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Papa Francisco cuenta hermosa leyenda del pastor «pobre» en Navidad 

AFP PHOTO / FILIPPO MONTEFORTE
CITE DU VATICAN, Vatican City : Pope Francis holds the unveiled baby Jesus during a Christmas Eve mass at St Peter's Basilica to mark the nativity of Jesus Christ, on December 24, 2013 at the Vatican. AFP PHOTO / FILIPPO MONTEFORTE
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La homilía del Pontífice en la Noche de la Solemnidad de la Navidad del Señor: “Hoy es el día adecuado para acercarse al sagrario, al belén, al pesebre, para agradecer”

El papa Francisco aseguró que el nacimiento de Jesús en un pesebre en Belén demuestra la gracia de Dios. “Es el amor divino, el amor que transforma la vida, renueva la historia, libera del mal, infunde paz y alegría”. Lo dijo en la homilía en la Basílica Vaticana este martes 24 de diciembre en ‘noche buena’. 

En esta noche, el amor de Dios se ha mostrado a nosotros: es Jesús. En Jesús, el Altísimo se hizo pequeño para ser amado por nosotros. En Jesús, Dios se hizo Niño, para dejarse abrazar por nosotros”. 

En su homilía insistió que la gracia de Dios “es completamente gratuita”, mientras que “aquí en la tierra todo parece responder a la lógica de dar para tener, Dios llega gratis. Su amor no es negociable: no hemos hecho nada para merecerlo y nunca podremos recompensarlo”. 

Así, el Papa al final de su reflexión navideña, narró unahermosa leyenda”:

Jesús nació, los pastores corrían hacia la gruta llevando muchos regalos. Cada uno llevaba lo que tenía: unos, el fruto de su trabajo, otros, algo de valor. Pero mientras todos los pastores se esforzaban, con generosidad, en llevar lo mejor, había uno que no tenía nada. 

Era muy pobre, no tenía nada que ofrecer. Y mientras los demás competían en presentar sus regalos, él se mantenía apartado, con vergüenza. En un determinado momento, san José y la Virgen se vieron en dificultad para recibir todos los regalos, sobre todo María, que debía tener en brazos al Niño. Entonces, viendo a aquel pastor con las manos vacías, le pidió que se acercara. Y le puso a Jesús en sus manos. 

El pastor, tomándolo, se dio cuenta de que había recibido lo que no se merecía, que tenía entre sus brazos el regalo más grande de la historia. Se miró las manos, y esas manos que le parecían siempre vacías se habían convertido en la cuna de Dios. 

Se sintió amado y, superando la vergüenza, comenzó a mostrar a Jesús a los otros, porque no podía sólo quedarse para él el regalo de los regalos”. 

Por último, Francisco invitó dar amor gratuito y desinteresado a los demás. “Si tus manos te parecen vacías, si ves tu corazón pobre en amor, esta noche es para ti. Se ha manifestado la gracia de Dios para resplandecer en tu vida. Acógela y brillará en ti la luz de la Navidad”. 

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