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«La pornografía está en 8 de cada 10 confesiones»

Boy
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Casado, viudo y después sacerdote, Martin-Prével aporta una interesantísima visión sobre este tsunami que representa la pornografía hoy

El padre Michel Martin-Prével estuvo casado durante 32 años, es padre de 3 hijos y abuelo de 7 nietos. Tras morir su mujer, fue ordenado sacerdote hace 10 años, en la Comunidad de las Bienaventuranzas. El tema de la pornografía le preocupa y le afecta, como padre y abuelo. Él recibe numerosas confidencias de jóvenes y les ofrece un verdadero tesoro: el mensaje de la Iglesia sobre la sexualidad.

¿Percibe un aumento del consumo de pornografía entre los jóvenes?

Sí, en el espacio de unos años, la pornografía se ha hecho casi omnipresente. Los adolescentes presentan verdaderas debilidades y son presas fáciles. Ahora, en 8 confesiones de cada 10 constato que está la cuestión de la pornografía, entre los chicos.

Es enorme. ¿Cómo explica este fenómeno?

Primero la pornografía se ha convertido en algo de muy fácil acceso, con los dispositivos digitales actuales. A menudo los adolescentes la toman como un juego. Los jóvenes me dicen: «¡Pero era para reír!».

Y luego se quiere hacer como todo el mundo hace, mostrar que se está en el juego, para no quedarse fuera, entonces se mira.

Y a veces hay una necesidad entre algunos de «contaminar» a los demás: involucran a pequeños compañeros para justificarse, para verificar que su interés por la pornografía no es único sino que une a todos. Si los demás los acompañan, esto atenúa su sentimiento de vergüenza, incluso de pecado.

Después, una vez que el joven ha mirado y ha sentido una cierta excitación, puede nacer una costumbre, incluso una adicción, en relación a este placer, exacerbado por la pubertad. Un círculo vicioso que se lleva a muchos jóvenes en su paso.

¿Cuáles son las repercusiones?

El cuerpo es considerado únicamente como un objeto. Hay una impudicia total entre algunos adolescentes. Y como prueba, esta práctica de hacerse selfies de sus partes íntimas y de postearlas en las redes sociales (una práctica definida por el psiquiatra Serge Tisseron como «extimidad»).

Además de los efectos psíquicos, ligados al traumatismo de las imágenes violentas y degradantes, destaco desequilibrios y repercusiones profundas cuando preparo a jóvenes para el matrimonio.

La pornografía transmite una imagen degradada de la mujer, que se reduce a objeto de disfrute. Hay un «efecto retraso» en la vida sexual adulta.

¿Qué consejos daría a los padres?

La expresidenta de la asociación de padres de alumnos de la enseñanza católica en Francia, Caroline Saliou, hizo esta fuerte imagen: «Dar un iPhone 6 a un niño de 5º (12-13 años) es como si se diera un cutter a un niño de Preparatorio» (6-7 años).

¡Los padres tienen un bonito y gran trabajo por hacer! Los invito a atreverse a enfrentarse a la curiosidad de sus hijos. El diálogo es necesario; sin él los hijos se vuelven a otras fuentes de información.

Hay suficientes temas de actualidad para abordar el tema de la pornografía con su hijo. Se tratará de sugerir sin imponer, de dar su opinión sobre sus compañías, de dar buen ejemplo en cuanto al uso de pantallas.

Incumbe también a los padres la educación afectiva y sexual, a menudo mal enseñada en la escuela. Los niños aprenden la biología de la reproducción, la anatomía del cuerpo humano, las técnicas de anticoncepción,… Pero no se habla nunca del sentido de la sexualidad, de su relación con el amor, de la ternura, de la afectividad.

Los padres están llamados a mostrar empatía con sus jóvenes, a instaurar un clima de diálogo, porque ellos sufren, tienen inquietudes durante la pubertad, que es un periodo de combate.

Son los padres los que tienen que revelar la belleza de la Creación, de la sexualidad, a sus hijos, que sólo esperan una cosa: entender este lenguaje.

Es importante también revelarles que las imágenes pornográficas no son la realidad, que no es más que mentira y simulación, que es una industria que recauda mucho dinero, explotando a mujeres y niños.

¿Cuál es su lugar, en este discurso, como sacerdote?

Los escándalos ligados a los abusos sexuales cometidos en el seno de la Iglesia han descalificado de alguna manera a los sacerdotes para hablar de la belleza del cuerpo y de la sexualidad.

Pero como sacerdote no tengo que sonrojarme por la idea de hablar de esto. Porque la Iglesia tiene un mensaje luminoso que dirigir al mundo.

La sexualidad, tal y como está presente en la Teología del cuerpo de Juan Pablo II por ejemplo, y tal y como está pensada en el plan de Dios, ¡es un tesoro! Y si la Iglesia, que posee este tesoro, no se lo da a los jóvenes, ¿qué les va a dar?

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