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El que no sabe esperar, desespera

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Shutterstock | ollyy
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“La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia es la debilidad del fuerte”. Inmanuel Kant

Hoy esta virtud es casi una palabra molesta: “paciencia”.

Esperar se ha vuelto un suplicio para mucha gente en la cultura de la inmediatez.

La desesperación cotidiana es justamente el “des – esperar”. La desesperación ya no es algo que vivan los seres humanos solamente en situaciones trágicas o en verdaderos dramas sin solución, sino que parece un estado cotidiano ante cualquier evento que demore más de lo esperado.

No se quiere esperar a nadie ni nada. Uno podría detenerse a contemplar gente desesperada y profundamente irritada teniendo que esperar para cruzar la calle, para entrar a una tienda que todavía no abrió, para ser atendido en un restaurante, para hacer un trámite administrativo, sacar dinero de un cajero más lento, o al caminar por la calle y tener delante a gente que va más despacio.

Muchos psicólogos y pediatras advierten del riesgo que implica no enseñar a los niños a esperar y satisfacer todos sus deseos de modo inmediato, casi al borde de la desesperación. Algunos entienden que es normal que los niños busquen esta inmediatez y tengan que aprender a frustrarse, para aprender así a esperar y desarrollar la paciencia; pero la gravedad de nuestro tiempo es que los adultos vivimos en forma adolescente o infantil, haciendo “berrinches” porque no obtenemos lo que queremos y en el momento que lo deseamos: “¡lo quiero ahora!”.

Una sociedad de consumo que ha infantilizado a los adultos, que se acostumbraron a confundir sus deseos con derechos y que no están dispuestos a escuchar palabras como:

  • “deberes”,
  • “obligaciones”,
  • “sacrificio”,
  • “responsabilidad” 
  • “paciencia”

Es una sociedad desesperada y permanentemente irritada.

Paciencia para combatir la depresión

Según el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, en su último ensayo “Loa a la tierra”, donde reflexiona a partir de su propia experiencia en el cuidado de su jardín, la espera incierta y el lento crecimiento de las plantas engendran un sentido especial del tiempo, radicalmente distinto de la aceleración de las pantallas en las que vivimos. El tiempo de las plantas hace experimentar al ser humano que todo transcurre más lentamente, como si se dilatara el tiempo.

El tiempo del jardín es un tiempo distinto del que no se puede disponer y acelerar. La experiencia del cuidado de las plantas es para el filósofo una posibilidad para volver a descubrir el silencio, la paciencia y la esperanza.

Estudios recientes en neurociencia y psicología positiva demuestran que cultivar la virtud de la paciencia, como habilidad para mantenerse con paz y fortaleza ante la decepción, la angustia o el sufrimiento, se relaciona con una serie de beneficios para la salud, como la disminución de la depresión.

Algunos investigadores concluyeron en 2012 que las personas más pacientes son más sociales, empáticas, más propensas a mostrar generosidad y compasión, así como a transmitir esperanza a los demás.

¿Cómo ser más pacientes?

En el estudio de la revista Journal of Positive Psychology se identificó que, como toda virtud, no es algo innato, sino que puede desarrollarse y que existen tres formas distintas de expresar la paciencia:

  • Interpersonal: Cuando sabemos mantener la calma frente a personas que están molestas o insufribles.
  • Ante las adversidades de la vida: Cuando ven el lado positivo de las cosas en situaciones dramáticas.
  • Ante las dificultades diarias: Saben lidiar con demoras o situaciones irritantes, manejándolas con buen humor.

¿Qué significa tener paciencia?

La paciencia se manifiesta como perseverancia, como una fe que perdura en el tiempo desde la humildad de saberse limitado. Para vivir con esperanza necesitamos paciencia con nosotros mismos, con los demás y con la vida misma.

La paciencia es atención al tiempo de otro, el tiempo de Dios, el tiempo del que no puedo disponer. Los antiguos Padres de la Iglesia definían la paciencia como la summa virtus y Santo Tomás de Aquino la define como “fuerza respecto a nosotros mismos”.

Cipriano de Cartago comenta en relación con la fe: “Para que la fe y la esperanza puedan llegar a producir frutos, tienen necesidad de paciencia”.

Ser paciente es tener autodominio y serenidad ante situaciones que no podemos cambiar o las cosas no son como esperamos. Es soportar demoras o situaciones molestas sin alterarse. Por esto exige fortaleza y paz interior.

Es aprender a esperar: Las personas pacientes desarrollan una capacidad para ver con mayor claridad el origen de los problemas, los contextualizan mejor y piensan con tranquilidad la manera de solucionarlos.

La paciencia es de hecho un rasgo de madurez psicológica porque se sabe que no todo será como esperamos, que la realidad no siempre es como la queremos. Los pacientes no son pasivos o inactivos, sino realistas.

La paciencia requiere aprender a auto-regularse desde pequeños y en esto la educación de los niños es fundamental, porque quien nunca pudo controlarse para esperar de niño o adolescente, de adulto será insoportable para los demás y para sí mismo.

En el día día

La paciencia no es algo que dependa de un puro voluntarismo, sino que requiere un entrenamiento diario en cosas pequeñas para poder ser paciente en realidades más complejas y duraderas. La vida cotidiana está llena de pequeñas dificultades que no son trascendentales para la vida, sino embargo nos llevan a reaccionar como si fuera el fin del mundo. En esos pequeños acontecimientos cotidianos podemos entrenar la paciencia, aprender a esperar.

No es casualidad que en las relaciones humanas la paciencia sea siempre un signo de madurez y estabilidad emocional.

La excesiva racionalización y planificación del tiempo cronológico, nos ha llevado a acelerar todos los aspectos de nuestra vida, olvidando que hay cosas que no pueden acelerarse sin perder su calidad.

Un ejemplo de ello es la gratificación que siente una persona porque de modo electrónico puede llegar a miles de personas con una tarjeta de saludos o una carta estandarizada. Pero nunca será igual a algo escrito en forma personal dedicado en forma única.

Nunca se alcanza el mismo nivel de relación humana ni de profundidad si se aceleran los modos de comunicación. Si queremos llegar de verdad al otro, necesitamos tiempo.

Muchos hoy no saben qué hacer con su “tiempo libre”, y deseando calma y descanso, cuando llega el silencio y la paz, huyen hacia el ruido y las distracciones, como si no lo pudieran tolerar. Y esto sucede porque la capacidad para detenerse, para esperar sin ansiedad, es algo que hay que volver a aprender.

La desesperación cotidiana de muchas personas tiene que ver con la falta de sentido de la vida y de esperanza. Cuando la vida está orientada por un sentido más alto, los problemas cotidianos se vuelven relativos y menos dramáticos. Por ello quienes saben esperar son portadores de esperanza, de paz y serenidad en medio del mundo. 

Quienes saben cultivar la virtud de la paciencia se vuelven personas más sanas y agradables, capaces de contagiar alegría y buen humor, capaces de poner en orden la propia vida y de saber distinguir lo importante de lo superfluo.

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