Recibe Aleteia gratis directamente por email
Cada día, noticias que dan esperanza: ¡recibe Aleteia por email!
¡Inscribete!

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

Cuando el sexo separa a la pareja

PARA W ŁÓŻKU
Shutterstock
Comparte

El sentimiento de decepción por las relaciones íntimas en el matrimonio, puede ser la llave de una maligna puerta hacia la desconfianza, frustración, y el grave deterioro del amor conyugal

En relación a este problema, en nuestra consulta suelo escuchar expresiones que contienen pensamientos y actitudes comunes como estas:

Esposa: “Me da por pensar que le interesa más su trabajo, sus familiares y amigos y que ya no le importo. Estoy tan decepcionada… Pienso que ha dejado de quererme.

Tristemente, le parece de lo más normal tener intimidad sin haber cuidado sus modales, su apariencia, o por lo menos haber sido antes un poco cariñoso, y, para colmo, cuando lo hacemos, al terminar se da la vuelta para dormir y roncar sin decir ni pio… ¡Todo esto hace que me sienta tan mal!

¡Además…esto y lo otro!”

Esposo: “No la entiendo. Nada que ver con como era al principio. Ahora no solo no me deja tomarla de la mano, sino que me rehúye de muchas maneras o es muy fría en las relaciones íntimas. Me frustra verdaderamente, tanto que ni se lo imagina.

La verdad, yo trato de “cumplir” en la cama aun cuando estoy cansado, o bien, es lo que deseo sin más, y no veo nada de malo.

¡Y por si fuera poco!… el otro día… tal vez necesite alguna forma de terapia”.

¿Qué está pasando?

El fondo: malentendidos, falta de comprensión y empatía.

Más no falta de amor.

Por ello, en el ámbito sexual la comunicación debe ser sincera y confiada, diciendo lo que preocupa, lo que se piensa y en lo que se siente afectada una o las dos partes cuando las cosas no van bien, ya que las relaciones íntimas según  la edad y las circunstancias, son delicadamente importantes, pues además de ser el reducto fisiológico del amor,  son esencialmente unitivas, física, afectiva y espiritualmente.

Sin embargo en ciertos casos, se incurre en actitudes que atentan contra su calidad.

En el varón:

  • En cuanto a la intimidad, suelen algunos varones considerar muy erróneamente que su importancia estriba en tecnicismo sexuales y la sola búsqueda del placer por el placer mismo.
  • Por ello pasan por alto una implicación más personal, valorándolas y entregando todo su ser a través de ellas.
  • Por lo tanto, descuidan sistemáticamente los detalles afectivos como sustento natural de las mismas.
  • Usan de las relaciones como un desfogue de sus preocupaciones y tensiones, con el riesgo de quedar instalado en ello, desvalorizándolas, confundiendo y frustrando a su esposa.
  • Descuidan su apariencia física y con ello todos los que fueron sus modales de conquista, precisamente porque considera el matrimonio como un terreno conquistado, en el que él es un vencedor que quiere a su modo.

La mujer:

  • Al contrario del varón, por lo propio de su feminidad, la mujer no suele separar amor y sexo, y si no se siente querida, es como si su cuerpo se bloquease.
  • La mujer, aun deseando tener relaciones sexuales con su marido, no suele comunicarlo con actitudes suficientemente claras aun cuando discretas y delicadas, por lo que pueden pasar desapercibidas al varón.
  • Ante el descuido de las atenciones y demás manifestaciones de afecto que entrelazaban afectivamente, la esposa se siente celosa y comienza a desconfiar del amor del esposo, así como a buscar al presunto rival que no tiene que ser otra mujer; pueden serlo también familiares, amigos, el trabajo o las aficiones.
  • Su desconfianza la manifiesta en el distanciamiento físico y afectivo, considerando que es lo que más puede doler y necesitar el esposo para corregirse, lo que hace más grave la crisis, al no ser comprendida.

Todo se arreglaría aclarando que ya no confían en su amor y la razón de ello, pero optan por la hostilidad que ensancha la brecha de la comunicación: cuando el camino correcto debería ser confiar en que cuando se dice o hace algo, que el otro no entiende, este debería de saber que existe algo que ignora, y buscar esos datos, en vez de pensar que actúa por maldad o faltas de amor.

De evitar que la crisis se haga crónica por la humildad y la comprensión, reconociendo los respectivas culpas y errores aprobando la difícil prueba de acusarse a sí mismos, como testimonio de que realmente se desea reconducir la situación al plano de la mutua confianza, ya que si se han peleado es porque se desean y aman, por lo que deben luchar contra la indiferencia que los llevaría necesariamente por el camino contrario.

Se trata de recomenzar y volver al punto cuando la confianza estaba intacta y cualquier detalle de cariño suscitaba un abrazo.

La intimidad mal vivida es un aspecto de la vida conyugal que hay que tratar con muchísima delicadeza y cuidado. Porque los esposos, precisamente porque se quieren, pueden llegar a hacerse mucho daño si no se tratan con la delicadeza y cuidado necesario.

Consúltanos en: consultorio@aleteia.org

   

Boletín de Noticias
Recibe gratis Aleteia.
Los lectores como usted contribuyen a la misión de Aleteia

Desde nuestros inicios en 2012, los lectores de Aleteia han crecido rápidamente en todo el mundo. Nuestro equipo está comprometido con la misión de proporcionar artículos que enriquezcan, inspiren y nutran la vida católica. Por eso queremos que nuestros artículos sean de libre acceso para todos, pero necesitamos su ayuda para hacerlo. El periodismo de calidad tiene un costo (más de lo que la venta de publicidad en Aleteia puede cubrir). Por eso, los lectores como USTED son fundamentales, aunque donen incluso tan poco como 3$ al mes.