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¿Qué son los 46 rosarios a la Virgen de Guadalupe?

GUADALUPE
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En muchos templos de México se ha arraigado la venerable tradición de enlazar octubre, mes del Rosario, con el 12 de diciembre, día en que se conmemora a María de Guadalupe, patrona de México y de todas las Américas.

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Con el día que se celebra la fiesta de los apóstoles Simón y Judas Tadeo –éste último muy venerado en México—comienza el rezo cotidiano del Rosario a la Virgen de Guadalupe por 46 días seguidos, hasta que se celebra su fiesta.

Hay que recordar que el 12 de diciembre de 1531, apenas diez años más tarde de la caída de México-Tenochtitlán, la Madre de Cristo se apareció en la colina del Tepeyac al indígena recién convertido –hoy santo—Juan Diego.

Hoy, 488 años más tarde, el ardor del pueblo de México por “la morenita del Tepeyac”, como cariñosamente la llamara en cada una de sus cinco visitas a México San Juan Pablo II, ha crecido hasta convertirse en un acontecimiento que paraliza a la nación.

Tan solo entre el 11 y el 12 de diciembre, cerca de ocho millones de personas visitan la Basílica de Guadalupe, el santuario mariano más concurrido del mundo, con cerca de 22 millones de peregrinos cada año.

La devoción de los 46 rosarios, que coincide con las 46 estrellas que contiene el manto en la imagen que dejó plasmada la Virgen en la tilma de Juan Diego comenzó hace más de cien años por iniciativa de monseñor Antonio Plancarte y Labastida, Abad del templo del Tepeyac en el siglo XIX.

Fue gracias a la iniciativa de Plancarte que la Virgen Morena recibió la coronación pontificia en 1895 y que se mandó construir y agrandar la Antigua Basílica de Guadalupe.

El origen de esta devoción se dio con el habitual rezo diario del santo rosario en los jardines del Santuario (actual Basílica) hasta el día de la Fiesta de Santa María de Guadalupe.

No existe una fórmula única para el rezo del Santo Rosario a la Virgen de Guadalupe, pero en su versión más difundida se puede entender el sentido de esta devoción popular con el Ofrecimiento de los 46 rosarios:

*Oh Purísima Virgen de Guadalupe a quien amo tiernamente como a mi verdadera y dulcísima Madre, dígnate admitirme en tu sagrada presencia; aquí vengo a ofrecerte en unión de los Ángeles y de los Santos uno de los cuarenta y seis rosarios con que deseo honrarte. Este número debe de serte muy agradable, puesto que lo has escogido, para que sea una de las estrellas que adornen tu regio manto.*

*También vengo, oh Soberana Señora, a pedirte por una de mis necesidades públicas y particulares que me aquejan. (Se hace la petición) ¿A quién he de recurrir, si no a Ti que eres mi Madre? Muéstrame la suave compasión que le mostrase a Juan Diego.*

*Verdad es que no lo merezco porque no tengo las virtudes de aquel piadoso indio; más espero de tu misericordia infinita que me darás un corazón puro y amante como el suyo. Entonces podré oír en el fondo de mi alma que alivias mis penas con aquellas mismas dulcísimas palabras que le dijiste “Hijito mío no te aflijas ¿Por ventura no estoy Yo aquí yo que soy tu Madre? ¿Por ventura no estás aquí acogido bajo mi amparo? ¿Se te ofrece otra cosa?” *

*Sí Madre mía dulcísima, sí se me ofrece otra cosa, además de las gracias que te estoy pidiendo, te suplico que bendigas a toda tu nación mexicana, de un modo especial protege a todos los que te sean más devotos, para que formando tu familia íntima en esta vida, tengan la dicha de formar tu corte predilecta allá en el cielo. Desde donde contigo alabaremos eternamente al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo…Amén.*

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