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Cómo dar la vida cuando no quieres morir

SAN NICOLAS
Facebook-Santuario María del Rosario de San Nicolás
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Que me la quiten, lo acepto, pero ¿darla yo sin oponer resistencia?

No quiero morir. No deseo el frío final de los muertos. No quiero tampoco que se mueran las personas que amo. Le pido a Dios un milagro para evitar un final fatal. Suplico una curación en el último momento. Le ruego como un niño que salve a los que amo.

Sólo pido eso.

Se lo pido sabiendo que es lo mejor para ellos, para mí. Quiero ponerle un freno a esa muerte tan fría que parece no tener misericordia.

La muerte no puede ser nunca lo mejor para nadie. Ni para el que se va. Ni para el que se queda. Menos aún la muerte repentina que no espero.

El corazón tiembla ante el vacío que deja la ausencia de los seres queridos. Teme la soledad. En esos momentos tengo el anhelo profundo de dejar que Dios lleve el timón de mi barca.

Quiero ser santo en mitad de mi vida como esos mártires que se desprenden de todo por amor a Dios y renuncian a defender su corta vida. Por no negar a Dios, por no traicionar la palabra dada, están dispuestos a acoger la muerte.

A veces creo que yo no soy así. Que no soy capaz de tanto. Sé que esa actitud sólo será posible si Dios se hace fuerte en mí. No soy yo santo a base de esfuerzo y renuncias. Sino que es Él el que me santifica, montado sobre mí, dentro de mi alma. Y yo me siento como santa Teresita:

«Yo querría también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección».

Me siento pequeño como ella. Incapaz de dar la vida. Que me la quiten, lo acepto. Pero ¿darla yo sin oponer resistencia? Me gusta más la vida. La vida de los vivos que sueñan con la vida eterna. La vida que se vive en presente. Y que es para siempre. En la película Coco escucho:

«Vive tu momento».

Y me levanto. Y estoy dispuesto a vivir cada día como si fuera el último. Dando valor a lo que importa. Y aprovechando las oportunidades que la vida me da para amar, para entregarme. Sin miedo.

Porque sé que tengo una misión que cumplir en mi camino. Lo sé desde siempre. Me viene otra frase de esa película: «Toda mi vida siempre hubo algo dentro de mí. Algo que me hacía diferente». Algo me hace diferente. Algo por lo que soy único.

Nadie puede vivir mi vida. Nadie podrá morir como yo muera. Sólo yo en mi pobreza. Con mi alegría. Con la paz que brota de mi alma. Estoy dispuesto a dar la vida sin dejar de vivir cada momento como un regalo de amor que Dios me entrega.

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