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Dar asilo de Evo Morales y negar la libertad de expresión

EVO MORALES
Patricio-Murphy - Shutterstock
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El asilo del ex mandatario boliviano en nombre de los derechos humanos y la contradicción frente a la libertad de expresión del gobierno de México

Mientras una misión internacional – conformada por 17 organizaciones internacionales dedicadas a la defensa de la libertad de expresión – subrayaba su preocupación por la falta de compromiso que ha mostrado el gobierno de México para resolver la grave crisis en materia de libertad de expresión que enfrenta, así como para reconocer la gravedad del problema, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha decidido, en nombre de los derechos humanos, darle asilo al ex presidente de Bolivia, Evo Morales.

En 2019, según han relatado los organismos internacionales de prensa, “México se convirtió en el país más mortífero del mundo para quienes ejercen el periodismo”.

Además 99 por ciento de los casos de asesinatos y desapariciones de periodistas siguen sin resolverse “y no existen garantías para que quienes se dedican a informarnos puedan hacer su labor sin temor a represalias, amenazas, violencias e intimidaciones”.

Las razones para acoger al controvertido expresidente Morales, según el canciller mexicano Marcelo Ebrard, han sido de carácter “humanitario”. En palabras de Ebrard, la vida de Morales corre peligro si se quedara en Bolivia.

Lo que los organismos internacionales de prensa se preguntan en un fuerte comunicado emitido esta semana es si estas “razones humanitarias” no aplican también a los periodistas mexicanos.

“En los diferentes encuentros sostenidos, la misión hizo un llamado al gobierno mexicano para reducir en 2 por ciento anual la impunidad en los crímenes contra periodistas, que actualmente es de más de 99 por ciento; implementar las 104 recomendaciones que la Organización de la Naciones Unidas hizo al Mecanismo de protección para personas defensoras de derechos humanos y periodistas; y poner fin al discurso oficial que estigmatiza y aumenta la vulnerabilidad de miles de periodistas en el país”.

En efecto, en sus conferencias “mañaneras”, el presidente López Obrado ha lanzado epítetos contra la prensa que no es afín a sus ideas, calificándola de “corrupta” y “servil” a los intereses de sus “adversarios” a quienes mete en el mismo saco de “conservadores”.

Ello ha acarreado que el oficio periodístico en México se convierta en un infierno, en tanto que las autoridades le dan muy poca importancia, incluso a los asesinatos.

Varias medidas de protección a los periodistas han pedido a México los organismos internacionales, entre ellas establecer con la Fiscalía especial de Atención para los Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión una reunión semestral de seguimiento sobre la aplicación del Protocolo homologado de investigación de delitos cometidos contra la libertad de expresión.

El actual gobierno de México se promociona ante el exterior como un campeón de los derechos humanos, la no intervención y la libre determinación de los pueblos. Acoge a Evo Morales (a quien todavía lo considera oficialmente como presidente de Bolivia por cuarto mandato), señala que hubo en Bolivia un golpe de Estado y se olvida del infierno interior que se vive en el país con un promedio de 100 homicidios dolosos por día, uno cada 15 segundos.

Y olvida a los principales pilares de la libertad de expresión, los periodistas. En lo que va del año diez de ellos han caído por las balas de los sicarios del crimen organizado. Estos saben muy bien que no va a haber consecuencias negativas. El viejo dicho de “candil de la calle y oscuridad de tu casa” se aplica, a la perfección, en este momento de México.

Cabe resaltar que la Coalición internacional de organizaciones de la sociedad civil sobre seguridad de los periodistas (ISCO SOJ Coalition) está integrada por 17 organizaciones internacionales y regionales de la sociedad civil, y tiene el objetivo de fortalecer la coordinación para promover la seguridad de los periodistas y luchar contra la impunidad.

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