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Un pobre diablo y un pobre hombre sin sombra

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Reflexionamos con la conocida novela “La maravillosa historia de Peter Schlemihl”, un clásico del siglo XIX

Adelbert von Chamisso (1781-1838) es un escritor romántico, francés de nacimiento. Huyendo de la revolución francesa, su familia se estableció en Prusia. Asistió a las reuniones del círculo literario de Madame de Staël, a la que siguió cuando fue exiliada por Napoleón.

La maravillosa historia de Peter Schlemihl (1814) es una novela corta que relata la vida de Peter Schlemihl, un pobre hombre, un desgraciado. Peter no es sólo un pobre hombre sino también un hombre pobre al que le llaman poderosamente la atención el estilo de vida de los ricos. En casa de uno de ellos se sorprende ante un hombrecillo que consigue instantáneamente todo tipo de cosas realizando inmediatamente los más mínimos deseos del dueño de la suntuosa mansión donde se encuentran.

Ese astuto hombrecillo propone a Peter un acuerdo: le proporcionará una bolsa de la que siempre podrá sacar más y más oro. Riqueza ilimitada a cambio de una insignificancia. Sólo le pide su sombra. ¿Qué es una sombra, una simple figura oscura que nos sigue y se arrastra continuamente por el suelo? Después de todo, una sombra no es más que una sombra y bien se puede prescindir de ella“. Y, a cambio, disfrutar de todo lo que el oro puede conseguir en esta vida.

Peter acepta, claro. Se pierde muy poco, apenas nada; y se gana tanto… Acepta pero pronto comprueba que al carecer de sombra ha perdido un elemento de su personalidad; de alguna manera ya no es un hombre completo. Y todo el mundo percibe rápidamente esa tara.

Se da cuenta de que, aunque se nade en la abundancia, la vida no depende de las riquezas. Tiene oro y lo que el oro compra, pero él es rechazado. Él no es su oro. Tiene que esconderse, vivir lejos de la luz del día, lejos de la vida normal de los humanos.

Aún así, no puede ocultar a todo el mundo todo el tiempo su condición real. Dos criados lo descubren. Uno se aprovecha y emprende un saqueo inmisericorde de la riqueza que ni aún así experimenta merma alguna. El otro comprende el drama de Peter y se apiada del pobre hombre que sólo tiene dinero, distingue el oro de la persona, la sombra del hombre y, finalmente, presta lealtad a Peter.

Ese acto de nobleza restituye a Peter a la comunidad humana, le amplía horizontes y le hace caminar con mayor autoestima entre los demás hombres. Un día, una noche más bien, queda prendido en un par de ojos azules, los de Mina, una encantadora muchacha que parece corresponderle.

Ese par de ojos azules también fascinan al servidor infame. Tiene enormes riquezas y, además, conserva su sombra. Los padres de Mina no dudan por quién debe decantarse su hija.

Mina, ¿qué hará? ¿Distinguirá el oro de la persona y estará dispuesta a unir su destino al del pobre Peter o, por el contrario, apostará por la seguridad?

La situación es dolorosa para Mina. Desesperada para Peter. Aparece otra vez el hombrecillo, que se denomina a sí mismo «un pobre diablo», nada más. Plantea a Peter la posibilidad de recuperar su sombra, mantener la riqueza y, de un solo golpe, reponer su hombría completa y conquistar a su amada; le propone, en suma, recuperar una vida que está perdiendo.

Le propone recuperar todo, todo. A cambio sólo un pequeño recuerdo“, una firma sin importancia al pie de un documento que dice: Mediante mi firma, cedo al portador de este escrito mi alma, después de su separación natural de mi cuerpo.

El paralelismo con el momento en que cedió la sombra es patente: ¿Qué es el alma?, algo que nadie ha visto nunca, una fuerza galvánica o actividad polarizadora a cambio de la cual podría conseguir algo bastante real: su auténtica sombra, con la que podrá lograr la mano de su amada y la satisfacción de todos sus deseos“.

Peter odia profundamente a ese pobre diablo pero sabe que está en juego todo lo que él ama. No es el único que siente la tentación de tropezar por segunda vez en la misma piedra. Y cada acto realizado no zanja nada sino que pone en marcha nuevos dinamismos que afectan a la propia vida y a la de los que nos rodean: Quien con ligereza pone un solo pie fuera del camino recto se ve conducido de inmediato hacia otros senderos que le impulsan cada vez más abajo“.

¿Qué hará Peter en esta ocasión? ¿Defraudará al criado que creyó en él? ¿Conseguirá a su amada precisamente al envilecerse? ¿Cómo reaccionarán los que han confiado y quienes se han aprovechado de su pródiga vulnerabilidad?

La bolsa de oro no es la única maravilla que Chamisso pone en manos del pobre Peter. Hay otras maravillas que lo familiarizan con el poder, el conocimiento y otros afanes de los hombres. Por eso, al final puede permitirse un aviso, una advertencia: Si es que quieres vivir entre los hombres, amigo mío, aprende a estimar en primer lugar tu sombra y después tu oro. Pero si sólo quieres vivir para ti y para tu íntimo perfeccionamiento, entonces no necesitas ningún consejo“.

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