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El mensaje de su hermana que emociona al Papa

AFP
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Le entregan una obra con la mano de su hermana y escucha un bello mensaje

Un artista plástico argentino regaló al Papa Francisco una escultura réplica de la mano izquierda de su hermana María Elena, a quien el Pontífice no ve desde que asumió la cátedra de San Pedro, en 2013. Gustavo Masó, quien recientemente había obsequiado a Francisco un óleo de Jorge Luis Borges, hizo además escuchar al Papa un saludo de María Elena, quien le expresa que le gustaría estar con él y abrazarlo: “Creeme que estamos abrazados, a pesar de la distancia, estamos muy abrazados”, le dice en el mensaje.

Son las mismas palabras que el Papa le dijo la primera vez que conversaron después del cónclave: “Creeme que estamos abrazados, que estamos muy juntos, más allá de las distancias”. Días antes, previo a viajar a Roma, le había dicho: “Bueno, nena, cuando vuelva, charlamos”. Aún no volvió, aunque mantienen un vínculo telefónico frecuente.

María Elena es la única hermana del Papa con vida. Mario José Bergoglio y Regina María Sivori tuvieron cinco hijos. El mayor de ellos fue Jorge Mario, y la menor María Elena, quien apenas asumido el Papa dio varias entrevistas, pero luego, por motivos de salud, se mantuvo mayoritariamente alejada de los medios de comunicación, en su hogar de Ituzaingó. 11 años menor que el Papa, María Elena aclaró siempre que no pudo vivir a su hermano demasiado, ya que de chica él ya había ingresado al seminario. Pero que siempre fue atento y protector con ella y sus hermanos.

La escultura en piedra obsequiada por Masó se titula “El deseo tangible”. Pero no es la primera colaboración suya con el Papa. Además de la obra de Borges, en 2014 le obsequió un óleo que evoca el abrazo interreligioso que protagonizó Francisco frente al Muro de los Lamentos, junto con dos amigos suyos argentinos, el rabino de Buenos Aires, Abraham Skorka y el director del Instituto por el Diálogo Religioso en Buenos Aires, Omar Abboud. Además, sus dibujos en lápiz de 70 centímetros por 100 de Juan XXIII y Juan Pablo II estuvieron presentes durante la canonización de los dos papas ese mismo año.

El primer contacto entre Masó y Francisco fue epistolar, a partir de una experiencia vivida por el artista durante el embarazo de su esposa, y un cuadro que pintó, a raíz de este episodio, intentando mostrar la relación que su amigo el músico Gustavo Cerati mantenía con su madre, cuando el primero permanecía internado a causa de un ACV.

No sólo ese intercambio de cartas motivó una relación entre el artista y el Papa, sino que también vinculó en ese momento al Papa con Lilian, la madre de Cerati.

Nuevamente, Masó tocó el corazón del Papa. Esta vez permitiendo un reencuentro virtual que aún no pudo regalarse con su hermana María Elena.

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