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Colapsan los servicios de laboratorio, resonancia y tomografía en Venezuela

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Shutterstock | alexkich
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Al menos el 86% presentó fallas en 2019 que impidieron su uso regular en la red de atención pública. Además, dos de cada diez centros de salud tienen inoperativos sus servicios de diálisis aguda. Según la Encuesta Nacional de Hospitales, el caos es general

Las cifras son contundentes. La red pública que integra más de 40 hospitales, maternidades y centros de emergencia está en terapia intensiva. El desplome de su operatividad es fiel reflejo de lo que ocurre en el país, a propósito de la crisis humanitaria compleja que afronta Venezuela desde hace menos de un lustro.

El más reciente reporte de la Encuesta Nacional de Hospitales, que cuenta con el respaldo de Médicos por la Salud y del Grupo de Investigación de Enfermedades Tropicales e Infecciosas (Gideti) es una radiografía clara del colapso de los servicios en la nación sudamericana.

El informe enviado a la redacción de Aleteia cuenta con el aval de la Asamblea Nacional, la Academia Nacional de Medicina Interna, la Sociedad de Pediatría y Puericultura y la Sociedad Venezolana de Cardiología.

Explica el diagnóstico que “si el hospital no cuenta con servicios de rayos x, la familia debe acudir a centros de servicio externos al hospital para poder realizar los estudios, lo que implica varias cosas: la primera es que generalmente los centros que realizan estos estudios fuera de los hospitales son privados y los costos suelen ser muy elevados”.

Aunque básicos, los servicios son impagables. El estudio muestra como ejemplo que lo más económico, como una placa de tórax, puede costar en un centro privado del área metropolitana de Caracas “al menos tres salarios mínimos”.

Además, “si el paciente se encuentra en una condición delicada, el traslado para realizar el examen puede ser realmente peligroso, tomando en cuenta que en algunos casos puede implicar movilizarse a otras ciudades”.

Servicios de laboratorio están en crisis

En el caso de los laboratorios hospitalarios, “el promedio nacional de inoperatividad (servicio cerrado durante toda la semana) alcanza el 55%, mientras que el de operatividad es de apenas 16%”.

En esta ocasión, el estudio nacional toma en consideración los ya continuos apagones eléctricos del país y su incidencia sobre la salud del venezolano. Refleja que durante los meses del apagón y posterior a ellos, “ningún hospital reportó funcionar con normalidad”.

Tras recordar que un servicio de laboratorio ofrece estudios desde los niveles más básicos hasta los más complejos, los autores del monitoreo explican que “el contexto epidemiológico nacional agrava lo que significa que más de la mitad de los laboratorios del país no funcionen”.

Detallan que los laboratorios son los lugares donde se deberían realizar las pruebas de dengue o sarampión, por citar algunos casos, “y su inoperatividad compromete los diagnósticos de miles de pacientes”.

No se puede diagnosticar la Hepatitis A

Advierten los especialistas que “en ningún centro hospitalario del sistema público de salud de Venezuela hay la posibilidad hoy de realizar la serología diagnóstica para hepatitis A”.

Abundan que entre noviembre 2018 y septiembre 2019, “el 85,6% de los servicios de tomografía y resonancia magnética a escala nacional ‘no estuvieron operativos’. Tan sólo el 10% de ellos reportó operatividad completa”.

Al igual que los rayos x, “los equipos que realizan esos estudios funcionan necesariamente con electricidad”, por lo que su inoperatividad empeora con los apagones, cada vez más frecuentes en el país.

Caso particular ocurre en Táchira y Zulia. El primero, en la frontera; y el segundo completamente empobrecido, a pesar de estar sumergido en petróleo. Ambos sometidos hoy a estricto racionamiento que los mantiene sin luz durante al menos 6 horas al día.

La importancia de que un hospital pueda realizar estos estudios radica en que generalmente quienes los necesitan son pacientes en condiciones muy graves. El estudio cita entre estos casos los accidentes cerebrovasculares, los pacientes con poli traumatismos o con patologías quirúrgicas abdominales.

Además, “la rapidez con la que se realicen los estudios es un aspecto fundamental”; pues los intervalos de minutos inciden “para que el equipo médico pueda tomar las decisiones con respecto a su tratamiento”.

En los casos donde el hospital no tiene disponible el servicio, la familia del paciente debe recurrir a centros externos y privados, donde “un estudio de esta naturaleza puede costar alrededor de 20 salarios mínimos”.

También influye el hecho de que el traslado del paciente debe hacerse en ambulancia, particularmente escasas en Venezuela, lo que eleva el costo de su servicio, relegándolo muchas veces a personas con muy alto poder adquisitivo.

Unidades de diálisis aguda “detenidas”

En Venezuela los pacientes que requieren soporte dialítico se dividen en dos grupos, uno que requiere diálisis crónica debido a una enfermedad renal terminal y debe dializarse 2 a 3 veces por semana. Se realiza el procedimiento “en unidades de diálisis ambulatorias que funcionan fuera del ambiente hospitalario”.

El otro grupo de pacientes presenta condiciones agudas producto de un evento de emergencia, como por ejemplo: septicemia, poli traumatismos, obstrucción de vías urinarias, etcétera.

También puede presentarse el caso de algunos pacientes renales crónicos quienes por alguna causa particular se agudicen y requieran el apoyo de diálisis agudas. Este segundo grupo es el que acude al hospital; se trata de emergencias. “La vida del paciente depende de si el servicio está disponible o no”, advierte la Encuesta Nacional de Hospitales.

1500 nuevos pacientes renales cada año

En Venezuela se diagnostican anualmente entre 800 y 1500 nuevos casos de enfermedad renal. De esa cantidad, una gran proporción ocurrirá a expensas de “procesos agudos que van a requerir el apoyo hemodialítico inmediato en un hospital”.

Según la legislación criolla, la disponibilidad de este servicio en las emergencias de los hospitales es requerimiento obligatorio para todo centro nivel  III y IV, por lo que “la no disponibilidad de este servicio supone una incidencia en la mortalidad”.

Sin embargo, el 18% de los centros de salud no tienen operatividad de los servicios de diálisis aguda . Y en los estados periféricos: Amazonas, Delta Amacuro y Apure, es casi imposible realizar una hemodiálisis aguda, lo que implica que los pacientes que la requieran deben trasladarse hasta 500 kilómetros “hacia hospitales en otros estados”.

Para que un paciente pueda incluirse en sesiones de hemodiálisis aguda debe contar además con el criterio clínico para ello; una serie de parámetros para garantizar que la diálisis se realizará en condiciones seguras.

Ello implica realizar estudios de laboratorio para descartar la posibilidad de enfermedades transmitidas por la sangre como VIHhepatitis A, hepatitis C o Sífilis.

Pero suele ocurrir que “estos estudios no están disponibles en el hospital”, por lo que “los pacientes son colocados en máquinas que pueden ser comunes a pacientes con serologías desconocidas, lo que implica riesgo de transmisión de estas enfermedades”.

A través del Papa, la Iglesia ha recordado insistentemente en los últimos meses que “a pesar de los considerables progresos realizados” en el mundo, mantenerse sano “es un reto para muchas personas, especialmente para los pobres”. Esta disparidad es “inaceptable desde el punto de vista ético, político, social y económico”.

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