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La “palabra del año” 2019 no fue una palabra

emojis
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Son casi universales y pueden ser entendidos en muy diferentes lenguas y culturas… ¿De qué estamos hablando?

Cada año, desde 2013, la Fundación del Español Urgente (Fundéu) –organismo cuyo objetivo es promover el buen uso del español, en especial en los medios de comunicación– distingue una palabra que representa, un poco, las tendencias lingüísticas, acciones o movimientos que pudieran retratar esos 365 días.

Cambios en la comunicación

Tras elegir “escrache” en el 2013, “selfi” en el 2014, “refugiado” en el 2015, “populismo” en el 2016, “aporofobia” en el 2017 y “microplástico” en el 2018, el equipo de Fundéu decidió que la “palabra del año” 2019 no fuera una palabra sino los “emojis” o “emoticones”.

Estos pequeños símbolos en la comunicación (y sus evoluciones: “bitmojis”, “memojis”, “animojis”…) forman parte ya de la comunicación diaria de millones de usuarios y han rebasado los límites de los “chats” para insertarse, de lleno, en los signos culturales y mercadotécnicos de nuestros días.

“Su innegable impacto en nuestra vida cotidiana, sus interesantes relaciones con el resto de los elementos que conforman la comunicación (palabras, frases, signos de puntuación…) y las perspectivas que se abren de cara al futuro han llevado a la Fundéu a ceder a los emoticonos y a los emojis la distinción de ‘palabra del año’”, según el comunicado de la Fundación emitido el último día de 2019.

Los emoticones, sin lugar a dudas han generado un cambio palpable en la manera como interactuamos los seres humanos en las primeras dos décadas del siglo XX. Aunque comenzaron en los años noventa del siglo pasado como signos ortográficos, no es sino hasta el fin de la segunda década del nuevo siglo que han ganado enorme popularidad.

Javier Lascuráin, coordinador general de Fundéu, subrayó, al reconocer a los emoticones y los emojis como “palabra del año”, que el reconocimiento no se trata de que éstos símbolos “vengan a robarnos palabras o a pervertir nuestra lengua, que ha mostrado durante siglos su capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos y a las tecnologías de cada época”.

Tampoco se trata, dijo Lascuráin, de que acabemos expresándonos solo con este tipo de elementos. “Creemos más bien que constituyen un elemento más que contribuye a lograr el fin último de las lenguas: la comunicación entre las personas”.

¿Lenguaje universal?

En el criterio de Fundéu, en un mundo tan acelerado como el nuestro, los emoticonos aportan agilidad y concisión. “Y en un entorno en el que buena parte de lo que escribimos, sobre todo en chats y sistemas de mensajería instantánea, es comunicación oral puesta por escrito, estos elementos nos permiten añadir matices gestuales y de intención que de otro modo se perderían»”, añadió Lascuráin.

Por su parte, el presidente de Fundéu, Mario Tascón, fue más allá al decir que los emoticones son casi universales y pueden ser entendidos en muy diferentes lenguas y culturas.

Durante su intervención el año pasado en el Congreso de las Academias de la Lengua en Sevilla, Tascón se aventuró a declarar: “Puede que los emojis sean lo más cercano a un lenguaje universal que ha creado nunca la humanidad”.

Desde el punto de vista de la lengua, el uso de estos pequeños elementos plantea reflexiones y retos muy interesantes que ya se empiezan a abordar en las obras académicas: cómo usarlos en textos generales, cómo interactúan con el resto de las palabras, con los signos de puntuación…, destacó el comunicado que le dio a los emoticones el rango de “palabra del año”.

Lo cierto es que las lenguas son entes vivos y, como tales, tienen que ir adaptándose a las épocas, aunque siempre quede la nostalgia –sobre todo en cuestión del idioma español—de aquél verso de Jorge Manrique en con respecto a su padre declaraba que a nuestro parecer, “todo tiempo pasado fue mejor”.

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