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Los nacimientos en España están en caída libre

Bébé
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O se ayuda en serio a las familias, o no cabe otra alternativa que recurrir a la inmigración

En España los nacimientos llevan cuatro años de descensos, de modo que el índice de natalidad se sitúa entre los diez más bajos del mundo, con 7,9 nacimientos por cada mil habitantes, cinco décimas menos que en 2017, según informó el Instituto Nacional de Estadística (INE) en cifras correspondientes a 2018. España está muy lejos del reemplazo generacional, pues sólo alcanzó 1,25 hijos por mujer en 2018, cuando es necesario 2,1 hijos por mujer, según Naciones Unidas.

El número de nacimientos en 2018 (fueron 369.302) ha caído en cerda de un 30 por ciento desde 2008 en que nacieron 519.779 niños y niñas, y es el número más bajo desde 1941. Además, el 20,6 por ciento de nacimientos fueron de madre extranjera. Si se contempla la nacionalidad, las españolas tienen 1,19 hijos por mujer, frente a 1,63 hijos por mujer extranjera residente en España. La edad media de la maternidad sube cada año y se situó en 32,2 años en 2018, o sea que las mujeres retrasan cada vez más la maternidad.

Al mismo tiempo, se retrasa la edad de los matrimonios, la cual pasó de 31,5 años en las mujeres en 2008, a 35,3 años en 2018. Los matrimonios civiles aumentan sobre los matrimonios religiosos, y mientras en 2008 se igualó la cifra, en 2018 los matrimonios civiles fueron 122,472 y los religiosos (católicos) 37.859. El número de matrimonios también ha descendido en los últimos dos años.

Según un estudio elaborado por el Instituto de Estudios Superiores de Empresa (IESE Business School) de la Universidad de Navarra sobre “Maternidad y trayectoria profesional”, e l 66 por ciento de las mujeres en España tienen un solo hijo, el 29,4 por ciento tiene dos hijos, y solo el 4’2 por ciento tiene tres hijos.

Y esto es más grave cuando más del 50 por 100 de hombres y mujeres encuestados asegura que hubieran tenido más hijos, pero han tenido que renunciar por la falta de apoyos de los gobiernos y de las empresas, y también por tener unos horarios escolares poco adecuados.

Paralelamente, según el INE, aumenta la esperanza de vida que pasó de los 81,3 años en 2008 a 83,2 años en 2018, y al mismo tempo se redujo a 2,9 por mil la tasa de mortalidad infantil. Aun así, el crecimiento vegetativo ha sido negativo en los últimos cuatro años (excepción hecha del año 2016 en que se registró solo una diferencia de 503 personas entre nacimientos y defunciones). Los matrimonios de parejas del mismo sexo representaron el año pasado el 2,9 por 100.

Aunque las cifras son muy frías, como siempre, estas vienen a ser el retrato de la situación familiar en España, con una población cada vez más envejecida, con un miedo a tener hijos (por muchas causas, pero la más importante es la gran dificultad que tiene la mujer de conciliar el trabajo con la maternidad y la precariedad laboral entre los jóvenes).

Hoy las jóvenes parejas necesitan dos sueldos, dada la precariedad laboral, y por ello la mujer se ve obligada a “no arriesgar” su trabajo a causa de la maternidad. Cabe preguntarse cuántas ayudas hay a las familias en España. Muy pocas, dice el 96 por 100 de las mujeres encuestadas, y la familia es penalizada muchas veces. La catedrática y experta en conciliación familiar, Nuria Chinchilla, asegura que en España tener un hijo “es una decisión de alto riesgo” para la mujer, por sus repercusiones laborales y de todo tipo.

El materialismo en busca del bienestar individual y familiar es la causa de que muchas familias, a pesar suyo, no puedan tener más hijos. Sir ir más lejos, vi una mujer con un niño de cerca de un año y medio que compraba en una gran superficie comercial. La mujer se llamaba Blanca. Una dependienta, al verla con el niño -en realidad era guapo—le pidió delicadamente tener el niño en sus brazos un momento. “Yo tengo un hijo, pero me gustaría tener más…”, se excusó la dependienta. “Pues yo espero el segundo”, dijo Blanca… Y se despidieron.

Si España quiere cambiar el signo de su desastre demográfico, debe ayudar a las familias. Sin una ayuda eficaz a las familias y a las parejas jóvenes, el único recurso posible es avanzar hacia una inmigración proporcional a la caída demográfica. Y esta ayuda no debe venir solamente, según Nuria Chinchilla, de las administraciones públicas, sino de las empresas, de los sindicatos y de la propia sociedad civil.

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