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El coraje de un padre viudo en una Venezuela matriarcal

ELEAZAR
Gentileza
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“Dásela a la abuela o a la tía”, me decía todo el mundo. El secreto de un padre para criar a su hija solo y no sucumbir en el intento

Cuando quedó viudo afrontó la situación. Al principio con un poco de incertidumbre. Verse sin su esposa lo colocó en una situación inédita, aunque esperada. Su esposa y madre de su hija había enfermado de un mal del que no se recuperaría.

“Lo primero con lo que tuve que lidiar –cuenta Eleazar- fue con las consejas de los demás: ‘entrega tu hija a su abuela o a su tía’; ‘tú solo no vas a poder’; ‘que te la críen otros’…me asombraba la facilidad con que las personas decían que se la entregara a alguien más, que me deshiciera de ella y la cediera en custodia a otra mujer de la familia, pensando en que probablemente yo no sabría hacerme cargo”.

Pero él venía de una familia de tres varones, su madre –que los crió- y tres hermanos. Ella es andina y los andinos son familias unidas pero las madres son, literalmente, autosuficientes. Todo lo hacen ellas cuando se quedan solas, no importa si las dejan o quedan viudas, simplemente arrancan y no paran.

Así fue la mamá de Eleazar. Los dejaba hacer poco así que, cuando se casó, nunca se ocupó de la casa. No hacía falta, su mujer era como su mamá. Cuando su esposa – con quien lo unía una excelente relación- enfermó, el trayecto hasta su desaparición fue largo. Un cáncer con el que luchó por unos cuatro años, con recuperaciones y recaídas.

En este lapso, Eleazar fue asumiendo responsabilidades hogareñas, a pesar de que ella, aún enferma, seguía haciendo muchas cosas. Sabiendo lo que venía, ella comenzó a prepararlo. “Cuando íbamos al mercado, me enseñaba a escoger las frutas, las verduras, a saber comprar todo lo necesario para la casa. Me percaté pronto de que me estaba preparando para cuando ya no estuviera”.

Cuando su esposa fallece (2002), Eleazar hizo la decisión más importante de su vida: quedarse con su hija. Él y solo él la sacaría adelante. Se sentía capaz de cuidarla, pero completamente incapaz de estar sin ella. Sigue relatando:

“En ese grave momento pensé que si una mujer queda sola, por la razón que sea, ella se las arregla como sea. Tiene habilidades por ser mamá pero el hombre puede desarrollarlas…por qué no? ‘Claro que sí!’, me dije, esto me tocó a mí y tengo que dar la talla. Así que puse manos a la obra y hacer cosas que yo jamás había hecho. Por ejemplo, cocinar, mi reto más terrible porque eso sí que no sabía hacerlo”.

Aprendiendo juntos

Echó manos de los libros y recetas que su esposa había dejado, practicaba, ensayaba, se equivocaba y repetía. Todo eso lidiando con el duelo -que era desgarrador- y una niña pequeña que dependía para todo de él. “Fue muy fuerte, ella apenas tenía 8 añitos y sentía la falta de su mamá. Se llama Oriana. Me tocó ir aprendiendo  sobre la marcha. Con mi hija al lado, aprendíamos juntos”.

En el trabajo fueron muy comprensivos y le permitieron una flexibilidad que le era absolutamente imprescindible. Eleazar trabaja en Caracas en un canal de televisión, al principio en el área técnica y más tarde en la gerencial. Se cambió para el turno de la tarde a fin de tener tiempo de preparar el desayuno a su hija, llevarla al colegio, recogerla y darle almuerzo. Con el tiempo «Nana» fue creciendo, él contrató un transporte colegial y cuando ella llegaba, encontraba su almuerzo listo. En una moto hacía todo más rápido, así que a ella subían ambos para llevarla al colegio y a donde quiera que fuera menester.

 

«Vivía con ella colgada de mí todo el tiempo»

Más adelante, la inscribió en clases de música, luego en flamenco, luego en inglés… todas actividades a las que él la llevaba en su moto. “Creo que toda esa cercanía reforzó nuestra relación y le imprimió seguridad a su personalidad. Éramos ella y yo para todo. Hoy, nuestra relación es hermosa y estrecha, a pesar de que vive lejos”.

También Oriana colaboró mucho con su papá. Comenzó a ir sola a las clases de música. Ella pidió hacerlo para aliviar de tareas a su padre. Tomaba el bus aplicando los consejos que él le daba sobre en cuales paradas subir, en cuales bajar y cómo cuidarse. Pero era un hecho que “vivía con ella guindando a todas partes”.

Por mucho tiempo no quiso pensar en nada más sino en cuidar de su hija. “Tuve algunas parejas a partir de 4 o 5 años de la muerte de Diana pero nunca viví con ninguna de ellas –recuerda-. Luego de diez anos de viudez, conocí a mi actual esposa, Fabiola. De nuevo formé un hogar y tuvimos morochos (gemelos), dos varones.  Por mucho tiempo estuvimos cada quien en su casa pero cada vez pasábamos más tiempo juntos lo que me dio la oportunidad de que mi hija y ella se conocieran y compenetraran”.

Dos carreras en paralelo

Hoy, Eleazar es Gerente de Operaciones y Logística en el canal de televisión, lo que combina con su trabajo como coach. Con todo y la agitación de su vida, casi había conseguido graduarse de psicólogo en la universidad, paralelamente a sus estudios de periodismo, los cuales sí completó. Obtuvo también una certificación de Coaching Ontológico que complementó con cuatro años de preparación como Terapista en Psicodrama, una combinación de psicología, teatro, terapia y otras técnicas. Actualmente, combina perfectamente su trabajo como Coach en Comunicación, sus dos especialidades.

“Aunque los morochos están pequeños, me da tiempo de hacer todo pues Oriana ya es mayor y hay una mamá en casa en la cual me apoyo, nos apoyamos”.

Lo más duro de la crisis

Lo tiene claro: “Mucho me ha golpeado que Oriana se fuera”. Es la tristeza de cada hogar, el ver partir a los hijos en busca de otras oportunidades y horizontes más anchos. “Ella se fue hace tres años para Argentina. Eso me arrancó una parte de mí. Luché mucho por tener de nuevo una familia y compartir todos juntos…y hoy estamos de nuevo separados. Oriana tenía más de 20 años cuando nacieron sus hermanitos. Por fin tenía hermanos y ahora se me va… No los disfrutó. Ella era mi compinche, mi amiga, una mitad, pues. Nos vemos por internet, le muestro a sus hermanos por Wasp para que la recuerden pues son muy pequeños y no pueden retener su imagen si no la ven con frecuencia”.  Paradójicamente, Oriana trabaja con niños en Argentina, da clases de inglés; estudió idiomas y le va muy bien, pero el que no la lleva fácil es su papá, que la extraña cada día.

Cuando nacieron los gemelos, para Eleazar también fue duro: “Eran prematuros y necesitaban cuidados especiales. Me costaba muchísimo conseguir las fórmulas lácteas, el calvario de cada padre con bebés en este país. Me tocó remover cielo y tierra para conseguir los medicamentos. Me las vi negras. Fue duro, sumamente duro -repite-. Imagínate lo que es tener dos bebés que no podían mamar pues su madre ya no tenía leche y no consigues las fórmulas…una locura!”. Hoy, en plena mega-hiperinflación, Eleazar hace de todo por sus hijos: “Hasta he maquillado para fiestas y caracterizaciones, trabajo con dos fundaciones como payaso de hospital, hago lo que sale y, de paso, dreno la vena artística que uno tiene…”

Su mayor satisfacción

Oriana ya es toda una mujer profesional e independiente. Eleazar se explaya, inflado como un pavo real: “Me enorgullece ver como ella se ha podido defender sola, salir adelante en un país que no es el suyo, echando mano de todas sus habilidades pues, además, tiene la música, ella canta, toca piano y flauta, hace teatro, habla cuatro idiomas, es resuelta, colaboradora. Es líder, ya lo había sido acá en la universidad pues fue parte de la dirigencia estudiantil de la Facultad de Humanidades en la UCV.

Eso me satisface como papá. Los morochos son súper pilas, muy despiertos. Crecen, a pesar de las restricciones que la situación del país nos impone a todos y que no existían de esta manera cuando yo salía y viajaba con Oriana. Eran otros tiempos. Ella fue conmigo a muchos lugares, la llevé a Europa, conoció otras culturas. Hoy, mis hijos tienen casi 5 años de edad y espero que pronto se abran para ellos opciones de vida como las que tuvo su hermana, que puedan estudiar, viajar, moverse con libertad y progresar. Eso aspiro. Y mi reto -afirma- es dar a mis hijos una educación como la que pude darle a Oriana. El tema de la comida es serio aunque uno se bandea. Pero si les garantizo educación, podrán tener mañana las mismas oportunidades que disfruta hoy su hermana mayor”.

 

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