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Santa en las Calles: «No somos un cuento de Navidad»

SANTA EN LAS CALLES
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Un movimiento de solidaridad está cambiando la vida de mucha gente de la calle en Caracas (Venezuela).

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Todo comenzó un día en que un grupo de amigos se reunían por Navidad. Hablaban de quienes no podían disfrutar igual que ellos, gente que no tenía ni siquiera quien les diera un abrazo, que vagan solos por las calles. De pronto, alguien dijo: “Por qué no nos vamos a buscar a personas que necesiten ayuda?”.

De inmediato se pusieron unos gorritos de Santa, empacaron unos emparedados, reunieron unas mantas y salieron a la calle a buscar a quienes no tenían quien se ocupara de ellos. Esa experiencia les generó tanto impacto que al año siguiente volvieron a salir por las mismas fechas… y el otro… y el otro. Era cada vez más numeroso el grupo de amigos.

Comenzaron a reunirse con más frecuencia a fabricar en las casas los gorritos de Navidad que se pondrían, a planificar las salidas y asignar responsabilidades. Se lo tomaron muy en serio y hoy son un movimiento mundial, presente en unos 25 países.

La Fundación que crearon se llama «Santa en las Calles» “y no somos cuento de Navidad, somos gente real!», dicen con orgullo.

 

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La diáspora se ha incorporado

Isabela Bermúdez es una de las coordinadoras de esta actividad que ya reúne en Caracas a 1.500 voluntarios quienes dedican su tiempo de Navidad a un trabajo arduo y complejo. Deben cubrir distintas zonas de Caracas, algunas de ellas muy problemáticas. Reciben donaciones que clasifican cuidadosamente de acuerdo a un trabajo previo de ubicar necesidades y determinar quienes requieren tales o cuales obsequios.

“Eso nos permite entregar, no cualquier regalo, sino el que cada quien necesita y espera”, explica. Durante todo el año hacen tarea de hormiguitas, combinando sus ocupaciones cotidianas con el voluntariado que permite mantener esta gran organización.

“Toda esa indagación en hospitales, ancianatos y otros lugares en zonas populares nos permite recoger una data que hoy es muy útil, sobre todo porque estamos en un país sin estadísticas oficiales”, expresa Isabela.

La diáspora de venezolanos a lo largo y ancho del continente ha hecho posible que este programa tenga vida en otras partes. Isabella se fue a Colombia y estuvo allá unos años. Ella es comunicadora y especialista en tecnología de telecomunicaciones, así que Nokia la captó. Pero no se quedó tranquila allá sino que logró activar el movimiento en Bogotá, de allí avanzó hacia Cartagena. Quien se ha sensibilizado con esto y decide dejar Venezuela, se lleva el proyecto consigo y lo implanta allá donde va.

“Si bien los venezolanos son rechazados o vistos con recelo en algunas partes, nosotros tratamos de mostrar nuestro lado bonito, el espíritu solidario que siempre nos ha caracterizado”, enfatiza.

 

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El taller de Santa en Caracas

Santa en las Calles es una vez al año, una inmensa celebración que no es cualquier fiesta sino la fiesta del amor y la generosidad. Este diciembre han llegado a 1.532 voluntarios para hacer posible la jornada de alegría que se transmite a tantos que andan tristes y abandonados. Una gran fiesta de Navidad. Constituyen un gigantesco taller de Navidad para llevar a Santa a las calles.

Los duendes son los voluntarios que trabajan en una verdadera línea de producción: llegan los donativos, ese mismo día se arman, seleccionan y envían. Con meses de anticipación los equipos comienzan a trabajar. Hacen censos en centros asistenciales y comunidades más vulnerables. “Es por ello que sabemos –revela Isabela- quiénes y cuántos son, dónde están y cuales son sus necesidades específicas. Hacemos censo de tallas, tamaños, elaboramos listados y establecemos un rutómetro, es decir, trazamos las rutas que vamos a cubrir en la ciudad”, precisa.

Regresó y está feliz de haberlo hecho

Isabela confiesa: “Estando en Colombia me decían que en Venezuela no había ni papel higiénico; yo pensaba, bueno, hay papá, mamá, sol y mucho qué hacer!”.  Y volvió. Conserva ese espíritu. Una vez en Caracas, se reintegró a la fundación y hoy es uno de sus pilares.

Santa en las Calles ayuda una vez al año, pero se dieron cuenta de que eso no era suficiente. Y se pusieron manos a la obra, compraron un bus, retiraron todos los asientos, le pusieron ducha con agua caliente, inodoro, lavamanos, una estación de barbería, una camilla de atención médica primaria y un comedor. Y así nació el “Panabus”.

 

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El Panabus, un»trineo» en Caracas 

No hay uno, sino dos. Uno va las comunidades necesitadas del Este y el otro se mueve en el Oeste de la capital. Se llama “Pana”, pues esta expresión venezolana, significa  amigo,  compañero y hermano.

 “Aspiramos a una red de autobuses”, dicen. “Ha sido duro el camino pero funcionamos a base de donaciones y hemos tenido la suerte de que el proyecto fue llevado hace poco más de un año a la Bayer’s Care Foundation, una renombrada fundación de innovación, con énfasis en el área social. De 330 proyectos llegados de 58 países del mundo, nosotros ganamos el primer premio!”, recuerdan emocionados.

En el concurso “Idea” (IESA) del año pasado quedaron de segundos en emprendimiento social -rebobina Ronald Uzcátegui, Director de Recursos Humanos de la Fundación Santa en las Calles- y de 720 proyectos quedamos entre los 26 finalistas”, apunta.

El Panabus ya reporta 1.664 personas intervenidas de las cuales 30 han sido reinsertadas social y laboralmente. Trabajan con lo que llaman mediadores de calle.

“Dos personas que están todo el tiempo en el autobús y que, como ya vivieron en situación de calle, la conocen bien, cuales peligros debemos sortear y cómo llegar hasta las personas para que suban al bus y acepten ser asistidos por nosotros. Esas dos personas hoy en día están con nosotros, trabajan en el equipo y nos prestan gran ayuda porque conocen la manera de funcionar de la calle. Ellos saben bien cómo manejarse,  llegan hasta las poblaciones más vulnerables, ingresan bajo los puentes, hablan su mismo idioma, sin miedo y sin reservas. Saben lidiar con personas que están drogadas, con delincuentes, en fin, conocen la mecánica de la calle. Ellos se bajan, identifican a la persona adecuada, la suben al bus y allí, lo primero que hace es bañarse”, describe Isabela.

 

 

“¡Soy blanco, soy blanco!”

Las anécdotas son memorables. Un niño, mientras lo aseaban comenzó a gritar: “¡Soy blanco, soy blanco!”. Nadie entendía por qué lo decía, pero pronto comprendieron: tenía tanto tiempo sucio que no reconocía su propio cuerpo. Su emoción era grande. Recuerda Isabela: “Salen llenos –niños o adultos-  de talco de pies a cabeza, se le da una lavada de cabello  con shampoo, los restriegan con jabón, les facilitan cepillo de dientes nuevo…y usan inodoro lo cual sentimos que los dignifica”.

Acto seguido, se les viste con ropa limpia y luego pasan a la barbería donde les cortan el pelo, las uñas, se afeitan; y el último paso es la camilla de atención médica donde son evaluados por los doctores que llevan en la unidad, además de un psicólogo que les hace el acompañamiento, todo ello con el fin de levantar un informe con su ficha médica y social. Toda una historia donde registran las razones por las que están en la calle.

No es droga, es la familia

Sorprendentemente, más de la mitad de la gente en situación de calle no aduce problemas de droga. La razón es la familia: malas relaciones, abandono, violencia y abuso, golpes y violaciones. Los problemas familiares están a la raíz. Las carencias económicas vienes después.

Isabela rememora un caso triste: “Conseguimos un niñito con el brazo fracturado. Necesitaba darse un baño y se metió en la fuente de un conocido y lujoso centro comercial de la capital. Los vigilantes le cayeron a  palos y su brazo se malogró. El tema no es que rechacen el baño y les guste estar sucios. Es que no tienen agua, sabemos que el agua falla hoy en Venezuela tanto como otros servicios básicos y no hay instalaciones públicas para que la gente que no tiene acceso  puedan disponer de ellos».

La “Panacasita”

La idea que se cocina en el taller de Santa y que pronto podría ser una realidad es la Panacasita. Sueñan con acondicionar pequeños locales con varias duchas y otros servicios. El Papa Francisco ya lo tiene en la Ciudad del Vaticano, duchas, comedores, provee mantas en las noches frías, una sopa caliente y hasta pequeñas tiendas de campaña para los sin techo que pululan por Roma. Buena inspiración.

 

 

 

 

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