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5 ideas de Benedicto XVI que Francisco aplica y es tildado de “comunista”

L'Osservatore Romano
Um dos encontros entre Bento XVI e Francisco.
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Aniversario de la encíclica “Caritas in veritate”, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad.

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

Tras diez años de su publicación, la Encíclica “Caritas in veritate” (Caridad en la verdad) de Benedicto XVI, sigue más vigente que nunca y es el eslabón del pensamiento social de papa Francisco, quien cita a su predecesor en cada ocasión y, sin embargo, es criticado por enemigos acérrimos, tildado como el ‘papa comunista’.

Papa Ratzinger exhortó al desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, incluso denunciando lo inmoral de la especulación financiera tras la crisis de 2008, e invitó a una globalización abierta a la trascendencia, al respeto de los migrantes, al uso de energía renovables, también tela del discurso de papa Bergoglio.

En efecto,  ahora escuchamos la angustiada denuncia de una “economía que mata” y que contradice el verdadero desarrollo, asimismo promulgado por Benedicto XVI, quien instó a que la caridad sea “la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia”. Incluso, sorprenderá, pero fue el Papa que propuso una reforma agraria.

Además, porque la subsidiariedad, reafirma, “es el antídoto más eficaz contra toda forma de asistencialismo paternalista” y es más adecuada para humanizar la globalización.

El pontífice alemán explora la acción moral que sigue los criterios del bien común y de la justicia. “Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis. Ésta es la vía institucional del vivir social”.

Por su parte, Francisco, recibe criticas porque con sus mensajes toca los nervios descubiertos de la mala política o de la actividad amoral de gobiernos europeos que venden armas, pues un pastor, según sus opositores, debería vivir marginalmente la polis, citada por Benedicto, y predicar a los cielos, sin incidencia concreta.

Asimismo, “Populorum progressio” de Pablo VI influencia a Ratzinger, lo hace con Bergoglio y se reafirma en “Caritas in veritate que vuelve sobre “la importancia imprescindible del Evangelio para la construcción de la sociedad según libertad y justicia”.

Por eso, cuando Benedicto XVI exhorta a los Estados ricos a “destinar mayores cuotas” del Producto Interno Bruto para el desarrollo, el acceso a la educación y abandonar el relativismo que condena al pobre a ser más pobre, no se habla – insistimos- de socialismo, sino de Doctrina Social de la Iglesia.

Se trata de la misma fuente de la que bebe también el papa Francisco y hace que sus palabras estén en sintonía con su predecesor, cuando denuncia por ejemplo el desarrollo humano desigual y que promueve incluso el “fenómeno perverso del turismo sexual”. “Es doloroso constatar –asegura Ratzinger- que se desarrolla con frecuencia con el aval de los gobiernos locales”.

ENERGY
Shutterstock | Goodmorning3am
  1. Energías renovables y desarrollo pensado en función de la persona

“La fe cristiana se ocupa del desarrollo no apoyándose en privilegios o posiciones de poder (…) sino solo en Cristo”. El Papa emérito explicaba que “las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material”. Por el contrario, la raíz del atraso y la pobreza se encuentran en la “falta de fraternidad entre los hombres y los pueblos”. Francisco prosigue denunciando la ‘globalización de la indiferencia’.

Benedicto también reflexiona sobre las problemáticas energéticas. “El acaparamiento de los recursos” por parte grupos de poder, denuncia, constituyen “un grave impedimento para el desarrollo de los países pobres”. (…). “Las sociedades tecnológicamente avanzadas pueden y deben disminuir la propia necesidad energética”, al mismo tiempo que debe “avanzar la investigación sobre energías alternativas”.

© Cristina QUICLER / AFP
  1. La actividad financiera especulativa

“Caritas in veritate”, expone las falencias del desarrollo humano en nuestro tiempo comenzando por la actividad financiera que Francisco expone es irreformable porque le ‘falta alma’. “El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza”. Así, Ratzinger denunció la actividad financiera “en buena parte especulativa”.

Incluso, abogó por “la reforma” de la ONU y “de la arquitectura económica y financiera internacional”. Apremia por “la presencia de una verdadera Autoridad política mundial» (…) que goce de “poder efectivo”.

  1. Flujos migratorios, nuevas pobrezas

Benedicto XVI, recordó en “Caritas in veritate”, los flujos migratorios “frecuentemente provocados y después no gestionados adecuadamente o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra”. También temas que Francisco representa en Laudato Si’ y en sus llamados internacionales al cuidado de la Casa Común y la fraternidad hacia los últimos.

Se trata de una interconexión de problemas,  que – según Ratzinger – necesitan de  “una nueva síntesis humanista”, comprobando que “crece la riqueza mundial en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades (…) y nacen nuevas pobrezas”.

El Papa emérito afrontaba al fenómeno de las migraciones con la misma determinación de Francisco. Todo emigrante, sostiene “es una persona humana” que “posee derechos que deben ser respetados por todos y en toda situación”.

AGRICULTURE
Shutterstock-Dr Morley Read
  1. La homologación cultural y una reforma agraria

Papa Francisco denuncia la homologación cultural de una globalización que, en cambio de ser un poliedro, es una esfera, donde resbala la riqueza de la diversidad de los pueblos y de las personas.

En este sentido, Ratzinger denuncia el riesgo de “un eclecticismo cultural” donde las culturas se consideran “sustancialmente equivalentes”. El peligro de “rebajar la cultura y homologar los (…) estilos de vida”. El Papa alemán  rememora “el escándalo del hambre” y llama a una “una ecuánime reforma agraria en los países en desarrollo”.

Benedicto dice respecto a la globalización, que no se debe entender solo como “un proceso socio-económico”. (…) La globalización necesita “una orientación cultural personalista y comunitaria abierta a la trascendencia (…) y capaz de corregir sus disfunciones”.

© Patricia DE MELO MOREIRA / AFP
  1. Civilización de la economía

Asimismo, Benedicto XVI pide el respeto por la vida y cuestión que no puede separarse de modo alguno “de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos”. “La economía  tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de cualquier ética sino de una ética amiga de la persona”.

Benedicto XVI insiste, por su parte, en la fraternidad, en el desarrollo económico. Francisco también habla de redescubrir la gratuidad. De hecho, el tercer capítulo, de Caritas in veritate inicia con un elogio de la experiencia del don, no reconocida en el mundo materialista y egoísta, “debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. (…) El desarrollo, (…) si quiere ser auténticamente humano, necesita en cambio dar espacio al principio de gratuidad”.

La lógica mercantilista debe ser “ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política”, dice Benedicto XVI, que cita, y no es una casualidad, a Juan Pablo II en su encíclica “Centesimus annus” que señala “la necesidad de un sistema basado en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil” y espera en “una civilización de la economía”.

Los papas abrazan la Doctrina Social de la Iglesia inspirada en el Evangelio, pues la “bandera de los pobres”, como dijo una vez el Papa latinoamericano, no puede ser robada por una ideología.

A esto, cabe citar a Benedicto XVI que indica hacen falta “formas de economía solidaria” y “tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco”. Por eso, Francisco considera que la política es la más alta forma de caridad y no debe doblegarse a la lógica del ‘dios dinero’.

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