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¿Qué hacer cuando no te gusta un regalo?

CHRISTMAS
Lucky Business | Shutterstock
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Recibir es más difícil que regalar

Si las personas se preguntaran más: “¿qué puedo hacer por ti?” en lugar de “¿qué es lo que no he recibido?”, el regalo tradicional de debajo del árbol de Navidad sería solo uno de entre tantos y no la expresión más importante de acordarse de alguien.

Los días de diciembre suelen llenarse de pensamientos febriles sobre qué regalar a otra persona, qué le gustará, qué podría llenarle de ilusión, qué podría hacer realidad sus sueños…

Queremos expresar mucho con nuestros regalos, especialmente a nuestra pareja o a un ser querido muy especial.

Muy a menudo también esperamos recibir mucho de la pareja. Descubrí, trabajando con matrimonios, que dar y recibir generalmente requiere algo más de trabajo y es un arte que se debe aprender.

“Entonces, – me preguntaba una esposa en la consulta – ¿esto significa que cuando no me gusta el regalo tengo que fingir que me gusta? ¡No ve que la próxima vez volverá a regalarme lo mismo!”.

Ante esta queja, le animé a buscar responder a otra pregunta más profunda: ¿Qué sentido dan ustedes a la entrega mutua de regalos? ¿Qué buscan expresar con ellos?

 Empatía al aceptar regalos

Un regalo es solo el resultado final de una intención dada. Él quería hacerla feliz e hizo un esfuerzo para que sucediera.

No estaba seguro si acertaría. O, por el contrario, quedó impresionado por su propio ingenio: («Un jersey  cálido porque ella siempre tiene frío. No importa que sea muy ancho y verde caqui, un color que no suele gustarle…»). Tal vez cumplió uno de los sueños propios de él.

El arte de recibir regalos es apreciar con empatía todas las acciones e intenciones hacia ti.

Si el regalo es realmente poco acertado, se puede aceptar con gratitud como un mensaje de amor:

¿Quizás no hemos hablado lo suficiente de nuestras necesidades y sueños? Vale la pena complementar esta falta con un intercambio, que no sea una lista de reclamaciones, sino una conversación entre sí sobre lo que cada uno necesite.

A tu esposo/a ya le harás un bonito regalo simplemente si le preguntas: “¿qué es lo que más necesitas en este momento?” .

Y es que, no se trata de pensar en cómo acertar con el regalo o de conseguir el regalo deseado sino de preguntarse qué amor expreso o recibo a través del regalo, si tengo la certeza diaria de amar y ser amado.

Cuando tenemos esta certeza, no necesitamos ninguna gran prueba de amor en forma de un paquete debajo del árbol de Navidad. Es el momento de dar gracias por ser amado en lugar de pensar si el otro va a adivinar lo que yo quiero o si mi amiga recibirá un regalo mejor que el mío.

Con la mirada en el otro

A diario se nos escapa poner nuestra atención plena otra persona. Las tareas del día a día nos invaden. Por eso, a la hora de pensar y buscar un regalo, conviene aprovechar la ocasión para desarrollar este tipo de sensibilidad que nos permite actualizar nuestro amor hacia nuestro esposo o esposa.

A diario no solemos pararnos a pensar sobre el momento vital en el que se encuentra y cómo se siente tanto física como mentalmente. Más bien, a diario concebimos al cónyuge como de un robot siempre listo para asumir tareas o acciones en beneficio de la familia.

Es bueno desarrollar esta sensibilidad a diario en la que valoremos los regalos del otro. Los habituales, como despertarse por la mañana para ir al trabajo o por la noche para atender al niño, ir de compras o acordarse de pagar gastos corrientes.

El mismo tipo de atención plena ayuda a preguntar a la otra persona: “¿Qué necesitas hoy?”

A través de su respuesta descubriremos su fatiga, problemas de salud o dificultades con algunos ciertos retos y desafíos  especiales.

De esta manera, podremos acertar con los regalos y podemos ayudar a que nos regalen, respetando sus posibilidades y recordando que estamos dispuestos siempre para ayudarle.

 ¿Qué puedo hacer hoy por ti?

A veces un regalo maravilloso puede ser asumir alguna responsabilidad de la que se ocupa normalmente la otra persona, incluso aunque él o ella no lo note ni lo comente (puede no tener ni fuerza para hacerlo).

Otro regalo bonito puede ser la aceptación con sensibilidad de algo imperfecto, como por ejemplo una tarea del hogar hecha a medias, porque el otro comenzó a hacerla pero tuvo que interrumpirla porque fue a atender a un niño que lloraba.

Cuando las personas en una relación viven con gratitud y entrega mutua todos los días, la Navidad no será un examen de amor. Y si se despiertan con la pregunta: “¿qué puedo hacer por ti?” en vez de “¿qué es lo que no he recibido?”, el regalo tradicional de debajo del árbol de Navidad será solo una de las muchas tantas y no la expresión más importante de acordarse del otro.

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