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¿Cómo regañar sin herir a tu hijo?

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Evita que piense: “Mi papá me regaña porque soy malo”.

Después de haber sufrido una situación dolorosa (humillaciones, rechazos, castigos), la reacción inicial del niño suele ser pensar que todo es por su culpa. Generalmente, esta culpa va acompañada de un sentimiento de vergüenza.

Pero ¿por qué generan este tipo de estrategia mental los niños, en lugar de adoptar un patrón defensivo?

Durante la infancia, todos tenemos como referentes a nuestros padres, las dos personas más cercanas e importantes de nuestras vidas. Es inevitable que el niño idealice a sus progenitores en su primera etapa vital. Esta idealización es la que provoca que, ante las posibles broncas que reciba, el niño siempre piense en un primer momento que él es el que ha hecho las cosas mal, y no se plantea que sus padres puedan estar equivocados.

Pongamos por caso que un padre regaña a su hijo de 6 años de forma algo desproporcionada porque estaba cansado después de un día duro de trabajo. En ese momento, el niño no tiene un desarrollo cognitivo suficientemente maduro como para interpretar lo que sucede a su alrededor, teniendo en cuenta las circunstancias. Por ejemplo, el niño no será capaz de separar el cansancio de su padre de la gravedad o levedad del error que ha cometido.

Ante esto, el niño comenzará a sentir vergüenza por la creencia irracional que está recibiendo: “Papá es bueno. Si papá me regaña, significa que yo soy malo”.

¿Cómo pueden los padres evitar que este sentimiento de culpa no predomine en sus hijos?

Una vez el niño ha aprendido que lo que hizo no estuvo bien, los padres deberán recordarle que su identidad no está definida por lo que acaba de hacer. Algunas frases que pueden ayudar a conseguir esto son:

  • Aquello estuvo mal, pero tú haces muchas cosas bien.
  • Siempre te querré, aunque me enfade.
  • Sé que con el tiempo mejorarás.
  • Yo también me equivocaba de pequeño. 
  • Yo te enseñaré a hacerlo mejor y poco a poco lo lograrás.

Beneficios a largo plazo de este tipo de mensajes en el niño

  • Desarrollará un sentido proporcional de su valía: tan malo es pasar el día recordando al niño lo que hace mal como hacerle creer que todo lo hace bien. Con este tipo de comunicación, el niño aprenderá que sus errores son temporales y que no le hacen perder la estima de sus padres.
  • Ante futuros errores, no abandonará la tarea, sino que sabrá que puede intentarlo más veces hasta que consiga su objetivo.
  • Será capaz de tolerar mejor las limitaciones de los demás, ya que otros tuvieron paciencia con él cuando estaba aprendiendo.

Muchas veces los padres no son capaces de decir estas frases a sus hijos porque ellos mismos no han recibido este tipo de mensajes en la infancia. Sin embargo, aunque al principio pueda resultar algo artificial a los padres, cuanto antes se fomente en el ámbito familiar el uso de este tipo de comunicación, mayor será la posibilidad de ayudar al niño a desarrollar una personalidad segura y confiada.

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