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¿Qué escuela queremos para nuestros hijos?

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La escuela está en el foco de todas las miradas

La escuela está ahí. Está en el eje y es foco de todas las miradas. Y le piden, injustamente, que lo resuelva todo. Se hace a la escuela a menudo depositaria de esta responsabilidad.

Sin embargo es toda la sociedad quien educa. Debemos fijarnos, por ejemplo, en los modelos familiares y parentales. En las iniciativas de la sociedad civil, fundaciones, think tank, y en la misma industria del ocio, para poner tres ejemplos.

Sin embargo en este artículo nos interesa pensar en los centros docentes. Y la escuela se debate en esta tarea intentando mejorar su calidad educativa, el ideario del centro, la formación de sus maestros, buscando las pedagogías más innovadoras con vistas a garantizar los mejores resultados. Y las posibilidades son muy variadas y los modelos educativos innumerables.

Cómo debe educar la escuela, entonces, es un auténtico debate presente en toda la sociedad. Los expertos, los destinatarios, los agentes sociales –desde la universidad, desde la sociedad civil, desde las escuelas, los municipios, las autonomías y el gobierno- legislan, se organizan las políticas, investigan y experimentan con un único fin: que los estudiantes aprendan, que se capaciten, que progresen en la adquisición de los conocimientos que les van a llevar a su realización personal y laboral.

Pero el foco está puesto, insistimos, en la escuela y en los maestros. Todos los actores sociales aspiran al mejor y más plural sistema educativo tras la sucesión acelerada en España de distintas leyes educativas: LOGSE, LOCE, LOE, LOMCE (para mencionar sólo las últimas).  Pero el día a día más visible está en las escuelas y en las diferentes concreciones curriculares de las leyes educativas.

Los estudios abundan en todos estos asuntos, las investigaciones bucean en las causas del fracaso escolar y la innovación educativa busca sacar lo mejor de cada niño, adolescente y joven. Y finalmente todo el peso recae sobre la escuela. 

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No hay un única verdad educativa

La escuela puede ser enfocada pedagógicamente de muchas maneras. Y en esta tarea es evidente que existen muchas opiniones, opciones, perspectivas y posicionamientos: insistimos tanto en el plano de la instrucción como de la formación moral.

No hay pues una verdad educativa, no hay por tanto una sola escuela con un modelo único y definitivo. Estamos ante un asunto tan importante como razonadamente opinable.

Estamos ante un desafío serio en plena lucha por resolver aporías y problemas de difícil solución. Son muchas las variables en juego:

  • el origen sociodemográfico de los estudiantes,
  • la parentalidad ejercida por los progenitores,
  • la creciente desestructuración familiar,
  • la calidad de la escuela rural de un país despoblado en amplias zonas,
  • el respeto democrático por la visión  del mundo de los padres.

  Y esta complejidad solo se puede gestionar desde distintos modelos escolares adaptados a distintos contextos sociales dentro de los marcos curriculares de la ley educativa que deben contemplar siempre la dualidad instrucción y educación moral. En una palabra: las escuela necesitan libertad.

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El respeto democrático por la visión del mundo de los padres

Los padres son los primeros educadores de sus hijos y los primeros responsables en el estilo de la educación que estos emprenden. Son unos agentes sociales primarios a los que se debe escuchar para lograr esta convergencia de esfuerzos en aras a alcanzar el éxito escolar, profesional y laboral. Son, dicho coloquialmente, los más interesados en que a sus hijos les vaya bien.

Y en esa medida ponen sus esfuerzos para que sus hijos asistan al mejor centro escolar. Y empujan para que los centros escolares sean excelentes y a menudo se asocian para fundar nuevos centros, innovadores, modernos y creativos. Unos querrán escuelas ecológicas, otros las querrán en japonés o en francés, los menos lucharán para que se reconozca su derecho al homeschooling, es decir, la escuela organizada desde casa más allá de la escuela institucional.

Y luego está la religión: hay escuelas protestantes, musulmanas y católicas. Distintas instituciones y los mismos padres apostarán por una educación coherente con sus creencias y su moral familiar que es un asunto fundamental. Y podríamos seguir con aquellos padres que, quizá, desean un centro escolar vegano o aquellos que están entusiasmados con la escuela del barrio, pública, donde todos se conocen y donde la comunidad de padres se siente muy a gusto y converge muy bien con la comunidad de los profesores y directivos.

Finalmente para muchos ciudadanos el inglés será fundamental o lo será la lengua cooficial de la autonomía. Debemos ser respetuosísimos con la diversidad de iniciativas en la creación de centros escolares respetando siempre el marco legal. Todos estos padres, instituciones, estas comunidades, estos extranjeros que trabajan aquí están convencidos de apostar por la mejor educación para sus hijos. Y además todos pagan sus impuestos y todos tienen derecho una básica gratuidad de la enseñanza: es decir, a una enseñanza concertada.

A esta realidad se le llama, en los países democráticos, libertad educativa reconocida en todas las declaraciones de derechos y libertades empezando por la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU) que en su art. 26.3 señala lo siguiente: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. 

Una libertad irrenunciable

Y solo desde la libertad educativa es posible caminar hacia el éxito escolar pues solo el respeto por este derecho garantiza y respeta la pluralidad convergente de los mejores modelos educativos. La Constitución española de 1978 es muy clara a este respecto: esta libertad de educación se consigna el art. 27.6: “Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes, dentro del respeto a los principios constitucionales”.

Pero existe el derecho no solo a la creación de centros sino también a su dirección continuada, a la gestión, al mantenimiento, a lo largo del tiempo, de estas escuelas. Una sentencia del Tribunal Constitucional (77/85 FJ 20) estableció que “[…] es forzoso reconocer la existencia de un derecho de los titulares de centros docentes privados a la dirección de los mismos, derecho incardinado en la libertad de enseñanza de los titulares de dichos centros. Aparte de que el acto de creación o fundación de un centro no se agota en sí mismo, sino que tiene evidentemente un contenido que se proyecta en el tiempo y que se traduce en una potestad de dirección del titular[…]”. 

La conclusión final es muy evidente: hoy no se puede discutir la libertad de enseñanza y la libertad en la iniciativa en la creación y dirección de centros docentes. Lo contrario sería una dictadura escolar que apostaría por una sola escuela (sin la convergencia plural de iniciativas) y una sola visión sea religiosa o laica. Cuando hablamos de una sola visión religiosa pensamos en algunos países islámicos que no son precisamente democracias.

Cualquier país necesita que todos los agentes sociales, empezando por los padres, puedan organizar los centros docentes en función de la libertad de enseñanza: esa es la base para aunar todos los esfuerzos en pos de una sociedad dinámica económicamente y éticamente justa. Ahí todas las fuerzas concurren para apuntalar, desde distintas visiones, el progreso de un país. Solo de ese modo se puede atacar el fracaso escolar desde su raíz.

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