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Megan Fox y Alanis Morisette: la maternidad cura el trauma del éxito

ALANIS MORISETTE, MEGAN FOX
Shutterstock
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Una bomba sexy y una voz con una fuerza única: desilusionadas, es más traicionadas, por la nube brillante y frágil del éxito, han vuelto a abrazar lo real y cuidado sus heridas al volverse madres

Quizá lo único que tenían en común hasta hace poco tiempo era Los Angeles, entendida como ciudad y símbolo. La gran meca estadounidense del cine y la música ofreció a Alanis Morisette y Megan Fox el todo incluido de las celebridades: realizar el sueño de su vida, volverse famosas a nivel mundial, producir éxitos celebrados en las revistas de todo el mundo, tener millones de fans …. y hallarse gestionando el impacto con una crisis existencial desestabilizadora.

Fox es 12 años más joven que Morisette. Esta última construyó su carrera sobre una voz inconfundible y no sobre una imagen impactante; cuando Megan se volvió el centro de atención con la película Transformers, Alanis ya había ganado 7 Grammys. Parecen caminos paralelos, pero tienen un punto de encuentro inesperado. Desilusionadas, es más traicionadas, por la nube brillante y frágil de las celebridades, han vuelto a abrazar lo real y cuidado sus heridas al volverse madres.

Es el camino opuesto, y quizá mucho más sensato, al que basa su felicidad estando en el centro de la escena, veneradas como divas e iluminadas por los reflectores. Hoy ambas tienen 3 hijos y sobre el terreno común de la familia sus historias se cruzaron en los titulares de estos días: Alanis Morisette publicó en Instagram una foto hogareña con un impacto humano extraordinario; no menos clamoroso fue el efecto de las declaraciones de Megan Fox que volvió al centro de la escena tras 10 años de «silencio». Ambas ofrecen una foto que retrata su vida real, intensa pero feliz.

Alanis, el trauma del éxito y la alegría exhausta de ser mamá

Una alegría exhausta, así define Alanis Morisette esta foto familiar que está dando la vuelta al mundo: todos juntos, mamá y papá y tres hijos (uno de los cuales está pegado a su seno), cojines y mantas en el suelo. ¿Cómo describir mejor la belleza agotadora de ser padres? No es una versión oficial y almidonada de la familia, sino una auténtica ventana abierta sobre una casa abierta de personas y tareas que atender, no precisamente en orden. Es lo opuesto a lo que hacen las influencers con millones de seguidores, mostrándose solo en perfecta luz y en una pose con los patrocinadores que las cortejan.

La alegría exhausta fue una conquista para la cantante canadiense, conocida por el gran público con esa canción cargada de rabia You oughta know. Otro tipo de agotamiento y desolación fueron los que cayeron sobre ella junto con el éxito a finales de la década de 1990. Alanis confesó el abismo emocional de esos años en una entrevista con Ophra Winfrey en 2014:

Tras el éxito no reí por dos años. Tocábamos para cien personas y luego en estadios. De 0 a 100 en 3,5 segundos. Lo que se es que era una persona que amaba sentarse y mirar a las personas y luego, de repente, yo me volví esa persona a quien todo el mundo mira. Y esto fue impresionante. (por Super Soul Sunday)

Dos años antes, en una entrevista al semanal Sette definió el éxito como un trauma:

Los decretos de este mundo son muy claros: debes ser sano, rico y siempre joven. No se prevén otros objetivos. Pero la fama y la riqueza no ayudan a nadie a sentirse bien. Mi objetivo, en cambio, es compartir otras virtudes que son importantes para mí, y sigo trayendo la antorcha de las relaciones humanas, de las relaciones entre las personas. La fama a menudo tiene el efecto de desconectar a las personas y llevarlas a la implosión. Crees que podrás ponerte en contacto con todos, pero el éxito te alejará de todo y te quedarás como espectador. Yo también he tenido algunas tendencias suicidas. Hmm, tal vez usé una palabra demasiado fuerte, pero tenía la tendencia de querer estar en otro lugar.

En otros lugares es la realidad, la urgencia de escapar una llamada a regresar a un espacio de vida en el que las cosas pueden ser imperfectas y amadas, difíciles y compartidas. A los 20 años llegó para Alanis el impacto devastador del éxito, el ser demasiado similar a un ídolo y demasiado privada de una vida encarnada. Hoy, a los 45 años, vemos a una Morisette con un perfil mediático mucho más bajo y feliz de mostrar toda la alegría exhausta de la maternidad. Se comprometió con el rapero Mario Treadway en 2019, y se casó con él en 2010; de cuya unión nacieron 3 hijos, el último hace apenas un mes. Si en una época la fama le imponía mostrar un rostro con una sonrisa impecable, en los zapatos de madre Alanis no se calla respecto a las dificultades de enfrentar los lados menos fotogénicos de la vida, por ejemplo, la depresión post parto, que definió como una montaña de alquitrán. Evidentemente este tipo de dolor y cansancio tienen el poder de aferrarse más a la vida, pueden ser el antídoto contra la alienación que aniquila.

La realidad de Alanis hoy es más platea que escenario; es parte de una banda humana muy exclusiva, ruidosa y unida:

La palabra clave es conexión. Cualquier cosa que haga como mamá, pero también como esposa, artista, amiga, activista, tiende al contacto con Dios, con los demás y conmigo misma. Nuestros hijos estudian en casa, doy el pecho aún a Onyx, que tiene 2 años, viajamos mucho juntos. Somos como una pequeña comunidad. Cuando mi marido o yo les enseñamos algo, nosotros también aprendemos. (por Vanity Fair)

Megan, la parte más bella de mí está en los ojos de mis hijos

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Encontrar el nombre de Megan Fox en los diarios puede suscitar la pregunta: ¿dónde estaba? ¿No debería ser omnipresente en películas y red carpets y revistas brillantes? De hecho, su perfil tiene todas las características para ser el de la mujer más bella y afortunada del mundo. Por el lado estético se puede decir, sin duda alguna, que con ella la madre naturaleza no escatimó en efectos especiales y, sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Después del éxito arrollador de la película Transformers su carrera no despegó como las premisas podían hacer creer. Pero es ella quien puso pausa a la trama de su película de estrella.

Lo contó hace algunos días a Entertainement Tonight al platicar con la guionista Diablo Cody. Las dos se conocieron hace diez años en el set de la película Jennifer’s body que fue precisamente el «punto sin regreso» de Megan Fox: fue nominada a la peor actriz del año. Pero el trauma con el que tuvo que lidiar no fue el fracaso de esa interpretación, sino que nació precisamente del contenido de la película. En Jennifer’s Body Fox interpretaba a una animadora sacrificada a Satanás por una banda musical a cambio de fama y éxito.

En resumen, Megan Fox al interpretar a Jennifer lidió con su pacto con el diablo: ella también se sintió nada menos que una muñeca sexual, usada por la industria cinematográfica para hacer dinero. A ello le siguió un derrumbe emocional:

Creo que realmente tuve un colapso nervioso, no quería hacer nada – añadió – no quería que me vieran, no quería que me tomaran fotos ni dar entrevistas, aparecer en revistas, caminar en la alfombra roja, no quería absolutamente que me vieran en público porque tenía miedo, la convicción y la absoluta certeza que se burlarían de mí, me insultarían o que me habrían gritado, haciéndome pagar simplemente por salir de casa…atravesé un periodo realmente oscuro, en aquella época. (por ET)

La crisis puede ser un momento dramáticamente fecundo; muchas historias de sufrimiento – sea para el hombre común o las celebridades – tienen una parábola similar: el punto más bajo del drama coincide con la libertad de darle la vuelta a las perspectivas de las cosas.

La tormenta limpia el cielo a costa de una gran conmoción, pero luego viene la claridad. Así es como Megan lo dice:

A veces miramos cosas basadas en el mapa preestablecido que escribimos en nuestras cabezas, donde imaginamos cómo lograr un objetivo o cómo debería ser nuestro futuro. Cuando en realidad no nos damos cuenta de nuestras intenciones, lo consideramos un fracaso, como si hubiéramos perdido algo y el universo conspirara contra nosotros. Pero lo contrario es cierto: el universo siempre conspira junto a nosotros para tejer cada elemento para siempre, pero debemos tener el coraje de cambiar la perspectiva. (Ibid)

En 2010, un año después de la sacudida causada por Jennifer’s Body, Fox se casó con otra estrella, Brian Austin Green (el David Silver de la serie de culto de los 90 Beverly Hills 90210). Su relación no fue fácil, pero sigue en pie y ha llevado a Megan a «casa», es decir, a un lugar donde su presencia era deseada y amada por completo. Sobre la maternidad declaró:

Ese fue el momento del cambio, en el que mi conciencia cambió y mi mente se abrió y pude tener una visión más amplia de las cosas. Y luego llegó otro niño y luego otro, y cada vez sentía que me convertía en una mejor versión de mí misma. Escucho a la gente decir cosas como «no estás trabajando mucho». Pero he parido, cargado en el vientre y dado vida a 3 niños. (Ibid)

Ahora muchas revistas están reduciendo el alcance de estas declaraciones a una lectura parcial, porque Megan Fox se sintió apartada del movimiento #MeToo a pesar de que su historia hablaba del lado oscuro de Hollywood mucho antes del nacimiento del movimiento feminista. Es reducido dirigir el discurso a esta polémica, como lo es resumir la historia de Alanis y Megan con la frase «lo han tenido todo y luego se volvieron madres». Más bien, sacamos de estos rumores una indicación para la vida cotidiana: esa realidad criticada hecha de relaciones domésticas y necesidades concretas y discusiones y abrazos no es para nada insulsa, pasada de moda y aburrida como a uno le gustaría. Es el reino de la alegría exhausta, es decir, vivida al máximo.

 

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