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¿Las armas nucleares deben condenarse más enérgicamente?

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El papa Francisco desea introducir la condena de «la posesión» de armas nucleares dentro del catecismo, que contiene la exposición concisa de la doctrina cristiana

El papa Francisco quiere introducir la condena de «la posesión» de armas nucleares dentro de las enseñanzas de la Iglesia, según indicó el 26 de noviembre de 2019, en el vuelo de regreso de Japón donde visitó Nagasaki e Hiroshima, dos ciudades víctimas de la bomba atómica.

«Esto debe entrar en el catecismo de la Iglesia católica, no solo el uso sino también la posesión» de armas nucleares, declaró durante la conferencia de prensa celebrada de regreso a Roma de su periplo por Tailandia y Japón (19-26 de noviembre).

La posición de Francisco sobre «la teoría de la disuasión nuclear» observada por sus predecesores, asciende a la misma a un nivel que busca ocupar la atención internacional en este momento de reacciones violentas y de resurgir de totalitarismos; amenazas concretas a la vida y en la protección de la casa común.

Por otro lado, el Papa latinoamericano pidió con énfasis el domingo en Nagasaki, en el lugar donde cayó la bomba atómica lanzada por Estados Unidos en 1945, el desarme nuclear.

El Pontífice lo hizo en continuidad con otros sucesores de Pedro que exhortaron a acabar con la carrera armamentística en otros tiempos convulsos desde aquel 6 y 9 agosto de 1945 cuando bombas atómicas golpearon Hiroshima y Nagasaki.

¿Qué decía san Juan Pablo II?

Al contrario, de lo que se pueda suponer, el papa Francisco no contradice la teoría de la disuasión nuclear válida en el periodo de la Guerra Fría que Juan Pablo II valoró en 1982 así: 

“En las condiciones actuales, una disuasión basada en el equilibrio, no ciertamente como un fin en sí mismo sino como una etapa en el camino de un desarme progresivo, puede ser enjuiciada aún como moralmente aceptable”.

Esas palabras se enmarcan en la búsqueda de una solución pacífica entre la vieja URSS y Estados Unidos, y en el consiguiente Tratado INF (tratado sobre armas nucleares de mediano alcance) firmado en 1987 por Reagan y Gorbachov. Tratado que es historia y que se rompió oficialmente en agosto 2019. 

Sin embargo, el panorama actual es más complejo y en la actualidad hay 9 países, super potencias nucleares y otros más, como Corea del Norte, que amenazan proseguir la carrera armamentística.

Sobre los terribles riesgos de la guerra, Juan Pablo II advertía que para asegurar la paz es indispensable no contentarse con un mínimum continuamente marcado por un peligro real de explosión (Mensaje a la ONU, 7 de junio de 1982). 

La hipocresía de algunos países cristianos

En este sentido, a bordo del avión que lo llevaba de regreso a Roma ese 26 de noviembre, Francisco dijo:

«Hay países cristianos o al menos de cultura cristiana, como los países europeos( …) que hablan de paz y viven de las armas, eso se llama hipocresía».

«Una nación debe tener el coraje de decir que no puede hablar de paz porque ‘mi economía está ganando mucho con la fabricación de armas», subrayó en italiano a los cerca de 70 periodistas que lo acompañaban.

En efecto, Juan Pablo II (1987) pidió que el desarrollo de las naciones tuviera una “dimensión moral,” sumándose a la voz de Pablo VI, es decir, respetar los derechos humanos.

Debido a que un desarrollo que solo tenga una dimensión económica está cojo, se necesita considerar la dimensión de la vida misma.

Temas sociales

El 10 de septiembre de 2019, en su vuelo de regreso de varios países de África, Francisco argumentó que sobre las cuestiones sociales decía las mismas cosas que Juan Pablo II, pero que sus críticos, lo tildan igual de ‘papa comunista’.

Especialmente, porque sus palabras tocan el nervio descubierto de la falta de ética y la responsabilidad social detrás de nuevas innovaciones tecnológicas.

En este sentido,  Francisco expresó su posición sobre el uso civil de la energía atómica: ”Mi opinión personal es que no hay que usar energía nuclear hasta que su uso no sea totalmente seguro”.   

Entonces, lamentó también que organizaciones internacionales, como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, no hayan llegado a tomar decisiones para reducir los armamentos y evitar guerras.

«Si hay un problema con las armas y todos están de acuerdo para resolverlo de manera de evitar un incidente belicoso, todos votan a favor del ‘sí’, pero si uno solo, con poder de veto dice ‘no’, todo se detiene», afirmó.

El papa Francisco lamenta que los equilibrios para conseguir la paz son muy frágiles. «La locura de un gobierno puede destruir a la humanidad», advirtió.

Por ende,  la prevención de una carrera armamentista requerirá mucho más esfuerzos en los próximos años.

Futuro amenazado

Línea que comparte con Juan Pablo II que en 1980 hizo un llamamiento a los científicos para que actuaran con magnanimidad y salvar a la humanidad de la destrucción nuclear. 

“El futuro del hombre y del mundo está amenazado…La ciencia está llamada a estar al servicio de la vida del hombre, se constata demasiadas veces, sin embargo, que está sometida a fines que son destructivos…Esto se verifica tanto en el terreno de las manipulaciones genéticas y de las experimentaciones biológicas, como en el de las armas químicas, bacteriológicas o nucleares”.

Papa Wojtyla, el 25 de febrero de 1981, visitó Hiroshima y quiso subrayar que «comprometerse con el futuro» es «recordar» la tragedia ocurrida allí para «aborrecer la guerra nuclear».

También denunció firmemente la carrera armamentista. Se preguntaba «si es moral para la familia humana continuar en esta dirección”.

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