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¿Qué tienen de especial los niños disciplinados y los adolescentes serenos?

SHUTTERSTOCK
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En la vida es clave aprender a autorregularse

En estos últimos años, muchas personas están sufriendo confusión y desorientación por cuestiones que afectan a su salud o a su desarrollo vital, o a su vida familiar, o escolar, e incluso, a su vida de pareja. Para intentar terminar con esta confusión, los expertos recomiendan ahora apostar por la llamada autorregulación.

Se está comprobando como la autorregulación es ayudar a mejorar el conocimiento del desarrollo de un niño, de un joven, y de un adulto, en definitiva. Además con ella se logran buenos resultados en el control de la obesidad, por ejemplo, o en la preparación preescolar de cara al inicio de la Primaria, o bien para lograr el éxito académico en la adolescencia y, a largo plazo, una vida saludable física y emocionalmente. 

La autorregulación es la capacidad de activar, monitorear, inhibir, perseverar y/o adaptar de manera flexible el propio comportamiento (también la atención, las emociones y las estrategias cognitivas propias) en respuesta a las indicaciones procedentes de señales internas, de los estímulos ambientales (externos) y en la interacción vital con otros, con el fin de alcanzar objetivos personalmente relevantes.

De hecho, la socialización es ese proceso en el que uno se hace consciente que si se quiere vivir en sociedad hay que respetar unas reglas, hay que respetar al otro y este respeto tiene su base más profunda en la autorregulación.

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Desde los primeros pasos de la investigación de Mischel (el test de la golosina) en 1969 empezó a quedar claro que la autorregulación era clave para conducirse saludable y exitosamente a lo largo de la vida. 

Al cabo de 30 años los niños que resistieron comerse la primera golosina en espera de la segunda, la vida, en función de su autodominio, les fue mejor.

Del niños disciplinado al adulto cívico

La autorregulación ayuda a un niño a ser disciplinado y sereno, a un adolescente  a ser cabal, a un adulto a ser cívico y buen profesional. Y por supuesto, buenos hijos, buenos hermanos y buenos padres y madres.

Por eso es importante la autorregulación. Pero hablar de ella nos deja un poco desasistidos en el plano práctico.  Y hoy la escuela, la familia, la universidad, la formación profesional y el mundo laboral, la democracia,  necesitan pasos en  esta  dirección. 

Con este propósito nos proponemos definir las funciones ejecutivas, las que ocupan el más alto rango ejecutivo en nuestro cerebro. Son tres: 

  • la memoria de trabajo,
  • la flexibilidad mental 
  • la autorregulación.

Alguno pensará que la memoria de trabajo y la flexibilidad mental no cuentan con protagonismo en la autorregulación pero no es así. Solo una persona de ágil memoria de trabajo que cuenta con las ideas en la mente manejables para pensar cada situación con flexibilidad y adaptabilidad y así tomar decisiones autorreguladas en el presente (y a lo largo del tiempo) al servicio de objetivos constructivos, civilizados, altruistas, en una palabra: buenos. De sus resultados no solo se beneficia la persona que los trabaja sino toda la sociedad.

Empecemos a señalar cómo actúan, quién y cómo se benefician de las funciones ejecutivas. 

Pensemos particularmente en las etapas educativas.

1. Aprovechamiento escolar

  • El niño entrenado en las funciones ejecutivas es capaz de recordar las instrucciones recibidas y secundarlas.
  • Es un niño que escucha porque está atento.
  • Y está atento porque controla las distracciones y los comportamientos impulsivos.
  • Es capaz de seguir el curso de la clase y no despistarse ni molestar al compañero.
  • Su manejo de conceptos, ideas, auto-instrucciones mentales le permiten adaptarse a las reglas que marca la/el maestra/o en el curso de la clase.
  • Y cuando, por ejemplo, se le da instrucciones, es capaz de perseverar en la tarea.
  • Y cuando se le encargan deberes, es capaz de trabajar a largo plazo.
  • Todo en aras a su objetivo en el horizonte: aprender o cuando menos obtener la aprobación de maestros y padres y buenas calificaciones. Poco pero suficiente para empezar en la escuela.

2. Actuaciones colaborativas

  • No solo benefician las funciones ejecutivas al actor que las despliega. Benefician al clima del aula, y al aprendizaje compartido.
  • Facilita el entendimiento en el trabajo en equipo, en la ejecución de un liderazgo asertivo, en la correcta toma de decisiones que afecta a los colaboradores.
  • Este niño se mira a sí mismo, interactúa con los demás y críticamente se corrige en sus actitudes con respecto al objeto de estudio y con respecto a las relaciones con sus compañeros.
  • Es un buen evaluador de sus emociones y de las emociones de los demás con un resultado objetivo: el aprendizaje fluye.

3. Decisiones saludables. 

Las funciones ejecutivas se desarrollan a lo largo de la vida sin embargo nosotros nos estamos fijando en los niños y adolescentes. Los niños y adolescentes toman buenas decisiones sobre su salud guiados por sus padres, por los adultos y por su auto-obediencia reflexiva que calibra lo que es mejor y peor para prosperar físicamente, higiénicamente, saludablemente.

  • Un niño o un adolescente formado en funciones ejecutivas come mejor y hace más ejercicio porque confía en las pautas de los mayores expertos, padres, profesores, administración.
  • Y no asume riesgos impulsivamente pues se para a pensar, recuerdan los conceptos y las ideas que siempre le ha ayudado y, flexiblemente, rechaza la presión del entorno. Entonces no consume drogas y  evita las conductas sexuales de riesgo, la ingesta de alcohol, la excitación de la velocidad (motorizada) o el recurso a la violencia.

Se ha hablado mucho de la inteligencia emocional que es un campo paralelo al de la autorregulación y las funciones ejecutivas. Sin embargo cada vez se habla más directo de estos asuntos tan importantes y hablar (investigar)  de autorregulación y funciones ejecutivas es un paso acertado. 

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