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Papa Francisco:“Cuando los pobres se organizan son auténticos poetas sociales”. 

Pope with refugees
Le 10 septembre 2013, le pape François rencontre des réfugiés lors d'une visite au Centre Astalli (centre d'accueil pour les réfugiés) à Rome, Italie © Alessia GIULIANI/CPP/CIRIC

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El Pontífice ha recibido en audiencia a los participantes del Encuentro del Secretariado por la Justicia social y la Ecología de la Compañía de Jesús

“Nuestro mundo está necesitado de transformaciones que protejan la vida amenazada y defiendan a los más débiles”, dijo el papa Francisco este jueves 7 de noviembre de 2019 durante la audiencia a los participantes del Encuentro del Secretariado por la Justicia social y la Ecología de la Compañía de Jesús (SJSE) llevada a cabo en el Palacio Apostolico Vaticano.

Bajo el lema “Un camino de justicia y reconciliación: 50 años y más allá”, el SJSE celebró su 50 aniversario en Roma, del 4 al 8 de noviembre, en la Curia General de la Compañía de Jesús. 

Buscamos cambios y muchas veces no sabemos cuáles deben ser, o no nos sentimos capaces de abordarlos, pues nos sobrepasan”, sostuvo el Papa ante los jesuitas que sirven en las obras sociales y educativas a favor de los pobres, marginados y refugiados. 

La Compañía de Jesús fue llamada – afirmó el Papa – desde sus orígenes al servicio de los pobres, una vocación que san Ignacio (1491-1556) incorporó a la Fórmula de 1550. 

Servir en cárceles, hospitales y campos de refugiados

Los jesuitas se dedicarían, según el Papa y citando al fundador, “a la defensa y propagación de la fe y al provecho de las almas en la vida y doctrina cristiana”, así como a “reconciliar a los desavenidos, socorrer misericordiosamente y servir a los que se encuentran en las cárceles o en los hospitales, y a ejercitar todas las demás obras de caridad”. 

Francisco sostuvo que esta opción preferencial por los pobres y marginados “no era una declaración de intenciones, sino un modo de vida que ya habían experimentado, que les llenaba de consolación y al que se sentían enviados por el Señor”. 

Salir de la lógica humana

El mensaje del Papa fue de aliento para seguir la obra de ayuda a los más pobres del mundo: “En las fronteras de la exclusión corremos el riesgo de desesperar, si atendemos únicamente a la lógica humana. Lo llamativo es que muchas veces las víctimas de este mundo no se dejan llevar por la tentación de claudicar, sino que confían y acunan la esperanza”. 

El discurso del Papa fue dirigido a cerca de 210 jesuitas y miembros laicos de 62 países de la SJSE, en un momento histórico, un kairós, de la Compañía de Jesús con el objetivo de renovar el compromiso con la promoción de la justicia y la reconciliación con la Creación, en un mundo cada vez más complejo. En los últimos años, los jesuitas han intensificado su labor a favor de la protección de la Casa Común. 

Poetas sociales

En este contexto, el Papa sostuvo: “Todos nosotros somos testigos de que ‘los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho…Cuando los pobres se organizan se convierten en auténticos “poetas sociales: creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores de alimentos, sobre todo para los descartados por el mercado mundial”.

El primer Papa en abrir las puertas del Vaticano a los movimientos populares, afirmó que el “apostolado social no está para resolver problemas, sino para promover procesos y alentar esperanzas”. “Procesos que ayuden a crecer a las personas y a las comunidades, que las lleven a ser conscientes de sus derechos, a desplegar sus capacidades y a crear su propio futuro”, añadió.

Compartir la esperanza  

Así, les instó a que trabajen por “la verdadera esperanza cristiana, que busca el Reino escatológico, (y que) siempre genera historia”.  “Compartan su esperanza allá donde se encuentren, para alentar, consolar, confortar y reanimar. Abran futuro, susciten posibilidades, generen alternativas, ayuden a pensar y actuar de un modo diverso”, agregó. 

Asimismo, el Papa invitó a rezar siempre antes y después de ir al encuentro de los más pobres. “Cuiden su relación diaria con el Cristo resucitado y glorioso, y sean obreros de la caridad y sembradores de esperanza”. 

Caminen cantando y llorando, que las luchas y preocupaciones por la vida de los últimos y por la creación amenazada, no les quiten el gozo de la esperanza”. 

57 mártires jesuitas asesinados

Una esperanza que no se opaca ante el recuerdo doloroso de los 57 mártires jesuitas asesinados por defender la justicia y la reconciliación y que han muerto en los últimos 50 años. En este sentido, el actual superior Arturo Sosa Abascal confirmó en Roma, recientemente, que el proceso de beatificación del jesuita Rutilio Grande García S.J. se encuentra casi en su ultima etapa.

Se trata de un sacerdote salvadoreño que fue asesinado en 1977, junto con otros dos salvadoreños, hecho que impulsó a san Óscar Romero —de quien fue amigo— a insistir al gobierno que investigara el hecho.

30 aniversario del martirio de la UCA

Francisco recordó “el 30 aniversario del martirio de los jesuitas de la Universidad Centroamericana de El Salvador, que tanto dolor causó al P. Kolvenbach y que lo movió a pedir la ayuda de jesuitas en toda la Compañía. Muchos respondieron generosamente. La vida y la muerte de los mártires son un aliento a nuestro servicio a los últimos”. 

El testamento de padre Pedro Arrupe

Asimismo, Francisco hizo memoria del legado del padre Pedro Arrupe, superior general de los jesuitas entre 1965 y 1981, quien fortaleció la “tradición ignaciana originaria” con su vocación y experiencia volcada al “contacto con el dolor humano”. En febrero de 2019, se inició el primer paso hacia la beatificación y, eventualmente, la canonización de Arrupe.

Francisco citó un texto del ex provincial de los jesuitas vasco: “vi (a Dios) tan cerca de los que sufren, de los que lloran, de los que naufragan en esta vida de desamparo, que se encendió en mí el deseo ardiente de imitarle en esta voluntaria proximidad a los desechos del mundo, que la sociedad desprecia”. 

Luego alzando la mirada, afirmó: “Hoy usamos la palabra “a los descartados”, ¿no?, y hablamos de cultura del descarte, esta gran mayoría de gente dejada al camino”.  “Para mí, de este texto lo que me toca profundamente es el origen de donde viene. De la oración, ¿no? Arrupe era un hombre de oración, un hombre que peleaba con Dios todos los días, y ahí nace esto fuerte”. 

Promoción de la justicia en las periferias

El P. Pedro “siempre creyó que el servicio de la fe y la promoción de la justicia no podían separarse: estaban radicalmente unidas. Para él, todos los ministerios de la Compañía tenían que responder, a la vez, al desafío de anunciar la fe y de promover la justicia. Lo que hasta entonces había sido una encomienda para algunos jesuitas, debía convertirse en una preocupación de todos”. 

Por último, ha querido dejar una “imagen”, como esas “estampitas” que se regalan en las parroquias.  La imagen de un “campo de refugiados, con los descartados”, una imagen plástica del testamento de padre Pedro Arrupe, allá en Tailandia, que exhortaba a  los jesuitas “de padecer con esa gente” y no dejar la oración. “Fue su testamento. Dejó Tailandia ese día y en el avión tuvo su ictus”. “Que esta estampita, que esta imagen, los acompañe siempre. Gracias”, concluyó.  

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