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Sigue el acoso a la parroquia de San Miguel de Masaya

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Screenshot Google Maps
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Una parroquia, un sacerdote y trece personas en estado de sitio: ¿es esto posible? En Nicaragua, sí

“Pedimos encarecidamente a las autoridades de Managua, que ordenen inmediatamente el cese de las agresiones y la violación a los derechos fundamentales, y solicitamos a todos los responsables de los hechos que modifiquen estas conductas”.

Parte del comunicado final de la presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), comunicado mediante el cual, desde Bogotá, los obispos expresaron su solidaridad con el pueblo nicaragüense al término de la reunión sobre renovación del Consejo que agrupa a todos los países de América Latina y el Caribe.

En el fondo del dramático llamado del CELAM se encuentra la situación en la que se encuentra el padre Edwin Román y todas las madres de familia, que ayunan en la parroquia de San Miguel Arcángel, en la ciudad mártir de Masaya con el fin de solicitar que sus hijos, presos políticos del régimen sandinista, sean liberados.

Desde hace poco más de una semana, la parroquia de San Miguel se encuentra prácticamente sitiada por soldados y policías que prohíben que cualquier persona se acerque. Incluso han negado la posibilidad que el padre Román, con una diabetes avanzada, pueda obtener las condiciones para conservar sus medicamentos y para acceder a la insulina.

La Agencia Fides informa que el cerco no solo se estableció en Masaya; también la parroquia de Caterina, a unos 40 kilómetros al sur de Managua, que anoche había organizado una procesión religiosa para rezar por la comunidad de Masaya, fue rodeada por los militares para disuadir a las personas de continuar orando.

El estado de sitio es permanente desde el jueves 14 de noviembre hasta el cierre de edición de hoy. Son trece personas, además del padre Edwin Román, quienes se encuentran al interior del templo. Seis son madres o familiares de presos políticos del régimen que encabeza Daniel Ortega en huelga de hambre; la abogada Yonarkis Martínez y seis ciudadanos de Masaya que se solidarizaron con la causa.

Día y noche más de cinco oficiales y tropa de la Policía Antimotines, mejor conocida como Policía Orteguista (PO) mantienen el cerco y la intimidación a quienes están en el templo y a quienes quisieran entregar algo o dar algún mensaje al padre Román y a las otras trece personas que lo acompañan.

La noche del mismo jueves 14, cuando comenzó el sitio, trece estudiantes, activistas, profesionistas pertenecientes a la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), fueron apresados por la PO cuando solamente llevaban agua al padre Román y a las otras personas. Ya han sido acusados, formalmente, de “tráfico de armas”. Engrosan la abultada cuenta de presos políticos del régimen sandinista.

Por su parte, el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), condenó, enérgicamente, el asedio suscitado en templos religiosos (incluyendo la Catedral de Managua) y dijo que “Nicaragua no puede, ni debe, convertirse en una prisión para quienes no estén a favor del Gobierno”. Por desgracia, para Ortega y sus huestes, el padre Román y sus acompañantes, están en contra.

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