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Papa Francisco: Cuidado con entrar en el club de san Pilato

Midas Anim/Shutterstock
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Homilía hoy en Casa Santa Marta

Dos actitudes de los cristianos tibios, “arrinconar a Dios y lavarse las manos”, son peligrosas, “es como retar a Dios”. Si el Señor nos dejara de lado, “nunca entraríamos en el Paraíso” y ay de nosotros “si se lavara las manos con nosotros”.

El Papa Francisco, en la homilía en Santa Marta, relee así el evangelio de Mateo de hoy, sobre el diálogo entre Jesús y los jefes de los sacerdotes, que le preguntan con qué autoridad enseña en el templo.

Jesús, recuerda el Papa, exhortaba a la gente, la curaba, enseñaba y hacía milagros, y así ponía nerviosos a los jefes de los sacerdotes, porque con su dulzura y la dedicación al pueblo atraía a todos hacia sí. Mientras que ellos, los funcionarios, eran respetados por la gente, pero no se acercaban a ellos “porque no confiaban en ellos”.

Por tanto, se ponen de acuerdo “para dejar de lado a Jesús”. Y le preguntan, prosigue Francisco: “¿Con qué autoridad haces esto?”. De hecho “tu no eres sacerdote, doctor de la ley, no has estudiado en nuestras universidades. No eres nadie”.

Jesús, con inteligencia, responde con otra pregunta y arrincona a los sacerdotes”, preguntando si Juan Bautista bautizaba con una autoridad que venía del cielo, o sea, de Dios, o de los hombres.

Mateo describe su actitud, narra el Pontífice: “Si decimos: ‘Del cielo’, nos dirá: ‘¿Por qué no le creyeron?’, si decimos: ‘De los hombres’, la gente vendrá contra nosotros”. Y se lavan las manos y dicen: ‘No sabemos’”.

Esta, comenta Papa Francisco, “es la actitud de los mediocres, de los falsos de la fe”. No solo Pilato se lavó las manos; también estos se lavan las manos: “No lo sabemos”.  No entrar en la historia de los hombres, no implicarse en los problemas, no luchar por hacer el bien, no luchar por curar a la gente que lo necesita… Mejor no. No nos manchemos.

Así, Jesús responde “con la misma música: ‘Tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto’”. Estas son dos actitudes de los cristianos tibios, nuestras – como decía mi abuela – “cristianos al agua de rosa”; cristianos así: sin consistencia. Una actitud es arrinconar a Dios: “O me haces esto o no voy más a la iglesia”. ¿Y qué responde Jesús?: “Sí, sí, apáñate”.

La otra actitud de los cristianos tibios, dice Francisco, es lavarse las manos, como “los discípulos de Emaús en la mañana de la Resurrección”. Ven a las mujeres “alegres porque habían visto al Señor”, y no se fían, porque las mujeres “son muy fantasiosas”, y se lavan las manos. Así entran en el club “de san Pilato”.

Muchos cristianos se lavan las manos ante los desafíos de la cultura, de la historia, de las personas de nuestro tiempo; incluso ante los desafíos más pequeños. Cuántas veces vemos al cristiano avaro ante la persona que pide limosna, y no se la da: “No, no yo no doy porque luego este se emborracha”. Se lavan las manos. Yo no quiero que la gente beba y no doy limosna. “Pero no da de comer …” – “No es asunto mío: no quiero que se emborrache”. Lo oimos muchas, muchas veces. 

Arrinconar a Dios y lavarse las manos son dos actitudes peligrosas, porque es como desafiar a Dios. Pensemos qué pasaría si Dios nos arrinconara. Nunca entraríamos en el paraíso. Y ¿qué pasaría si el Señor se lavase las manos con nosotros? Pobrecillos.

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