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Rito amazónico: ¿Por qué causa tanto estupor su creación?

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La Iglesia católica tiene 23 ritos distintos…

Muy pocos obispos en América Latina pueden presumir el palmarés de Felipe Arizmendi con respecto a los pueblos originarios del continente.

La hoja de servicios de este obispo, actualmente emérito de San Cristóbal de las Casas (Chiapas), incluye numerosas traducciones de los textos sagrados a lenguas indígenas, seminarios sobre teología indígena y una amplia experiencia en una diócesis cuya composición indígena es mayoritaria.

Este obispo ha querido salir al paso de quienes –desde una visión hispanista— han visto como un peligro para la Iglesia católica y para “el depósito de la fe” la propuesta del reciente sínodo de los obispos de crear un “Rito amazónico”.

El Concilio Vaticano II abrió espacios para el pluralismo litúrgico en el cual se puedan dar variaciones y adaptaciones legítimas para los diversos grupos y pueblos.

Debemos dar una respuesta auténticamente católica a la petición de las comunidades amazónicas de adaptar la liturgia valorando la cosmovisión, las tradiciones, los símbolos y los ritos originarios que incluyan dimensiones trascendentes, comunitarias y ecológicas”, ha escrito en un reciente comentario el obispo Arizmendi.

El prelado mexicano –quien recibió en su calidad de obispo de San Cristóbal de las Casas al papa Francisco en su viaje a México y en concreto en su visita a esa población indígena fronteriza con Guatemala—recuerda que en la Iglesia católica existen en la actualidad 23 ritos diferentes.

Para él, eso es un “signo claro” de una tradición que desde siempre ha querido adaptar los contenidos de la fe y su celebración “a través de un lenguaje lo más coherente posible con el misterio que se quiere expresar”.

La misión de la Iglesia, justamente, se explica en el trabajo para “inculturar la fe” y para que este proceso “se exprese en las formas más coherentes, a fin de que también pueda celebrarse y vivirse según las lenguas propias de los pueblos amazónicos”.

En lugar de discutir, lo que urge, según el obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, no es otra cosa sino formar comités de traducciones y redacción de textos bíblicos y litúrgicos en las lenguas propias de los diferentes lugares, con los recursos necesarios, preservando la materia de los sacramentos y adaptándolos a la forma, “sin perder de vista lo que sea esencial”.

Respetar y promover el genio de los pueblos originarios

El nuevo organismo amazónico, lejos de presentarse aislado de la realidad de esta vastísima región sudamericana, deberá estudiar y dialogar, según usos y costumbres de los pueblos ancestrales, la elaboración de un rito amazónico, que exprese el patrimonio litúrgico, teológico, disciplinario y espiritual amazónico, con especial referencia a lo que la Lumen Gentium afirma para las Iglesias orientales.

Esto se sumaría a los ritos ya presentes en la Iglesia, enriqueciendo la obra de evangelización, la capacidad de expresar la fe en una cultura propia y el sentido de descentralización y de colegialidad que puede expresar la catolicidad de la Iglesia. También podría estudiar y proponer cómo enriquecer ritos eclesiales con el modo en que estos pueblos cuidan su territorio y se relacionan con sus aguas”, dice en su reflexión Arizmendi.

Y lo dice con conocimiento de causa, ya que estas consideraciones y propuestas están en conformidad con lo prescrito, hace 56 años, el 4 de diciembre de 1963, por el Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre Liturgia:

La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la liturgia; por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos”.

Y más adelante el Concilio subrayó que la Iglesia “estudia con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces los acepta en la misma liturgia, con tal de que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico”.

De acuerdo con su experiencia, Arizmendi señala que el primer paso para esa inculturación litúrgica es celebrar los ritos en los idiomas propios de los pueblos, “pero hay muchos sacerdotes que se resisten a ello”.

Se debe comenzar con hacer traducciones de la Biblia y la Liturgia de conformidad con las normas de la Iglesia y luego adaptarlas al contexto regional.

Un retraso monumental

Pero el retraso es histórico. Arizmendi refiere una plática con un alto cargo en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos quien señaló que, salvo el zaireño, ningún otro rito posconciliar ha sido aprobado por esa Congregación.

El papa Francisco presidió ese rito en la Basílica de San Pedro, con fieles de la República Democrática del Congo.

En lo esencial, es el rito romano, con algunas adaptaciones, semejantes a las que hemos hecho en pueblos originarios de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, que ya fueron aprobadas por nuestra Conferencia Episcopal y que esperan, desde hace varios años, la recognitio de Roma”, reflexiona el obispo Arizmendi.

Recuerda que algunas de esas adaptaciones se usaron en la Misa que celebró el Papa en su visita a la diócesis de San Cristóbal el 15 de febrero de 2016, con el consentimiento previo de los ceremonieros vaticanos.

Nos dicen de Roma que nuestro rito es el segundo, a nivel mundial, que se ha presentado; por eso allá lo están estudiando con cuidado. ¡Cuánto nos falta por avanzar en inculturación!”.

Obispos y demás agentes de pastoral, dice finalmente Arizmendi, deberían estar dando los pasos necesarios para traducir la Biblia a idiomas originarios y para inculturar la liturgia, proponiendo las adaptaciones que sean acordes a la fe y a la liturgia romana, así como a la cultura de esos pueblos.

Y remata su comentario al respecto del estupor que ha causado el Sínodo y la posibilidad de un “Rito amazónico”: “Es un derecho de ellos y una obligación de sus pastores. Es el camino de Jesús y de su Espíritu en su Iglesia. No impongamos una liturgia hispanizada, ni destruyamos culturas originarias”.

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