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3 sencillas ideas para que la procrastinación juegue a tu favor

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Shutterstock
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¿Es malo dejar las cosas para más tarde? ¿Haces todo en el último minuto? Mira las ventajas y los inconvenientes de esta actitud.

¿Tiendes a posponer las decisiones importantes? ¿Te ha ocurrido que vas dejando una tarea hasta última hora?

A ese hecho de dejar las cosas para más tarde (que pueden ser horas, días, semanas o años más tarde) se le llama procrastinar.

Hay quien deja para más tarde el estudio de una asignatura hasta que tiene la fecha del examen.

Y hay quien deja para más adelante la boda: cuando nos conozcamos mejor, cuando tengamos unos ahorros y podamos permitirnos una celebración en condiciones.

Uno procrastina en cuestiones que solo de pensarlas, no apetecen. ¿A que nunca procrastinarías si te dijeran que te ha tocado la lotería y hay que ir hoy a presentar el boleto al lugar donde lo compraste?

“Lo haré más adelante”

La procrastinación es una forma de pereza: No me apetece, luego no lo quiero hacer, luego lo dejo para más adelante.

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Simone Bechetti | Stocksy United
Una tarea siempre exige un esfuerzo para ponerse en marcha. La tentación de procrastinar es real.

La procrastinación nos cubre las espaldas, porque no decimos “no voy a hacerlo” sino “lo haré más adelante”.

El origen de la palabra lo define muy bien: viene del latín pro y crastinus, que significa “para” y “mañana”. Procrastinar es “dejar las cosas para mañana”. El mismo Cicerón habla de la procrastinatio: siglo I antes de Cristo. Se ve que la cosa viene de lejos.

Pero, ¿por qué iba a ser malo procrastinar?

Dejar las cosas para otro día implica que ya le buscaré el momento adecuado, que me lo pensaré o que sencillamente ahora voy a hacer otra cosa y esta la aparco.

La realidad es que cuando uno procrastina, frena el trabajo que debería estar haciendo y eso siempre quiere decir que no cumplo con mis responsabilidades.

Además, al procrastinar uno se vuelve blando y no fuerte, comodón y no ágil. Y lo peor: nos engañamos mentalmente a nosotros mismos y nuestro cerebro desarrolla “argumentos” para justificar esos retrasos. Somos capaces de subrayar que ya estudiaré mejor mañana, que mañana estaré más centrado para hacer este trabajo o -siguiendo con el ejemplo de la boda- que casarnos más adelante será un acto de mayor madurez. ¡Y nos creemos nuestras propias mentiras!

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G-Stock Studio - Shutterstock

¿Procrastinar es bueno, me hace tener más calidad de vida? Mira lo que dice un estudio.

En 1997, los investigadores Roy Baumeister y Dianne Tice, de la Universidad de California San Diego (Estados Unidos), llevaron a cabo dos estudios con estudiantes universitarios. Su objetivo era comprobar si la procrastinación afectaba a sus calificaciones, su salud y su bienestar.

El primer estudio se hizo en el primer semestre del curso y los estudiantes que procrastinaban presentaron calificaciones más altas (por sus intervenciones en clase, por ejemplo) y gozaban de mejor salud.

Pero, ay, el segundo estudio se hizo en el segundo semestre, cuando ya los exámenes de final de curso estaban más cerca y había que entregar los trabajos de final de curso. Entonces, los procrastinadores presentaban más problemas de salud: el estrés aumentaba en ellos más que en los no procrastinadores.

El ejemplo es del todo aplicable a nuestras vidas: cuando la fecha límite está lejos, uno se despreocupa del asunto. Pero cuando se acerca el plazo final, la preocupación es tal que puede llevarnos al insomnio, a la preocupación y a que nuestro cuerpo somatice el problema.

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Shutterstock

¿Todo es negativo al procrastinar?

Solo hay un caso en que los estudios científicos hablen de efectos positivos de la procrastinación: en los casos en que la tarea requiera creatividad.

Es decir, si yo “me doy un tiempo” para cambiar una bombilla fundida o hacer la colada, no saco nada positivo de ello (es más, ¡puede que aumente el volumen de ropa sucia!).

En cambio, en tareas como escribir un discurso para el brindis de Navidad, puede que mientras lo voy postergando, mi subconsciente me recuerda esa tarea y los inputs exteriores me aportan ideas, recuerdos o detalles para mencionar ese día.

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Meterse en la cocina puede ayudarte a procrastinar y al mismo tiempo mejorar tu creatividad.

¿Cómo hago para que la procrastinación juegue a mi favor?

Adam Grant, psicólogo y profesor de la Universidad de Pensilvania, publicó en 2016 el libro Originals: How Non-Conformists Move the World (Originales: Cómo los inconformistas mueven al mundo). En él afirma que resulta positivo dejar un tiempo para que broten ideas mejores que las iniciales y aporta ejemplos de éxito creativo en personas que procrastinaron y eso les ayudó a ser más creativos en su trabajo final.

¿Qué hago entonces si quiero ser más creativo y dar la mejor respuesta posible a mis tareas, peor a la vez no puedo dormirme en los laureles y he de cumplir con mis obligaciones?

Te pueden ayudar estas tres sencillas ideas:

-señálate un deadline. Está comprobado que todos racionalizamos nuestro tiempo para entregarlo al final del plazo que nos han (o nos hemos) marcado. Así que tú mismo señálate cuándo deberías tener listo algo y asúmelo como plazo límite.

-distingue con sinceridad qué tareas necesitan un tiempo para la creatividad y qué tareas debes hacer sin dilaciones. Dale creatividad a lo que realmente lo necesita y para el resto, manos a la obra ya.

-haz un primer borrador y déjalo “reposar”. Así habrás vencido la pereza del primer momento, actuarás con diligencia y la procrastinación solo va a hacer que mejore el trabajo final.

 

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