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Michael Bublé y el ordo amoris

MICHAEL BUBLE
Shutterstock | Ben Houdijk
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Anteponer la familia al éxito profesional no significa desvalorizar la profesión, sino situarla en su real dimensión

Desde sus comienzos allá por los años 2000, el cantante canadiense Michael Bublé se ha ido ganando un merecido reconocimiento en el mundo de la música y lo ha hecho a base de la belleza de su voz y su incuestionable talento como intérprete.

Michael Bublé
Michael Bublé | Facebook | Fair Use

En nuestro mismo portal lo hemos mencionado en reiteradas oportunidades, por su música y también por el difícil momento que debió atravesar junto a su familia cuando en 2016 su hijo mayor, Noah, fuera diagnosticado con cáncer. En aquel entonces Bublé decidió interrumpir su carrera musical para dedicarse plenamente a su familia y a su hijo en particular. “Se trató de unirnos como familia, bajar la cabeza, orar mucho y simplemente sobrevivir” recordaba hace un año en una entrevista con la CBC.

Sus oraciones fueron escuchadas. Noah finalmente logró superar la enfermedad, por lo cual el cantante se mostró profundamente agradecido tanto a los médicos como a Dios. Como es sabido, la experiencia del mal y del sufrimiento pueden ocasionar dos movimientos contrarios: el pesimismo existencial y la angustiada protesta ante las injusticias de la vida, o bien el fortalecimiento de la esperanza, la renovada experiencia del bien subyacente y una revivida relación con Dios. Bublé ha tenido la gracia de transitar la dolorosa situación de esta segunda manera. “Me ha sido recordado, en un horrible momento, lo afortunado que soy y lo agradecido que estoy, y lo bella que es la vida” supo comentar.

En estos días, algunos portales de noticias (Dayli Mail, The Sun, El País) permitieron conocer un nuevo detalle de la historia. Cuando el cantante decidió anteponer su familia a su profesión, los productores le advirtieron que esto podría significar el fin de su carrera: “Tuve diferentes promotores que me dijeron ‘Escucha Mike, esto puede terminar para ti. La gente olvida rápido. Te alejas, se olvidan y pasan al siguiente cantante.’”

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Esta advertencia puede resultar inquietante, sin embargo, es muestra de algunos aspectos propios de la industria del espectáculo en la cultura contemporánea. La inestabilidad y la velocidad en la cual nos hallamos inmersos promueven una relación superficial con las cosas, y eso los promotores de Bublé lo sabían muy bien. Nuestra época está signada por el cambio y el incesante paso a otra cosa, por ello advirtieron al músico sobre el peligro que implicaba su decisión.

La advertencia no amedrentó al cantante, como sabemos. Su escala de prioridades se vio modificada, permitiéndole pulir su perspectiva. “Lo que había sido importante para mí durante muchos años era incorrecto. Como cuántos discos había vendido, como ‘¿Qué quieres decir con que no se han agotado las entradas?’…” Y, como también sabemos, los temores de sus colaboradores no se hicieron realidad. Bublé volvió a los escenarios un año más tarde y lanzó nuevo disco sin menoscabo de popularidad y éxito.

Esto abre una luz de esperanza, por un lado, al dejar de manifiesto que no todo es “usar y tirar” en nuestra cultura actual, que lo que es bello y cualitativo puede sobrevivir al imperio del consumismo efímero. Pero también nos enseña que las cosas sobreviven e incluso se fortalecen cuando son ubicabas “en su verdadero lugar”, según su real importancia.

Anteponer la familia al éxito profesional no significa desvalorizar la profesión, sino situarla en su real dimensión y, por ello, es también la senda acertada para darle auténtico vigor. Cuando, en cambio, nuestra jerarquía de valores se halla en estado de confusión, terminamos siendo víctimas de nuestro propio desorden, con lo cual no sólo se ve perjudicado lo que no hemos valorado lo suficiente, sino –paradójicamente–  también lo que hemos valorado demasiado.

San Agustín decía que la virtud consiste en el ordo amorisorden en el amor: amar más lo que vale más y amar menos lo que vale menos. Así, incluso las cosas que ocupan lugares secundarios en la jerarquía resultan beneficiadas, pues se ven iluminadas por lo que, desde un nivel superior, les da sentido y a nosotros nos llena de motivación.

En estos días en que una etapa llega a su fin y un año nuevo se abre ante nosotros, estamos invitados una vez más a replantearnos nuestras prioridades y descubrir qué es más importante y qué lo es menos, para vivir en consonancia con dicho descubrimiento. Seguramente, por esta vía, encontraremos aquellas cosas que merecen ser queridas “ahora y para siempre”, sabremos discernir lo urgente y lo importante, y saldrán beneficiados los diversos aspectos de nuestras vidas así como las de las de aquellos que nos rodean.

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