños a Samuel y Salomón.

En el Nuevo Testamento los avisos a José son también una referencia clara a la manifestación divina a través de los sueños.

Sin embargo, la misma tradición judeocristiana conoce textos que son importantes advertencias a propósito de la credibilidad en los sueños.

En toda la tradición religiosa de Israel y posteriormente del cristianismo los sueños son considerados un medio secundario y además puede ser manipulado fácilmente por un falso profeta.

Así lo denuncia Jeremías (23,25; 29,8): “Aquí estoy yo contra los profetas que profetizan falsos sueños, dice el Señor”.

Desde el siglo VIII a.C. los profetas insistían en no hacer caso a los sueños y hay duras advertencias a querer conocer el futuro a través de las formas de adivinación, incluso la consulta a los sueños (Dt 18,10).

A pesar de que hay incontables testimonios de manifestaciones de Dios a través de los sueños, estas son iniciativa de Dios y no búsqueda curiosa del hombre.

Los textos bíblicos son muy duros con toda forma de adivinación, magia o superstición, porque entienden la verdadera fe como una relación de libertad con Dios y no una búsqueda afanosa de control del futuro o de lo sobrenatural.

Tratar de asir una sombra o correr detrás del viento es dar crédito a los sueños. Las visiones de los sueños no son más que un espejismo: un rostro ante el reflejo de su propia imagen” (Eclesiástico 34,2).

A lo largo de la tradición patrística y medieval, el cristianismo enfáticamente enseñó que Dios puede manifestarse en casos extraordinarios a través de los sueños.

Pero criticó con firmeza toda práctica supersticiosa de buscar en los sueños algún tipo de presagio del futuro o de ponerlo al nivel de una “revelación de Dios”, porque aun con las supuestas apariciones y revelaciones privadas la Iglesia las considera formas marginales y secundarias que siempre deben subordinarse a la Biblia, a la Tradición y al Magisterio.

Autores relevantes en esta materia fueron san Cirilo de Jerusalénsan Gregorio de Nisa, san Gregorio Magno y santo Tomás de Aquino. Este último contesta a la pregunta de si es lícita la adivinación a través de los sueños:

Los sueños vienen a veces de causas internas y a veces de causas externas. Dos clases de causas internas influencian nuestros sueños; una animal, en la medida en que tales imágenes permanecen en la fantasía de la persona durmiente según estuvieron con él cuando estaba despierto; la otra se encuentra en el cuerpo: de hecho, es un hecho bien conocido que la disposición real del cuerpo produce una reacción en la fantasía. Ahora bien, es auto-evidente que ninguna de estas causas tiene ninguna influencia sobre los acontecimientos futuros individuales. Nuestros sueños pueden ser asimismo los efectos de una causa externa doble. Esta es corporal cuando las agencias exteriores, tales como las condiciones atmosféricas u otros, actúan sobre la imaginación de la persona que duerme. Finalmente los sueños pueden ser causados por agentes espirituales, tales como Dios, directamente, o indirectamente a través de sus ángeles, y el diablo” (II-II: 95: 6).

Santo Tomás establece claramente el origen natural de los sueños en causas físicas y mentales, creando fantasías, pero reconoce que en ciertas ocasiones pueden ser también causados por agentes espirituales.

DREAM SAINT JOSEPH
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La teología contemporánea se ha beneficiado de los avances de la psicología y las neurociencias para el discernimiento, admitiendo a su vez la posibilidad de una interpretación en función de una revelación privada de origen sobrenatural, pero siempre el discernimiento se reserva a la Iglesia y no a quien lo sueña.

Preocupa a su vez a los teólogos y pastores de la Iglesia el crecimiento de la superstición y el pensamiento mágico entre católicos, donde se le da una excesiva relevancia a los fenómenos supuestamente “extraordinarios”, cayendo en una visión simplista y alejada de la auténtica fe cristiana.

El ambiente New Age y la literatura pseudocientífica de autoayuda han fomentado a su vez, incluso dentro del cristianismo, la consulta a supuestos “diccionarios de sueños” y sitios en internet que explican su supuesto significado.

Sin negar los casos excepcionales que pudieran existir para los creyentes, que a su vez deben pasar por un riguroso discernimiento por parte de la Iglesia, los sueños son una realidad personal y nos revelan más sobre nuestros anhelos, miedos o simples recuerdos, que sobre el más allá.

Pretender adivinar el futuro a través de los sueños es pura superstición. Los sueños a fin de cuentas son interesantes para estudiar la mente humana y no para buscar en ellos los misterios divinos.

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