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Dime qué ves y te diré quién eres

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Shutterstock | Chameleonseye
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3 consejos para cuidar tu dieta audiovisual

Se están poniendo de moda algunas aplicaciones que, con tan solo hacer una foto a la etiqueta, te dicen si un producto alimenticio es saludable o si no. Tengo un amigo muy aficionado a una de estas aplicaciones, que me repite: “Somos lo que comemos, Juan. Uno no puede ir por ahí comiendo cualquier cosa”.

Pues bien, creo que la frase de mi amigo –somos lo que comemos-, se aplica también a nuestra alma, a nuestro corazón. Nuestra dieta audiovisual -las películas y series que vemos, las historias con las que nos emocionamos, los vídeos con los que nos entretenemos-, va configurando progresivamente nuestra personalidad, influyendo decisivamente en nuestra forma de pensar y de sentir. Forzando un poco el refranero, podríamos afirmar: “Dime qué dieta audiovisual consumes, y te diré quién eres”.

Si te gusta el humus cultural y antropológico que domina los medios de comunicación occidentales –cuando digo humus me refiero al sustrato, no a una comida árabe-, estás de enhorabuena. Basta con que tú y tus hijos os sentéis un rato ante la televisión cada día, y en unas semanas o meses habréis interiorizado todos esos valores. Series, programas, películas, videoclips, vídeos de influencers… todos ellos ofrecen una visión bastante homogénea y monocorde de la realidad.

¿Cuáles son los ingredientes mayoritarios en la dieta audiovisual estándar? Reduciendo un poco las cosas, y obviando honrosas excepciones, a grandes rasgos podemos identificar algunos:

  1. Hedonismo e individualismo: la búsqueda del placer y del éxito son los principales objetivos de la vida;
  2. Culto al cuerpo: hay que estar fuertes, sanos y sexys;
  3. Relativismo moral en materia sexual: Con exclusión de tres o cuatro prácticas tabú –zoofilia, pedofilia, necrofilia- todas las prácticas sexuales son perfectamente legítimas y equiparables; 
  4. Ideología de género y feminismo rampante de corte marxista, que entiende la relación entre los sexos como una lucha de clases;
  5. Discurso ecológico catastrofista y neomalthusiano, que ensalza la protección de los animales y considera a los humanos como un cáncer en el planeta;
  6. Ausencia casi total de modelos de familias estables, de virtudes como la laboriosidad, la humildad, el esfuerzo o la sobriedad;
  7. Nulas referencias a la trascendencia –más allá de los ocasionales videntes y pitonisas-, y críticas periódicas a la Iglesia y sus representantes.

Como decía, si este panorama concuerda con tus coordenadas vitales, tienes el trabajo prácticamente hecho. Puedes relajarte: basta con exponerte a esa dieta digital para ir construyendo tu personalidad con esas bases antropológicas.

Ahora bien, si tu posición ante la vida no encaja con estas líneas maestras, algo vas a tener que hacer. Porque si no haces nada, irás alimentando tu alma y tu corazón con esas ideas, y terminarás metabolizándolas casi sin darte cuenta.

¿Cómo resistir y cocinar una dieta distinta, para llegar a ser la persona que quieres ser? Aquí van tres consejos, por si te resultan útiles.

1
Fórmate

No se trata de tener cuatro doctorados, pero debes ser capaz de conocer las cosmovisiones que laten detrás de los productos audiovisuales mainstream. Y, cuando éstas no coincidan con tu forma de ver la vida, tienes que ser capaz de explicar, con inteligencia y sentido común, dónde laten sus errores y porqué pueden resultar dañinas.

2
Huye

Huye de la comida basura. Que todo el mundo vea una serie o ría los chistes de un humorista no implica que tú tengas que hacerlo. Somos lo que comemos, no lo olvides. Defiéndete con valentía del contenido nocivo, grosero, tramposo, que quiere hacerse un hueco en tu ocio y en tu corazón. Todavía recuerdo con orgullo ciertas noches en que mis padres, que excepcionalmente habían salido al cine, volvían a casa antes de hora, con una sencilla explicación: “La película no se podía ver”. Se habían levantado de la sala y se habían ido. Así de sencillo. Nosotros quizá tenemos que empezar a hacer lo mismo: con grupos de WhatsApp, con canales de Youtube, con series de Netflix. Por entretenidas o interesantes que sean.

3
Escoge

Cocina tu propia dieta. Si los ingredientes mayoritarios no te gustan, tienes que empezar a buscar otros: historias, vídeos y series que propongan referentes alternativos, que ofrezcan modelos más acordes con tu manera de pensar. Hace unos años esta tarea podía resultar difícil,  pero con Internet no hay excusa para no embarcarse en la elaboración de una dieta audiovisual saludable, en una concina espiritual alternativa. Los disidentes nunca lo hemos tenido tan fácil: gracias a la Red puede accederse a contenido variado e interesantísimo, que promueve valores tan contraculturales como la familia, el servicio, la solidaridad, el esfuerzo, el compromiso, el espíritu crítico, la trascendencia, el amor a la belleza, la frugalidad, el cariño a los mayores, y un interminable y maravilloso etcétera. Portales como Aleteia –y no hago publicidad encubierta- son un claro ejemplo.

Somos lo que comemos. Nuestro interior, nuestro corazón, se parecerá cada vez más a los modelos que nos presentan los contenidos audiovisuales que consumimos. No te hagas el loco: fórmate; huye de la comida basura; prepara tu propia dieta, disfrutando en la cocina.

No te conformes con menos que con productos gourmet.

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