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“Espera hasta los 14 años a tener tu smartphone”

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Shutterstock | antoniodiaz
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Parece increíble, pero algunas familias lo consiguen. ¿Cuál es el secreto?

No regalar el smartphone antes de los 14 años. Parece imposible, tal y como están hoy las cosas. Sin embargo, algunas familias lo consiguen. ¿Cuál es el secreto? En realidad, deben darse una serie de factores. Te los explicamos:

1
Un reto para familias con iniciativa

 

Hay que prepararse para este proyecto antes de que el niño tenga su primer móvil y además para este propósito deben estar unidas varias familias. Solo así es posible lograr una hazaña semejante. Cuando al menos 10 familias con niños menores de 4 ó 5 años se ponen de acuerdo para alcanzar este objetivo las posibilidades se amplían.

Es esta una tarea que debe ser acompañada de una parentalidad atenta que no deja casi nada al azar. Por ejemplo, la literatura científica dice que los hábitos en el consumo de pantallas se forjan en los primeros años de vida y a partir del ejemplo de los padres.

Las pantallas en casa deben estar entonces gestionadas con sumo cuidado y criterio. La televisión debe tener sus momentos oportunos pero no nunca debe convertirse en el pozo en el que caemos cuando no sabemos qué hacer con los pequeños. Eso asimismo supone tener el tiempo familiar organizado.

Desde el plano más sencillo –sueño, higiene, comidas, juego, escuela- hasta el plano más ligado a un meticulosos proyecto educativo familiar: promover el orden, la serenidad, organizarse con antelación, enseñar a jugar a los niños, ser modelos lectores, ser capaces de organizar actividades al aire libre, predeportivas, de naturaleza y cultura. Y un largo etcétera.

Eso exige un esfuerzo que queda muy compensado cuando se cuenta con unas cuantas familias que reman en la misma dirección. Esas diez familias mencionadas más arriba forman un consejo que sabe apoyarse en la escuela y que sabe formarse a veces por su cuenta. Familias con iniciativa pues se reúnen y proyectan. Se hacen preguntas y se las resuelven compartiendo las mejores prácticas. 

Permítaseme alguna difícil condición más: el lugar de descanso en las vacaciones. Es muy difícil, lo sabemos, pero la presión del ambiente es tan estresante e ubicua que hay que arremangarse y trabajar. Los resultados son altos pues existen experiencias. Pocas experiencias pero suficientes como para ser optimista aunque está claro que nada viene regalado.

Una alternativa estadounidense, que no debe ser suscrita en su totalidad: https://www.waituntil8th.org/

2
Andar a contracorriente

 

Regresemos al planteamiento inicial del artículo: hay que lograr que la infancia de nuestros hijos no quede absorbida por el mainstream, por el ambiente, por la dejadez o la frivolidad. Y esos requiere no esperar que una sociedad como la nuestra eduque a los hijos desde los media, desde las pantallas. Y el capítulo del smartphone es vital.

Un smartphone en manos de un niño de 8 años es capaz de acabar con su infancia en tres semanas: este no es el lugar de hablar de adicciones, de la capacidad distractora de estos dispositivos. Ni del tema de la higiene del sueño o los trastornos alimenticios o los posibles efectos a largo plazo en el cerebro. Ni tampoco del cyberbullying ni de las relaciones humanas sanas, y no tóxicas, que necesita todo adolescente. 

No es el lugar, pero estos aspectos hay que tenerlos presentes. El negocio digital se ha vuelto muy agresivo y hay que ponerse las pilas. Llegar antes. Y hay que formar a los hijos para que estén preparados para ser ciudadanos comprometidos, cívicos, y críticos con la ola que invade nuestras vidas: unas pantallas omnipresentes que capturan (para ser suaves) nuestra atención hasta límites insospechados. 

Y las alternativas comienzan a emerger. No para imitarlas pero si para pensar: http://www.aceprensa.com/articles/la-opcion-benedictina-en-la-vida-real/

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Familias con alternativas

Hay que actuar y no en un plan prohibicionista sino alternativista. ¿Qué significa esto? Pues que hemos de llegar antes, si llegamos tarde la alternativa es prohibir. Y eso no es educativo.

Si nos comprometemos con una cultura familiar activa, emprendedora y sobre todo compartida las cosas cambian. Una cultura familiar que se sabe sabia y diferente y no se avergüenza por ello de ser la alternativa. 

Una cultura familiar que busca tomar la delantera y a la que se le ocurren ideas como por ejemplo viajes compartidos a lugares tan educativos como el bosque de hayas más cercano en otoño o la visita a un monumento como una catedral gótica. La visita a una catedral gótica exige una preparación previa y un clima de asombro ante la belleza que no se improvisa.  Eso es ser una familia alternativista.

Es decir: unas familias alternativistas mancomunadas que cuando llegue el día de señalar que el smartphone debe esperar a los 14 tienen todos los argumentos en la mano. Y un argumento es que aunque todos los niños tienen smartphone los hijos de las familias mancomunadas no lo tienen. Y ese mutuo apoyo es oro. Esa red de apoyos familiar es vital pues señala que algo que parece imposible  es realizable. 

Y esto es posible porque  este niño o niña de 9 años sabe esperar, es reflexivo, y ha vivido una atmósfera familiar donde la lectura es frecuente, donde escuchar música de un modo compartido no es extraño, una familia que ha educado la autorregulación de los hijos a partir de mucho ejemplo parental y mucha tenacidad en repetir y repetir los pasos para adquirir esos hábitos. 

4
Compromisos familiares

Además es bueno funcionar con compromisos familiares que no deben estar escritos y firmados sino que son el resultado de la fidelidad a la palabra dada. Y este es un compromiso que se puede institucionalizar cuando los niños comienzan a reclamar a los 6 ó 7 años un móvil (pues lo ven en todas partes).

Es decir, expresar este acuerdo y alcanzar un consenso: “Papa y mamá tiene un móvil para asuntos importantes y ya veis que los usamos poco. Creemos que es bueno ser austero con el móvil y por eso os avanzamos que el móvil en esta casa y entre nuestros primos y familias amigas no se adquiere  hasta los catorce años”.

“Y además el uso estará prefijado con unas normas que iremos explicando para que no os ahoguéis en el smartphone”. Sólo una familia que sabe ahogar el mal en abundancia de bien, que es propositiva, alegre, emprendedora, que forma a sus hijos uno a uno y que además hace de la adquisición de virtudes un camino atractivo es capaz de salir adelante.

5
Austeridad y ocio

Austeridad: esa es una de las claves. Solo una familia razonablemente austera puede afrontar estos retos. Y ser austero no significa vivir aburridamente. El ocio familiar, se viene proponiendo desde el inicio, no debe ser pautado por un mundo que lo mercantiliza casi todo.

De hecho estamos en un mundo que económicamente está monetizando la atención (Attention Economy). Y la atención de los hijos debe andar dirigida a lo mejor, a la excelencia, a la belleza.  La publicidad los busca denodadamente y nosotros debemos preservarlos hasta que ellos sean críticos y autónomos.

Y esta atención se educa ante la voluntad deseducarora  –la industria del ocio es así y le preocupa muy poco los intereses educativos de las familias concretas- del gran negocio digital, de las Big Tech que solo quieren el beneficio a corto plazo.

6
Familias con planes a largo plazo

Y en familia no se ha de ser cortoplacisa sino largoplacista. Lo contrario que propone el mercado tecnológico-digital. Poco a poco, lentamente. Ir fraguando los valores familiares. Y en el ocio, entre otros planos.  

Y ahí emerge la familia, las familias, que charlan y juegan, que enseñan a jugar autónomamente. Que ponen en marcha el motor del auto-juego. Que les leen a los hijos. Que saben sacarle todo el partido a los juegos de mesa que los hay no divertidos sino divertidísimos. Es más: desternillantes.

Un niño puede jugar horas con sus muñequitos, con sus construcciones sino es contaminado por un exceso de pantallas encendidas en el hogar.  Un niño lee si vive en un ambiente lector y leído. Un niño de más edad sale a la montaña si le acompañan y acaba tomándole gusto a los retos. Se puede si se quiere y es una gran inversión de cara al futuro.

Todos podemos imaginarnos como mejora el estudio, la vida, el orden, las amistades de un niño, de un chico que no pierde horas ante las pantallas.  Sólo hay que empezar. 

Sobre el tema de la cultura familiar: https://ifstudies.org/blog/creating-a-healthy-family-infrastructure

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