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Navidad de posadas: Muchos «José» y «María» tocan sus puertas

POSADA
lilap-(CC BY-SA 2.0)
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Este tipo de alojamiento, que prolifera en el país en sustitución de los grandes y costosos hoteles, es la alternativa para recorrer la geografía, reencontrar a la familia y disfrutar algo de paz

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La posada tienen un significado especial y de gran simbolismo en la Historia de la Salvación. José y María no tenían lugar para hospedarse y el alumbramiento estaba cerca.

Por mucho que la pidieron, terminaron en una gruta de Belén, al calor de una mula y un buey. Allí nació Jesús, humilde y tierno, un bebé que cambiaría la historia y nos mostraría el poder del Amor en la vida de las personas.

En América, las posadas con simbolismo cristiano comenzaron con los primeros evangelizadores. Los frailes realizaban representaciones del peregrinar de San José y la Virgen María a su salida de Nazaret, camino a Belén, para empadronarse en el censo ordenado por el emperador romano.

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Las posadas se inician el 16 de diciembre. Hasta el 24, los grupos solicitan alojamiento en ese alegórico camino a Belén hasta la víspera del nacimiento de Jesús.

Especialmente en México fueron muy famosas y duraderas como costumbre en el tiempo. También en otros países del continente como Venezuela, donde el madrugador novenario de misas de aguinaldo cumplen con esa tradición.

Cada mañana, desde las 5:00, las puertas de los templos están abiertas para recibir a los fieles. Llegan los conjuntos de música, se celebra la Eucaristía animada por voces juveniles e instrumentos típicos y, al final, compartir bebidas calientes y desayuno.

 

POSADA
Rufino-(CC BY-SA 2.0)

Posadas por todas partes

Hoy por hoy, constituyen un recurso turístico de primer orden. No siempre a la mano de quienes las necesitan –por allí pululan los José y las Marías que no tienen cómo pagarlas- pero están diseminadas por todos los rincones.

En la playa o la montaña, en la nieve o la selva, se encuentra este tipo de refugio para pasar la noche o permanecer varios días.  Se supone que son más accesibles al bolsillo común que los grandes y costosos hoteles o complejos vacacionales.

En Venezuela, aunque algunas no lo son tanto, resultan una opción más económica que los hoteles, con sus tarifas imposibles, para alojarse a lo largo y ancho del país.  Así que, en la Venezuela en crisis donde las grandes mayorías no tienen acogida y los centros turísticos de otrora están en declive, la posada es un “llegadero” de alivio.

Las hay lujosas, rústicas, cómodas y románticas, para turismo de aventura y serenas y calladas como para relajarse y descansar. En Venezuela han pasado a ser un emprendimiento con trazos de negocio en toda la extensión de la palabra.

Nuestra geografía de presta para tenerlas hermosas y decoradas con cálida sencillez, pero también con elegancia, empleando los recursos que el ambiente ofrece. Los arquitectos hacen maravillas a partir de espacios reducidos y presupuestos limitados.

Hay paisajes exóticos que permiten estructuras sensuales fabricadas con materiales tomados directamente de la propia naturaleza. Hay lugares cerca del mar que se adornan con la típica piedra porosa y elementos acuáticos, con arena y variedad de caracoles marinos.

En la selva, es común ver los increíbles pájaros de colores, tucanes y papagallos, paseándose entre las hamacas de tejido indígena donde se mecen los huéspedes al regresar de las largas excursiones en curiaras y catamarán por los bosques y ríos circundantes.

El turismo no baja la Santamaría

En plena época de vacas flacas, el turismo es el sector que se niega a sucumbir y se reinventa a cada rato.

Ya lo decía Darwin, que «no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor se adapta a los cambios». El reto es manejarse en una economía con hiperinflación galopante y seguir planificando e invirtiendo con la mira puesta en un futuro mejor.

La isla de Margarita, Caruao, el archipiélago de Los Roques, el Llano, los páramos andinos, las hermosas playas de oriente, el Delta del Orinoco, el Parque Nacional Canaima, el Amazonas y hasta en el cerro El Ávila en Caracas, son destinos donde se levantan cientos de posadas de todos los tipos y para todos los gustos.

Pero en cualquier rincón de Venezuela, la posada se está convirtiendo en una alternativa de emprendimiento familiar de importancia.

El petróleo fue enemigo del turismo. Era más fácil vivir de la renta del llamado «oro negro». Ahora ya no funciona como antes, luego del desastre en que han sumido a la industria de los hidrocarburos.

Por eso, en un país con tantas bellezas el turismo es prioridad, ya no del Estado, sino de la iniciativa de los privados, de los pequeños y medianos empresarios, de las familias que resisten estoicamente con creatividad y empuje.

En el Informe de Competitividad Turística de 2015 del Foro Económico Mundial (FEM), Venezuela ocupa el puesto 110 de un total de 141 países, por debajo de Albania, Kuwait, Nicaragua o El Salvador, por ejemplo.

No obstante, la perspectiva de mejorar está presente: en 2014, según la Organización Mundial de Turismo (OMT), los últimos disponibles sobre Venezuela, sólo 857.000 personas entraron al país. En 1995 fueron 701.000. Eso lo sitúa en Sudamérica por debajo de Bolivia y sólo por delante de Paraguay, Guyana, Surinam y Guyana Francesa.

De moda gracias a las peregrinaciones 

En este país mariano, las grandes fiestas movilizan gente de todo el país. Más en estos tiempos duros cuando, como dijo un obispo venezolano al Papa Francisco en visita a Roma hace pocos años: «el venezolano está rezando como nunca».

La Divina Pastora (Lara), La Chinita (Zulia), la Virgen Del Valle (Margarita), Nuestra Patrona, la Virgen de Coromoto –por solo citar algunas de ellas- son peregrinaciones multitudinarias. En su mayoría, las personas que llegan -a menos que sus familias sean del lugar y les den cobijo-, buscan posada.

En estos tiempos navideños, las playas, la selva y los Andes llaman al esparcimiento y la compañía de la familia. Despejarse de tanta tensión es obligado, hasta para tener la calma y el recogimiento necesarios para vivir la Navidad con espíritu cristiano.

La posada será el cobijo para tantos venezolanos que dejarán sus lugares de vida y trabajo para pasar unos pocos días distintos y merecidamente tranquilos.

 

 

 

 

 

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