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Twenty One Pilots y la sed por el Agua Viva

TWENTY ONE PILOTS
@twentyonepilots
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Cuando alguien nos habla sobre las cosas más hondas y esenciales de la propia existencia, habla de alguna manera sobre las cosas que nos toca vivir a todos.

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Una de las bandas de rock alternativo más exitosas de la década que acaba de concluir es el dúo norteamericano Twenty One Pilots, conformado por Tyler Joseph (cantante, multiinstrumentista y autor) y Josh Dun (baterista).

Alcanzaron la fama con su cuarto álbum de estudio Blurryface en 2015 (en julio de este año fue catalogado como el álbum de una banda más escuchado en streaming de todos los tiempos) y su éxito se ha mantenido vigente con Trench de 2018.

Entre ambos discos se teje una enigmática, intrigante y muy compleja obra conceptual cargada de simbolismos tanto en las letras como en los videoclips, cuyo análisis excede los límites de este espacio (los interesados podrán encontrar abundante material en internet para adentrarse en la cuestión).

Sus letras, con fuerte sello autorreferencial, están lejos del mero entretenimiento. Tocan aspectos profundos del drama humano, lo cual permite la identificación del oyente. Es sabido que cuando alguien nos habla sobre las cosas más hondas y esenciales de la propia existencia, habla de alguna manera sobre las cosas que nos toca vivir a todos.

Como decía Tolstoy, “pinta tu aldea y pintarás el mundo”. En efecto, más allá de las preocupaciones de la vorágine cotidiana, en el rincón más íntimo de nuestros corazones nos hermanan aquellos profundos interrogantes sobre el sentido de nuestras vidas, sobre nuestros deseos y nuestros temores, sobre el para qué de nuestra estadía en este mundo y los obstáculos que, en el transcurso de la misma, se nos van presentando. El autor Tyler Joseph, justamente, interpreta su vocación musical como una canal de salida para este tipo de interrogantes.

Es en esa búsqueda de sentido último en el que, en las canciones de los TØP, salen a flote –de modo más o menos explícito, según el caso– imágenes y metáforas de raigambre religiosa, lo cual no es sorprendente pues ambos integrantes se reconocen cristianos y han hablado más de una vez sobre la influencia de la fe en sus obras.

No se trata de una banda de “rock cristiano”, claro está, pues su lírica no es de tipo evangelizador. Muchas veces parece estar más envuelta en las preguntas que en las respuestas y suele recorrer la intranquila senda de la búsqueda y la duda más que manifestar la paz del encuentro.

Sin embargo, gracias a su fe, puede también transmitir la intuición de dónde podría hallarse esa paz que profundamente anhelamos, paz que el mundo es incapaz de ofrecernos y que nosotros somos incapaces de lograr con nuestras solas fuerzas. Ya lo decía San Agustín: “Nos has hecho, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.”

Así como hay artistas que nos inspiran señalándonos el camino correcto y, en el mejor de los casos, el punto de llegada, los hay también de aquellos por los cuales nos sentimos acompañados aun en las ocasiones en las que hemos perdido el rumbo y el camino no se revela tan inspirador. Porque todos buscamos “eso”; algunos nos ayudan a encontrarlo, otros nos acompañan en la búsqueda, con nuestras mismas inseguridades.

Acaso una de las canciones del grupo más representativas de esta búsqueda trascendente y a veces dificultosa sea Addict with a pen, de su primer álbum (Twenty One Pilots, 2009), cuando la banda aún se presentaba en formato de trío.

Compartimos aquí una versión acústica posterior con nuestra traducción al español. La interpretación de Tyler no deja dudas sobre lo desgarrador que puede ser el haberse alejado de aquella Fuente de Agua que es, a la vez, fuente de Vida.

Rozando la desesperación de quien se sabe en el desierto, abre la puerta a la esperanza del reencuentro con el Padre, con quien por momentos abandonamos el diálogo siendo conscientes de que no nos hemos comportado como los mejores hijos, pero a cuya casa –que es también la nuestra– deseamos regresar en lo más profundo.

Hola, hace ya un tiempo que no nos hablamos.

Lo sé, no he sido el mejor de los hijos.

Hola. Estuve viajando en el desierto de mi mente

y no he encontrado una gota de vida,

no he encontrado una gota de ti,

no he encontrado una gota de agua… ¡Agua!

Intento desesperadamente correr por la arena

mientras mantengo el agua en la palma de mi mano,

pues es todo lo que tengo, es todo lo que necesito,

y las olas de agua no significan nada para mí.

Pero hago lo que puedo para sostener firmemente

lo que queda en mi mano,

y no importa qué tanto apriete,

la arena me retrasará y se escurrirá el agua.

Sólo estoy siendo dramático.

De hecho, estoy otra vez en lo mismo,

como un adicto con una pluma

que es adicto al viento que me hecha hacia atrás y hacia adelante.

Sin mente, sin carácter, fingiendo…

Claro que estaré aquí de nuevo, te veré mañana,

pero es el fin de hoy,

el fin de mi camino como una negación andante.

Mi caso fue archivado como el de una loca mente suicida.

Pero tú te especializas en morir,

tú me oyes gritando “Padre”,

Y yo estoy tirado aquí, llorando,

así que lávame con tu agua… ¡Agua!

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