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Santa María de Guadalupe, Madre de todo un continente

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Hablar de Guadalupe es hablar de esperanza para toda la humanidad

«¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?» Es la famosa frase de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego quien, caminando por el monte, vio una luz resplandeciente y en ella a la Madre de Dios.

El mensaje de Guadalupe es un mensaje de esperanza a un pueblo dividido, es la mezcla de dos culturas que encajan perfectamente en el rostro maternal de María.

Nuestra Señora de Guadalupe quiso manifestarse a la humanidad a través de un pobre indio, canonizado por el papa Juan Pablo II el 31 de julio de 2002. Conocida como la morenita, se apareció en diciembre de 1531 a Juan Diego en el cerro del Tepeyac.

Una historia de apariciones, una historia de conversiones y de unidad entre pueblos.

Oración

Virgen María de Guadalupe,

Madre del verdadero Dios por quien se vive.

En San Juan Diego, el más pequeño de tus hijos,

tú dices hoy a los pueblos de América Latina:

‘¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?

¿No estás bajo mi sombra?

¿No estás por ventura en mi regazo?’

Por eso nosotros con profundo agradecimiento

reconocemos a través de los siglos

todas las muestras de tu amor maternal,

tu constante auxilio, compasión y defensa

de los moradores de nuestras tierras,

de los pobres y sencillos de corazón.

Con esta certeza filial,

acudimos a ti, para pedirte,

que así como ayer vuelvas a darnos a tu Divino Hijo,

porque sólo en el encuentro con Él

se renueva la existencia personal

y se abre el camino para la edificación de una

sociedad justa y fraterna.

A ti, ‘Misionera Celeste del Nuevo Mundo’,

que eres el rostro mestizo de América

y luminosamente manifiestas su identidad, unidad y originalidad,

confiamos el destino de nuestros Pueblos.

A ti, Pedagoga del Evangelio de Cristo,

Estrella de la Nueva Evangelización,

consagramos la labor misionera

del Pueblo de Dios peregrino en América Latina.

¡Oh Dulce Señora!,

¡Oh Madre Nuestra!,

¡Oh siempre Virgen María!

¡Tu presencia nos hace hermanos!

Acoge con amor esta súplica de tus hijos

y bendice esta amada tierra tuya

con los dones de la reconciliación y la paz.

Amén.

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