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Padres e hijo, juntos en el colegio… y los mejores de la clase

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¿Acaso puede haber mejor escolta? En países como Argentina están terminando las clases… Y surgen bellas historias en medio de los desafíos educativos

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Juan Pablo Micchia, de 18 años, tuvo dificultades para cursar sus estudios primarios y secundarios con normalidad por un osteosarcoma. Su papá Juan Manuel había tenido que dejar la escuela a los 12 años, cuando empezó a trabajar. Algo similar le había ocurrido a su mamá Pabla de Coll, al punto que ella ni recordaba cuándo había dejado el colegio. Pero ninguno de los tres renunció a terminar el colegio y juntos se embarcaron en una aventura conjunta que hoy los tiene como los mejores de su clase.

La familia cursa sus estudios secundarios en la Escuela Provincial de Educación Técnica (EPET) 36, de Itaembe Mini Posadas, Misiones. Y este año, previo al último año de cursada, se encontraron con un resultado que enorgulleció a la institución entera. Juan Pablo tenía el mejor promedio, 8,81, por lo que como ocurre en la Argentina, recibió el honor de portar la bandera nacional en los actos y ceremonias. Los siguientes mejores promedios correspondían nada menos que a sus padres, 8,44 de Pabla y 8,19 de Juan Manuel, por lo que fueron designados escoltas.

 

SCHOOL

 

Además del promedio, se considera que no hayan tenido problemas de conducta ni antecedentes de violencia, que no se hayan demorado en la aprobación de las asignaturas, y que cumplan con el código de convivencia. En todo se destacaron.

“No faltaron en todo el año. Vinieron con lluvia, con tormenta. Son muy aplicados los tres. Realmente no tenemos más que alabanzas para decir de ellos. Es una familia ejemplar, personas excelentes, con muy buenos valores. Que los tres tengan promedios arriba de ocho es muy loable”, expresó al portal Infobae la vicedirectora Rossana Aguirre.

La familia Micchia asiste a clase regularmente en el taxi que maneja Juan Manuel, cada noche. Se trata de una modalidad de cursada nocturna y reducida a tres años, en la que durante el primer año cursan el equivalente a los primeros dos años de Secundaria, en el segundo el tercer año, y los contenidos del 4to y y 5to en el último año, el que tiene por delante la familia de abanderados.

“Volver a clases después de treinta, cuarenta años de dejar el colegio es difícil. Pero no es imposible, se puede. Tuvimos mucha ayuda del colegio, de los vecinos y fundamentalmente de mi hijo”, relató Pabla, quien reconoció que durante la cena, cuando algunos de los dos adultos no entiende algo en clase, cuentan con el inestimable refuerzo del abanderado del curso.

Integran la familia además Franco, de 19 años, y Agustín, de 21, ambos cursando estudios universitarios. Juan Pablo sueña por delante con estudiar Medicina, aunque Pabla ya aclara que piensa continuar sus estudios más allá del Secundario.

La aventura educativa de la familia Micchia cobra valor además a la luz del tratamiento que debió enfrentar Juan Pablo ante su cáncer de hueso, que supuso, entre otros esfuerzos, el traslado a Buenos Aires durante un año entero. A 1000 kilómetros de distancia, salieron adelante. Y hoy, ya en su provincia, siguen demostrando que no hay límites para una familia unida.

 

 

Un desafío mayúsculo

Distintos programas del Estado argentino, tanto a nivel nacional como provincial, enfrentan uno de los grandes desafíos contemporáneos para el país. Sólo en la provincia de Buenos Aires, por poner un ejemplo, más de 3.5 millones de bonaerenses económicamente activos no había terminado su ciclo educativo hasta el inicio de este año. El bajo nivel educativo de los padres repercute directamente en el de los hijos, graficó la evaluación Aprender 2017, y en la formalidad del trabajo.

 

 

 

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