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Buenas ideas para el tiempo libre de los adolescentes

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La oferta de mercado piensa en los adolescentes como consumidores, el mejor ocio es un predictor de éxito escolar, universitario o formación profesional, laboral y familiar

En las sociedades desarrolladas donde los adolescentes siguen estudiando (en una educación universal y obligatoria) queda un amplio margen de tiempo para el ocio: vacaciones navideñas y de Semana Santa, julio, obviamente agosto, la mitad de septiembre.

En cambio, en las sociedades en vías de desarrollo los adolescentes ya trabajan  a estas edades pues deben llevar dinero a sus casas y su ocio es mayoritariamente de descanso y a menudo muy escaso.

En el Occidente rico la adolescencia es pues largo tiempo de formación. Formación para el mundo laboral pero también formación para la vida social, familiar, de amistades: tiempo de emprender compromisos cívicos entre los que también está la participación política y la vida asociativa. 

La adolescencia es un tiempo de preparación, por tanto, para la vida adulta y para la ciudadanía y es a la vez un momento delicado.

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La sociedad hace un esfuerzo y, vía el pago de impuestos por parte de todos los ciudadanos, la administración, gestiona la existencia de una educación secundaria y superior con vistas a que estos futuros actores sociales, ahora menores, ofrezcan a la sociedad lo mejor de sí.

Es un tiempo de inversión en su preparación en el que la familia, la escuela, la sociedad civil, la administración tienen mucho que decir. Mucho que decir y que hacer.

En estos adolescentes se ha depositado una libertad, una confianza  y, a la vez, se les debe reclamar un uso responsable de dicha libertad.

El ocio será uno de los ámbitos donde los adolescentes darán sus primeros pasos en el ejercicio de una libertad que debe andar bien emparentada con la responsabilidad.

Si han estudiado concienzudamente han de descansar y pasarlo bien. Pero no debemos caer en la inercia de pensar que la adolescencia es tiempo donde estos chicos y chicas solo deben vivir por su cuenta y riesgo haciendo de su vida  un continuo vagar en busca de las emociones más atractivas y divertidas.

Y sucede: “Ha sacado buenas notas, pues que se desahogue ahora que es joven”. No debe ser así: han de rendir cuentas. En primer lugar deben estudiar, asistir a la escuela y obtener buenos resultados. 

Luego los adolescentes han de ofrecer colaboración en el hogar, y, desde luego, si todo funciona, entonces merecen un tiempo para llevar a cabo un ocio activo e inteligente.

Eso no significa que el hogar sea una fonda. En esta dirección familia, escuela y también la comunidad  no pueden cerrar los ojos.

La familia –nuestro centro de interés- no puede responder a este ocio con la inacción. La inacción es dejar a los hijos en manos de dos instancias: a) las ofertas de del mercado de la industria del ocio; b) la presión de los iguales.

El mercado ofrece diversión “a tope”, permítaseme utilizar este término coloquial.  Y los amigos, que maman del mismo ambiente, van a reforzar este ocio disperso en el que nuestro adolescente va  a decir que sí a casi todo  para ser  reconocido/integrado por el grupo.

Y a menudo, la industria del ocio aprovecha, para obtener el máximo beneficio, las pasiones de una adolescencia que se siente invencible e infalible. ¿Infalibles? Quizá será mejor decir proclives al riesgo.

En una palabra la oferta del mercado (a menudo muy internacionalizada) y la presión de los compañeros dirige a  los adolescentes a un ocio a menudo regresivo y nada saludable: pasivo, consumista, donde aparecen los riesgos del consumo de sustancias (drogas y alcohol); exceso de pantallas hasta llegar a un uso excesivo y adictivo; flirteo y sexualidad precoz; violencia; velocidad motorizada, etc. 

Eso no es un ocio de formación sino más bien de de-formación. Invertimos para que sean ciudadanos serios, no frívolos. Y las familias no pueden quedarse con los brazos cruzados.

Llegar antes que se imponga la inercia

Hay que organizarse y actuar con cordialidad y a la vez con la exigencia que se pueden permitir los padres que dedican mucho tiempo a sus hijos. 

El tiempo de ocio adolescente se puede pautar, incentivar, dirigir. No deben los padres andar detrás de los hijos pero mucho ocio adolescente ha de ser familiar.

Un ejemplo claro son los viajes, las salidas, una actividad como ir al cine juntos o sencillamente visitar a los abuelos periódicamente, o parientes enfermos. Eso es formación. Estamos hablando de un ocio formativo, constructivo.

Y en esa dirección se debe actuar con las familias amigas (o los parientes, la familia extensa) y con la escuela: actividades extraescolares. No para quitárselos de encima sino para que amen el deporte, o la música, o el teatro.

Existe ocio de este tipo. Permítanme poner un ejemplo muy cercano a mi entorno en este campo: conozco a unos cuantos adolescentes que asisten a una escuela de teatro (que incluye el teatro musical) y que arrasa –textualmente- entre aquellos chicos y chicas que participan en ella.

Y todo el mundo conoce los adolescentes aficionados al futbol, al básquet. Y para que sea un ocio regular y comprometido hay que federarlos.

Excluyendo desde el minuto cero cualquier actitud o comportamiento hooligan por parte de los padres que deben acompañar y no intervenir.

En esta dirección el rugby es un deporte de gran deportividad y nobleza que también puede encandilar a muchos adolescentes.

Familia, escuela, comunidad, ayuntamientos precisan de líderes (a menudo padres y madres de familia) que coordinen a los agentes sociales para promover un ocio activo, que exija esfuerzo, planes, iniciativa, tenacidad, regularidad, compromiso. 

Después se irán a bailar pero ese mundo de la noche ya no será el único y exclusivo centro. Los adolescentes quieren un ocio con sentido, positivo, liberador de sus potencialidades que pueden estar en la base de su futura profesión.

Están muy aburridos y no saben encontrar en muchos planos el sentido de la vida. Y deben aprender a construir el sentido de sus vidas.

Y parte del sentido de la vida está en aquel ocio que le capacita a uno mismo en gestión inteligente del propio tiempo: la competencia, el bienestar, la felicidad que da la obra alcanzada, la tarea bien hecha, las amistades duraderas.

Y, en esta dirección,  la música se puede no solo escuchar sino que se  puede también  crear, producir, difundir: creando grupos musicales.

Y la naturaleza ofrece todo su esplendor en estas épocas de ocio adolescente: la bicicleta es un ejemplo, o la playa más lejana, o el monte más cercano y más desafiante. La naturaleza también invita a la responsabilidad ecológica.

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Empezar pronto, pero también se puede recomenzar

Está claro que se ha de empezar pronto y crear unas “micro-sociedades de ayuda mutua” donde el mejor ocio es promovido familiar, escolar o comunitariamente.

La oferta de mercado piensa en los adolescentes como consumidores pero no en la formación de los adolescentes. Y a los 13, 14, 15 los hijos y las hijas también deben andar y salir con los padres y los hijos de los amigos de los padres: por supuesto.

Los viajes exóticos son un aliciente. Ahí, insistimos, se forman casi sin querer no solo los hijos sino los padres en el trato continuo, en la cordialidad, en el ejemplo. Y ha de ser así.

Y en el hogar es bueno que pasen cosas: que la gente cante, que la familia se divierta, que las tertulias y sobremesas sean tan divertidas que acaban siendo irrenunciables.

Y, muy importante, que el móvil, a partir de los catorce, se lo paguen los hijos. Y que en el hogar el wi-fi se cierre a una hora prudente que podría ser las 11.00 horas.

Una hora que invita al descanso. Una hora pactada. Una hora que está consignada en el contrato de vida familiar aceptado por todos.

En los Estados Unidos este contrato de la vida familiar es un papel con fechas,  firmas y medidas ante el incumplimiento. En cualquier caso cada familia sabe lo que debe hacer.

Lo que no se debe hacer es tenerles miedo a los hijos adolescentes y bajar los brazos. Porque una familia que dedica muchas horas a los hijos pone horarios de regreso a casa y exige una participación básica en la vida familiar con encargos incluidos.

Y para que eso sea así la vida familiar debe ser dinámica, atractiva, cordial. No se trata de enfrentarse  a los adolescentes sino que se trata de:

a) hacer pactos razonables (en la vida todo tiene sus reglas);

b) y de hacerles ofertas “tentadoras” en el mejor sentido de la palabra. Contratar el mejor cine en las plataformas de televisión en streaming (voy a hacer propaganda: Filmin, permite elegir el mejor cine de hoy y de siempre) e invitarles a la mejor cocina también: por ejemplo que cocinen ellos.

No se puede llegar tarde en los temas de la adolescencia y no se puede ser fatalista. “No llegamos, no tenemos tiempo: se ha convertido en un extraño al que mantenemos sin saber cómo educarle”.

La literatura científica dice que el mejor ocio es un predictor de éxito escolar, universitario o formación profesional, laboral y familiar.

El ocio no es un paréntesis para hacer locuras, es, insistimos una vez más, tiempo de formación. Y si se llega un poco tarde: volver a empezar.

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