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Venezuela y los textos escolares que “satanizan el cristianismo”

VENEZUELA
Ruben Sevilla Brand | dpa Picture-Alliance/AFP
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Expertos coinciden en que el adoctrinamiento en las aulas venezolanas es una política de Estado alineada con fines ideológicos y propagandistas. No obstante, sugieren usarlos para demostrar las mentiras vertidas durante el período chavista

Los más de setenta libros que integran la Colección Bicentenario diseñada e impuesta por el oficialismo en Venezuela son usados como mecanismo de ideologización, el cual consolida el modelo comunista y apunta a la formación de cuadros políticos.

Lo advierte un equipo de investigadores de varias casas de estudio al presentar hallazgos sobre los textos de uso obligatorio en las aulas, en el marco de las jornadas: “El texto escolar como problema. Diversas miradas” a cuyo lanzamiento acudió Aleteia.

Elementos de distorsión en las verdades históricas y culturales están presentes en los contenidos oficiales que se emplean como “fuente de ideologización en los que se sataniza al empresario” y se “anula a los partidos políticos” como base de una democracia.

Al menos 20 especialistas participan en el coloquio sobre materiales elaborados por el Ministerio de Educación. Coinciden en sus denuncias contra el peculiar diseño curricular venezolano desde 2011, pero también contra este “mecanismo de adoctrinamiento”.

Impulsan una población pasiva

Carmen Arteaga, investigadora de la Universidad Simón Bolívar (USB), explica que abundan elementos para construir un “ciudadano pasivo que se someta ciegamente a los dictámenes de un líder carismático”.

Advierte que “hay elementos ideologizadores no sólo en los contenidos de Ciencias Sociales”, sino también en “textos de Matemática y Ciencias Naturales”.

Son textos cargados de “elementos propagandísticos”, en los cuales se impulsa la visión de “Hugo Chávez como refundador” de Venezuela; y en los que además se sataniza al cristianismo, a pesar de que más del 90% de la población se confiesa católica.

La especialista destacó que en el “proyecto curricular” del “Socialismo del Siglo XXI” se ve a “la educación como un mecanismo para crear cuadros políticos”, y sostuvo que fue esa la razón para que se ordenara la 1era edición de la Colección Bicentenario.

Dijo que “en los textos escolares está reflejado el relato sobre la historia de la nación”, y destacó que en niños y jóvenes están inculcando ideas distorsionadas que luego son “inamovibles”.

La lucha entre clases sociales

Insistió en que en los textos escolares diseñados por el oficialismo como herramienta de formación obligatoria “existe una representación que se ajusta a la visión marxista de la historia”.

La investigadora estuvo al frente de un seminario sobre Representaciones Discursivas en Textos Escolares que se hicieron en el Doctorado de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), patrocinante de este evento.

Pero no son los únicos que lo afirman. La actividad académica cuenta con docentes de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad Metropolitana (Unimet), la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel); y representantes de la Academia Nacional de la Historia; así como de la Universidad de Pereira de Colombia.

Entre los investigadores que respaldan los resultados de los estudios figuran Tulio Ramírez, director del Doctorado en Educación (UCAB); Inés Quintero, directora de la Academia Nacional de Historia; Migdalia Lezama, jefa del Departamento de Ciencias Sociales de la Escuela de Educación; Leonardo Carvajal, Pedro Alemán (UCV), Tomás Straka y el investigador colombiano Miguel Gómez Mendoza.

De acuerdo con los especialistas, en los textos se enseña que el pobre lo es porque no se permite que “la riqueza baje” hasta él. En este aspecto, Carmen Arteaga ironiza: “¿Qué significa que la riqueza baja? ¿Acaso no la tenemos qué producir o generar?”.

Dominación y dependencia

Ejemplarizó igualmente que cuando un texto escolar dice que “el pueblo entendió, siguió, admiró, comprendió o aceptó lo que dijo su líder, usted no está creando un ciudadano, sino un esclavo”. Además, “no se menciona a los partidos políticos”, o “son representados en términos negativos”.

Sostuvo que en los textos de la Colección Bicentenario hay “actores de la sociedad legítimos, como los empresarios, (que) son representados sistemáticamente en términos negativos”, pues se los vende como “explotadores”, y al empleado como “víctima”.

La profesora universitaria asegura que los textos tergiversan “nuestra base cultural” y mostró preocupación en cuanto a los dogmas que impulsan para contrariar visiones propias de “la mayoría de nosotros como cristianos”.

Los venezolanos “tenemos una base cultural hispánica; por eso hablamos castellano. Cuando yo satanizo ese elemento propio de nuestra identidad, estoy incorporando un elemento problemático para la construcción de una identidad positiva, reconciliada en una sociedad que pueda hacerse dueña de su destino”.

 Sesgo ideológico como política de Estado

Otra advertencia es el sesgo, pero no como un elemento propio de las inclinaciones naturales de quien escribe, sino como una política con propagandistas e ideológicos. Lo advierten el doctor Tulio Ramírez y el profesor universitario Leonardo Carvajal, investigadores que participan en las jornadas.

“Una cosa es el sesgo que un texto escolar puede tener en cualquier lugar del mundo. Y otra son los sesgos como política de Estado”, sostienen.

Recuerdan que para minimizar esta inclinación se establecían equipos de supervisión, pues “en toda obra humana hay valoraciones, imperfecciones e ideologías. Pero por ello, un ministerio de Educación debe velar por minimizarlos”.

No obstante, en 1998 desaparece esa supervisión como parte de una estrategia para fomentar el adoctrinamiento oficialista en las aulas. Esto lo lidera “un gobierno que impone su visión unilateral, de pensamiento único e inconstitucional”.

Aunque aseguran que “la pretensión del gobierno (de Nicolás Maduro) sobre el uso de ese texto escolar en Venezuela fracasó”, pues “no se usa” como pretendieron, “eso no nos deja exentos de peligros”.

“¡No se puede sacar a Dios de las escuelas!”

Y es que “son más de 12 millones de libros circulando”. Pero “es algo que está allí y no lo podemos desaparecer por un arranque de venganza ideológica”. Estiman en tal sentido que pueden ser útiles “para mostrar lo falsos que son”.

 “Eso sí: en un ambiente de libertad, democrático (…) Pueden convertirse en insumo para evaluar lo que fue la educación durante el período chavista”.

En 2009, a través del documento “La enseñanza religiosa en las escuelas”, el entonces Arzobispo de Caracas, cardenal Jorge Urosa, exclamó: “¡No se puede sacar a Dios de las escuelas!”. Su denuncia profética también recordó que: “Dios es importante para Venezuela”. Hoy su clamor resuena con más fuerza que nunca.

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