Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
jueves 03 diciembre |
San Francisco Javier
home iconEspiritualidad
line break icon

Soy un desastre... ¿qué me levantará?

depressed young

By Alexandr23/Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 27/10/19

Mi orgullo es una coraza que me enferma, solo desde mis heridas y defectos puedo apreciar un amor incondicional

Jesús me invita hoy a vivir con un sano sentimiento de culpa. Y pone como modelo ante mí a un pecador público arrepentido. Un publicano entra en el templo y reza con humildad:

«El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: – Oh Dios!, ten compasión de este pecador».

Un publicano al que muchos desprecian. Él es el modelo, el ejemplo a seguir. Sorprende. Pero es su actitud la que es un ejemplo. Se reconoce débil. Es el camino de la verdadera conversión. Santa Teresita comenta:

«¡Qué apacible alegría pensar que Dios es justo, es decir que tiene en cuenta nuestras debilidades, que conoce perfectamente la fragilidad de nuestra naturaleza! ¿De qué podría tener miedo? El Dios infinitamente justo que se dignó perdonar con tanta bondad todos los pecados del hijo pródigo, ¿no ha de ser justo también conmigo que estoy siempre con Él?».

Dios me mira con misericordia. Más aún cuando me reconozco frágil y pecador. Es la actitud que quiero tener ante los demás, ante Dios.

¿Me cuesta mucho pedir perdón cuando no he actuado bien? ¿Busco excusas cada vez que me confundo intentando que sean otros los que parezcan culpables?

Mi incapacidad de pedir perdón juega en mi contra. Mi orgullo es una coraza que me enferma. La humillación a la que me lleva mi deficiencia me hace mejor persona. Sólo desde mis heridas y defectos puedo apreciar un amor incondicional. Leía el otro día:

«Por primera vez en mi vida me sentí querido tal y como yo era, con todos y cada uno de mis defectos. Y era Jesucristo quien me amaba así, quien siempre me había amado y estaba escribiendo conmigo una historia maravillosa, donde el sufrimiento cobraba sentido y donde era perdonado de todas mis barbaridades».

Me siento pecador. Esa experiencia es sanadora, liberadora. No he sido amado por hacerlo todo bien. No puedo. Tengo demasiados límites.

Lo intento y experimento mi debilidad. Me siento culpable. No he estado a la altura esperada. Veo mis faltas. Y sigo soñando con las alturas. No me desespero. Dios cargará conmigo siendo yo pequeño. Hoy escucho: 

«El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial».

Perdonará mis culpas, lavará mis delitos, no tendrá en cuenta mi corazón herido que hiere. Mirará lo bueno que hay en mí. Soñará con lo que puedo llegar a ser. Me lo recuerda:

«Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Sólo humillándome podré ser enaltecido. Sólo si tomo en cuenta mi naturaleza caída podrá levantarme Dios con su fuerza misericordiosa. No me escandalizo de mi pecado. Comenta el padre José Kentenich:

«Primero, no asombrarnos; segundo, no confundirnos; tercero, no desanimarnos; cuarto, no instalarnos. O sea, no decir, esto forma parte de mi rostro. Existe el peligro de que, como estamos tan impulsados y teñidos por el medio que nos rodea, la conciencia ya no se inquiete, tomamos sin más la opinión pública como lenguaje de la conciencia. Yo vivo en la opinión pública, hago lo mismo. Pasado mañana se me habrá desteñido la fuerza impulsora para la formación individual de la personalidad, la conciencia. Me habré convertido en un hombre masa. Lo positivo: se trata de utilizar también estas pequeñas cosas. Cuando soy débil, entonces soy fuerte. Me glorío de mi debilidad».

Miro mis debilidades y pecados con misericordia. Dios puede construir sobre mi barro. Desde mi humillación seré enaltecido. No me desespero.

Jesús conoce mi alma y yo ante Él me arrodillo. Desde mi pequeñez le suplico que me levante y salve.

Tags:
miseriamisericordia
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia hoy se publica diariamente en ocho idiomas: francés, inglés, árabe, italiano, español, portugués, polaco y esloveno.
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
FATHER JOHN FIELDS
John Burger
Muere el sacerdote voluntario para el ensayo ...
HUG
Dolors Massot
El médico que abrazó al enfermo de coronaviru...
MARIA DEL MAR
Rodrigo Houdin
Fue abandonada en un basural, pero buscó a su...
HOMELESS
Javier González García
La historia de Marina: De vivir en la calle a...
EMANUELLE CUETO RAMOS
Jesús V. Picón
Sacerdote con cáncer terminal: Pierde los ojo...
Philip Kosloski
Cuando sientas que todos conspiran contra ti,...
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.