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¿Hay diferencia entre la autocompasión y el victimismo?

weeping woman
popcorn - Shutterstock
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Un caso extraído sobre de la experiencia de la autora en el consultorio familiar de Aleteia: un noviazgo truncado enseña que es posible rectificar.

— Mi novio me dejó cuando ya habíamos hablado de matrimonio… ¡Jamás pensé que esto pudiera pasar! No sé cómo aceptarlo. Era el amor de mi vida, el ser que más admiraba, y quien me hacía sentir plena y segura de mi existencia en todos los sentidos…  ¡Cómo olvidarlo!

Quien así se expresaba en lágrimas en el consultorio, era una joven profesional, cuyo novio había decidido dar por terminada la relación de tres años, después de regresar de un viaje de estudios en el que había conocido a “alguien”.

— Ciertamente es una dura pérdida por la que se vale llorar —le dije, extendiéndole un pañuelo para que secara sus lágrimas.

— No entiendo qué fue lo que hice mal y no me lo perdono —agregó entre sollozos, en los evidentes indicios de una depresión.

— Entiendo tu autocompasión. Es parte de un proceso normal de duelo, y será saludable siempre que sea una situación transitoria, pues debe tomar la determinación de superarla positivamente —le aclaré.

Fue una primera entrevista de lágrimas y desahogos.

Luego, en posteriores sesiones, se abrió al diálogo conteniendo su emocionalidad, mientras fue comprendiendo que una cosa es la autocompasión razonable, por la que era justo y necesario que se atendiese a sí misma, para superarse íntegramente, y otra muy distinta la autocompasión estéril o victimismo, como un sentimiento negativo por el que se pueden despertar simpatías, recibir consejos o ciertos consuelos, pero que, en sí, no sirven para resolver la adversidad.

Se hacía necesario atender una dimensión distinta del problema.

WOMAN,SAD,DEPRESSED
Shutterstock

Se trataba de enfrentar sentimientos que estaban ahí, agazapados, a la sombra de una relación que se había terminado, tales como inseguridad, dependencia emocional y un cierto exceso de indulgencia con los propios errores.

Condiciones de su persona que se habían incubado en esos tres años de relación, porque el amor a su novio se había convertido en la razón última que daba sentido a toda su vida, dejando su autonomía a la deriva.

Fue por eso que la decepción la había alcanzado y abarcado plenamente.

Necesitaba ahora la valentía de enfrentar un proceso interior, para recuperar la confianza en sí misma, y descubrir los cimientos sobre los cuales recuperar y edificar su propia y verdadera existencia.

Quedó claro que antes de iniciar noviazgo se sentía segura y dueña de sí misma, lo que le allanó el camino para conquistar a su novio, luego vino el error de considerar que tal conquista, había sido una vez y para siempre, por lo que descuido en ella su personal atractivo.

Ahora se daba cuenta, de que la seguridad y el brillo de su existencia vividos en esos tres años, no habían sido propios, pues en ese tiempo solo había reflejado la luz que provenía de su ex novio, por lo que una vez terminada la relación todo en ella se volvió gris.

Hubo de reconocer, que la intimidad de su ser único e irrepetible se había empobrecido, y que, el truncado “amor de su vida”, tal como los había vivido, en realidad dejo de pertenecerle sin que apenas lo notara.

SAD; WOMAN; TRISTE
© Africa Studio - Shutterstock

¿Qué hacer?

No lo que hacen algunas personas que a tras un fracaso sentimental, optan por refugiarse pronto en alguien que sustituya al ausente, como buscando apoyo para recuperar una huidiza felicidad, comportándose cual inválidos emocionales.

Y claro, vuelven a equivocarse aumentado su frustración, inseguridad y sufrimiento.

Se trata más bien, de relacionar estrechamente la felicidad  a una actitud que saque provecho hasta de la adversidad, por lo que, lo acertado en quien pasa por una experiencia así, es ante nada encarase consigo misma, y aceptar que la verdadera fuente de su infelicidad, muy probablemente se encuentra en ella misma, en su falta de autoestima.

Por lo que se debe abandonar una errónea autocompasión, para recuperar el verdadero atractivo de quien es capaz de presidir todos sus afectos, a golpes de voluntad.

Como si, sufriendo un accidente de tráfico, en vez de echarle la culpa al camino, al clima o al otro conductor, lo que hacemos es aprender de nuestra parte de responsabilidad, y tomar diferentes y mayores precauciones, para no repetir la experiencia. Con esta actitud debemos afrontar los infortunios.

Tras un desengaño amoroso, en lugar de lamentarnos, lo que debemos hacer es revisar nuestras fuentes de autoestima, para que el correcto amor a nosotros mismos, no dependa en un futuro del amor del otro, sino que lo fortalezca.

El amor que somos capaces de sentir por otro, procede del recto amor que sentimos por nosotros mismos. Santo Tomás De Aquino

 

Consúltanos en: consultorio@aleteia.org

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